LAS MANEAS

Las maneas, eran un ingenioso recurso que le servía al gaucho y que hoy aún utiliza nuestra gente de campo, para atar “las manos” (las patas delanteras) de su caballo, con el objeto de que éste no se escape durante su descanso nocturno, cuando deba dejarlo suelto para que pastoree, o simplemente para inmovilizarlo.

Estas maneas son hoy de cuero, pero antiguamente eran de hierro (como una especie de grillos, de esos que se usaban para impedir la fuga de los delincuentes), porque existían muchos zorros hambrientos, que en su desesperación, se animaban a comer esas maneas de cuero, aún estando puestas en las patas de un caballo, que viéndose libre de su atadura, huía y dejaba de a pié a su jinete. Cosa que algunas veces le costó la vida a algún gaucho, porque “quedarse de a pie”, en esas inmensidades, sin agua y con la indiada y los matreros al acecho, eran una segura condena a muerte (ver Voces, usos y costumbres del campo argentino).

Las maneas son dos abrazaderas, unidas por un ramal corto, para que colocadas en ambas manos (patas delanteras) del animal, le impidan avanzar, a menos que lo hagan con pasos muy cortos o saltando, lo que les resulta muy incómodo, pero no les impide pastar o pacer. Había y aún hoy, hay muchas formas de manear un animal.

Estaban las “maneas de botones” (A) y las “de argolla” (B), ambas confeccionadas con cuero. Las maneas “de santero” (D), que se cerraba con llave y eran usadas por los “mercachifles (mercaderes ambulantes) que recorrían la campaña vendiendo baratijas y “parejeros, que de esta forma se protegían del gaucho ladrón, siempre codicioso de hacerse de un animal veloz, descuidadamente dejado por su dueño. La “manea redonda” (E), fabricada con un largo tiento, similar a un “cinchón” que sujetaba desde los garrones hasta las manos, impidiendo que el animal diera coces y manotones, mientras se le curaba alguna matadura “abichada” o la más corta que era la más usada para montar sin ayuda, un animal redomón o “chúcaro”. La “manea desprendedora” (F), que era usada para montar animales muy ariscos o “mañeros”: se la colocaba en las manos y se desprendía estando el jinete ya montado, dando un simple tirón.

Para los caballos “punteadores”, acostumbrados a disparar en la punta de las manadas, el gaucho usó la “manea rodadora” (G). Consistía en unas guascas de más de medio metro que se ataban a las patas del caballo, que al correr y pisarlas, rodaba, tomando tal miedo, que se curaba de la maña.

Terminamos el tema recordando que para no quedar de a pie en esos desiertos que eran la pampa de entonces, el gaucho que cabalgaba con su tropilla la llevaba “bien entablada” y “amadrinada” (1) y cuando se echaba a descansar en la noche, recurría a “trabar la yegua”, es decir que le ataba la mano derecha con la pata izquierda (H) mediante un cuero crudo bien sobado con una presilla en cada extremo. Así la “yegua madrina” no se podía escapar y el resto de la tropilla, permanecía tranquila su rededor.

Pero como el gaucho, era un viajero incansable de la inmensa pampa, con el caballo como única compañía y medio de supervivencia, debió ingeniarse para no quedar “de a pie” tampoco en esa circunstancias. Así que utilizaba “el atador” (XXX). Era una guasca de más de 10 metros de largo, uno de cuyos extremos asía junto con las riendas, arrastrando el resto cuan largo era permitiendo así que en una súbita rodada, se le pudiera asir de un manotón y evitar el siempre temido riesgo de quedar de a pie.

(1).. Entablada quiere decir y “amadrinada” quiere decir acostumbrada a permanecer siempre junto a la “yegua madrina”

2 Comentarios

  1. María teresa

    Desconocia. Tuve que buscar para un trabajo de mi estudio, profesorado folklore, y me fue sumamente util

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  2. Luis

    Llegue acá porque estoy leyendo el libro «El general, el pintor y la dama» de María Esther de Miguel, y en una parte cuenta que luego de la batalla de Pago Largo, al general Genaro Berón de Astrada le arrancaron la piel de la espalda para hacer una manea. No sabía que era, y acá me desasné. Gracias.

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