EL “TRISMUS” DESALIENTA LOS BAUTISMOS (1813)

Según el Protomedicato que ejercía la autoridad en materia de salud en las Provincias Unidas del Río de la Plata, bautizar antes del octavo día de nacimiento, era, además de un error médicamente pernicioso, “algo degradante a la religión del estado, pues condenaba a muerte a muchos inocentes”.

La razón “científica” que se daba, hacía referencia a que, “siendo el “espasmo” un mal endémico en nuestro clima, según lo demuestran las frecuentes víctimas de este mal, que por la más ligera herida, son conducidas al sepulcro dolorosamente, es posible que por verter sobre su delicado cerebro un chorro de agua fría, que por lo común está depositada en recipientes de piedra, colocados en el ángulo más sombrío de los templos, les sobrevenga la muerte.

Hoy sabemos que lo que entonces se llamaba “espasmo”, era efectivamente el “tétanos”, cuyo período de incubación es de siete días, razón por lo que se lo conocía en todo el mundo como “El mal del séptimo día”. Probablemente el chorro de agua fría en un niño que ya portaba la bacteria del tétanos, desencadenaba al igual que cualquier otro estímulo externo, las características convulsiones tónico-clónicas o la contracción de los músculos maseteros que producen el “trismus”. De todos modos, la Asamblea siguió los consejos de Protomedicato y prohibió los bautismos con agua fría.

(1). La palabra “trismus” proviene del griego trismos, que significa «rechinamiento» o «crujido». Médicamente, describe la contracción involuntaria, dolorosa y permanente de los músculos de la mandíbula (especialmente los maseteros), lo que impide abrir la boca para respirar.

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