ESPAÑA NO SE RESIGNA A PERDER SUS COLONIAS EN AMÉRICA (22/05/1817))

Comienza a ponerse en práctica, la decisión adoptada en Madrid por el Consejo de Estado el 22 de mayo de 1817 y se dispone la formación de una expedición que deberá invadir Buenos Aires para reconquistar esa colonia, perdida luego de la Revolución de Mayo de 1810.

La idea no era nueva y estaba vinculada a la errática estrategia de las autoridades españolas respecto de sus antiguas colonias. Ya en 1811, ante la realidad de una serie de revoluciones triunfantes  en Buenos Aires y en otros puntos de América, el Consejo de Regencia de España  había dispuesto  la creación de una «Comisión de Reemplazos», que integrada por comerciantes de Cádiz, durante varios años sostuvo financieramente las distintas expediciones que se enviaron a este continente para reconquistar estos territorios.

Esta Comisión,  había hecho posible que en 1812 fueran mandados unos 5.700 soldados a Veracruz, Santa Marta, Maracaibo y Montevideo. Que en 1813 se trasladaran hacia esos territorios casi 9.000 soldados, de los cuales 3.500 pasaron a Montevideo. En 1814 apenas se enviaron un centenar de soldados a Lima y al año siguiente, 1815 —y siempre con el apoyo monetario de los mercaderes gaditanos— pasaron a América casi 20.000 soldados, de los cuales más de 12.000 correspondieron a la expedición de MORILLO a Caracas (Venezuela). Conviene señalar que la «Comisión de Reemplazos» estaba convencida que el ejército de MORILLO tenía como destino final Buenos Aires y sus miembros fueron los primeros sorprendidos cuando se enteraron que su destino era Venezuela. En 1816 fueron unos 5.000 los soldados enviados a América y en 1817, finalmente, los envíos alcanzaron a poco más de 4.500 hombres.

El esfuerzo económico y militar que le significaron  a la antigua metrópoli estas expediciones,  no se correspondieron con los resultados y fue natural entonces , que el monarca español, viendo la inutilidad de sus esfuerzos, haya intentado replantear la estrategia contrarrevolucionaria. Comenzó realizando una amplia consulta a distintas personalidades españolas, cuyas respuestas formaron un  frondoso expediente donde se analizaron diversos escenarios, posibilidades y consecuencias políticas y militares vinculadas con la situación y el rey de España tomó conciencia que la reconquista de los antiguos dominios de sus antepasados,  dependía de la disponibilidad de los medios económicos necesarios para poner en marcha un aparato bélico que asegurara el éxito.

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Pero como FERNANDO VII (imagen adjunta), no tenía dinero ni crédito y los comerciantes de Cádiz estaban ya en la misma situación de bancarrota y se mostraron poco dispuestos a arriesgar más dinero, confió en la mediación británica, el logro de su proyecto. Pero el gabinete de Saint James no desea intervenir en una lucha donde  las simpatías del público y los intereses de sus comerciantes estaba de parte de los insurgentes y por otra parte, la apertura del comercio libre, ofrecida por el rey español para interesar a Gran Bretaña en la mediación, ya estaba en marcha y era un hecho irreversible, de modo que nada ganarían los ingleses con semejante compromiso.

Fernando se dirigió entonces hacia otras potencias europeas para lograr su mediación, pero éstas se mostraron indiferentes al ofrecimiento español y ni siquiera invitaron al gobierno de Madrid a un cónclave que se iba a realizar durante ese otoño en Aquisgrán (1). Sin embargo, España insistía en sus planes y en un momento, el  zar de Rusia pareció  dispuesto a dar una ayuda sustancial al monarca hispano, contando para ello con el nunca desmentido coraje ibérico, pero también esa posibilidad se esfumó como las otras.

En resumen, después de ocho años de revolución en América, las autoridades es­pañolas advirtieron  que deberían arreglarse solas, aceptando finalmente la opinión  del Secretario de Estado JOSÉ GARCÍA DE LEÓN Y PIZARRO, quien,  desde hacía ya varios meses, venía advirtiendo sobre lo grave de la situación e insistiendo en que se debería poner en pie  una gran expedición que pudiera sofocar el germen nacido con la revolucionario de Buenos Aires.

Y esto fue, finalmente, lo que se decidió en mayo de 1818, aunque nadie supo explicar cómo se haría:  con qué medios se contará, en qué buques se hara el transporte ni de donde saldrán los efectivos que se deberán enviar. El malestar del pueblo español por la política absolutista de FERNANDO VII, la corrupción que manchaba a  las altas esferas del gobierno y la ineficacia de su política con América,  no presagiaban un buen éxito a semejante esfuerzo. Era “vox populi” por otra parte, que tanto las actividades de la ‘»Comisión de Reemplazos» como las expediciones enviadas a América fueron, en muchos casos, oportunidades para suculentos negociados por parte de comerciantes, transportistas y proveedores y estas son las más importantes objeciones que encuentra el proyecto.

En 1818, España, nuevamente había quedado sola  para llevar a cabo sus aspiraciones de reconquista y volvió a recurrir al empleo de la fuerza para doblegar las insurgencias que se habían producído en América. Pero sus intenciones pronto comenzaron a verse frustradas cuando en julio de 1821, en medio de un trágico baño de sangre, cayeron las Fortalezas del Callao y el General JOSÉ DE SAN MARTÍN, proclamara la Independencia de Perú y definitivamente sepultadas cuando en enero de 1826, el Comandante JOSÉ RAMÓN RODIL Y CAMPILLO, rindiera esos reductos que habían sido retomados por España y el archipiélago de Chiloé fuera incorporado a la soberanía de Chile. Son arriadas así las últimas banderas de España que ondeaban dominando las tierras de Sudamérica.

(1) El Congreso de Aquisgran, también denominado de Aix-la-Chapelle (topónimo en francés de Aquisgrán) fue una reunión diplomática de alto nivel celebrada en la ciudad del mismo nombre entre el 1º de octubre y el 15 de noviembre de 1818 entre Francia y las cuatro naciones victoriosas de las Guerras napoleónicas (Gran Bretaña, Austria, Prusia y Rusia,  que formaban la Cuádrule Alianza, cuya finalidad era garantizar el mantenimiento del orden absolutista y reprimir cualquier intento de alterar la situación política de la Europa de la Restauración (Wikipedia).

Texto redactado con información extraída de un artículo publicado en la “Gaceta de la Historia”. Ed. Fundación del hombre, Buenos Aires, 2002.

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