LA MANEA

La manea era y es aún, el arbitrio que  nuestra gente de campo utiliza para evitar que su caballo se aleje del lugar donde ha sido liberado de su control, una vez desmontado.

Es una pieza compuesta por dos abrazaderas de cuero, con un ojal y botón en cada una, unidas por un ramal corto, para que colocadas en ambas manos (patas delanteras) del animal, le impidan avanzar, a menos que lo hagan con pasos muy cortos o saltando, lo que les resulta muy incómodo, pero no les impide pastar o pacer. Esta manea, tenía una variante que la hacía muy práctica. Era la «manea desprendedora», que se podía destrabar, dando un simple tirón,  estando ya montado el jinete (imagen A). Otra manea era la llamada «manea redonda», , que sujetaba desde los garrones hasta las manos, impidiendo que el animal diera coces y manotones, pero permitiendo su desplazamiento (imagen B).

Estas maneas son hoy de cuero, pero antiguamente eran de hierro (como una especie de grillos, de esos que se usaban para impedir la fuga de los delincuentes), porque existían muchos zorros hambrientos, que en su desesperación, se animaban a comer esas maneas de cuero, aún estando puestas en las patas de un caballo, que viéndose libre de su atadura, huía y dejaba de a pié a su jinete. Cosa que algunas veces le costó la vida a algún gaucho, porque “quedarse de a pie”, en esas inmensidades, sin agua y con la indiada y los matreros al acecho, eran una segura condena a muerte (ver Voces, usos y costumbres del campo argentino).

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