LA TROPILLA

Muy pobre tenía que ser un gaucho para no poseer, al menos, una tropilla de caballos y mejor si todos eran de un “mismo pelo”, es decir de semejantes características morfológicas e igual pelaje y color. Puros, alazanes o tordillos; bayos, zainos o doradillos, todos del mismo color eran el orgullo del hombre de campo de tener “una tropilla de un solo pelo”.

Los animales que forman una tropilla, deben estar acostumbrados a agruparse alrededor de la «yegüa madrina» y a no dispararse cuando van a ser tomados. Se los adiestra para que aprendan a rondar al lado de la «madrina» y a dar el frente cuando vayan a ser tomados, con lo que se evita el riesgo de recibir una patada.

Recordemos que la «yegüa madrina» es un animal especialmente adiestrado para que se constituya en la líder de la tropilla a los efectos de que la misma permanezca siempre reunida a su alrededor y la sigan a cualquier lado que vaya. Es común que esta «madrina» lleve colgada de su pescuezo una campanilla o cencerro, que servirá al principio,  para instalar en la memoria de los demás integrantes de la tropilla, que al escuchar ese sonido, deben reunirse con la «madrina» y luego, para que el mismo sirva como guía en la marcha. Para conseguir esto, se los manea de las manos y se los estaciona alrededor de la «madrina», para que vayan acostumbrándose a permanecer al lado del sonido del cencerro (ver Voces, usos y costumbres del campo argentino).

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.