LAS BOLEADORAS

Las primitivas boleadoras utilizadas por los aborígenes tehuelches y patagones, fueron en las manos del gaucho, un arma formidable y una muy útil herramienta para la caza y el derribo de animales. Las hubo hasta de marfil adornado con guarniciones de plata y oro, con retobos calados y calzadas con plata.

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Las primeras que comenzaron a usarse eran de una sola bola: una piedra redonda provista de un surco que la circunvalaba, por donde se la ceñía con un largo tiento de aproximadamente un metro de largo. Se la conocía como “bola loca” y lanzándola con fuerza, se lograba llegar a gran distancia para golpear al objetivo. Manteniendola aferrada con uno de sus pies, los aborígenes la usaban como mortífera arma de combate cuerpo a cuerpo.

Luego llegaron las de dos o tres bolas de piedra forradas con cuero fresco sin curtir y sujetas por ramales de cuero retorcido o tientos trenzados, de unos dos metros de longitud cada uno. Nuestro hombre de campo las llamaba “las tres Marías” y le servían como arma o para bolear (derribar) potros chúcaros y vacunos. Unas veces las llevaba atadas a la cintura mediante un nudo que permitía desatarlas al más leve tirón y otras atadas en la cabecera de los bastos. Las boleadoras de dos bolas, mucho más livianas, las usaban para cazar ñanduces, gamos y guanacos, y las llamaban “ñanduceras”. Cuando salían a cazar, llevaban varios pares sujetas a la cintura o en bandolera y otras, bajo el pellón de su recado.

Parece probable que las boleadoras hayan ingresado con el hombre americano, desde el Norte de Asia y que la honda de los Incas, usada para la guerra, así como la de los aztecas (Tematlatl), haya sido un derivado de la maza de volea y de la bola perdida.  Que la usasen los esquimales (Inuit) ya nos habla de un ámbito geográfico bien distante al nuestro, no obstante hay registros en el Sur de Chile de 10.000 años a.C. De lo que no quedan dudas, es de que antes del ingreso del caballo, las usadas para cazar llamas, guanacos, ñanduces eran  menor tamaño (.http://viajes.elpais.com.uy/2016/11/29/boleando-la-historia/)

Sin olvidarnos los innumerables casos de conquistadores españoles que fueron boleados y muertos por los aborígenes, recordemos un hecho en el que las boleadoras trajeron graves consecuencias para nuestra Historia. Ocurrió el 10 de mayo de 1831, cuando el General PAZ, Gobernador de la provincia de Córdoba, cayó risionero en manos de ESTANISLAO LÓPEZ, luego de que su caballo fuera boleado en Villa Concepción del Tío (noroeste de la provincia de Córdoba), por un tal CEBALLOS, perteneciente a las montoneras de los hermanos Reynafé (ver Una boleada histórica).

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