EL TELÉGRAFO MERCANTIL (01/04/1801)

El 1º de abril de 1801, poniendo en marcha un proyecto del doctor MANUEL BELGRANO, Secretario del Consulado de Comercio y del virrey AVILÉS, FRANCISCO CABELLO Y MESA, comenzó a publicar en Buenos Aires el Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata.

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El 26 de octubre de 1800, el coronel, abogado y publicista español, residente en Buenos Aires, don FRANCISCO ANTONIO CABELLO Y MESA se dirigió al virrey del Río de la Plata, GABRIEL DE AVILÉS Y FIERRO, solicitando licencia exclusiva para editar un periódico , para “dar una idea del comercio del virreinato, la producción de su suelo y tratar el comercio marítimo y terrestre, la historia y la topografía de la provincias”, expresando entre entre otros argumentos que “… Establecido en Buenos Aires, mi periódico la despertará de su soporación, removerá sus genios sublimes, los hará diligentes benéficos y animosos”. Agregando “Escribiré sobre virreyes y gobernadores y no habrá ciencia, arte y mecanismo de que no se hable en mi periódico”.

La concesión le fue concedida el 6 de noviembre de 1800 (ver Primer intento de censura al periodismo) y finalmente, el 1º de abril de 1801 apareció su periódico.  Impreso en la “Real Imprenta de Niños Expósitos”, fue el primer periódico que se publicó en la Argentina. Era en realidad una especie de cuadernillo de 21×15 centímetros de 8 páginas, que aparecía los miércoles y sábados, salvo en su última etapa, cuando ya claudicante, aparecía sólo los domingos. El último número apareció 17 de octubre de 1802, luego de haber publicado 110 números, más algunos suplementos y números extraordinarios, luchando permanentemente contra las autoridades virreinales que a toda costa querían imponer sus criterios acerca de qué y cómo debía publicarse.

CABELLO Y MESA no era por cierto alguien que se destacara por sus habilidades periodísticas, pero tuvo la inteligencia de convocar para que escribieran en su periódico a numerosos personajes que sí lo eran: el dean GREGORIO FUNES, MANUEL MEDRANO, JOSÉ JOAQUÍN ARAUJO,  MANUEL BELGRANO, JUAN JOSÉ CASTELLI, PEDRO ANTONIO CERVIÑO, JULIÁN DE LEIVA, LUIS JOSÉ DE CHORROARÍN, COSME ARGERICH y muchos otros, encontraron también un lugar en el periódico para difundir sus ideas y creaciones y fueron ellos,  los que con sus escritos y su rechazo a la censura, sembraron los cimientos de la vocación independentista del periodismo argentino.

En el Telégrafo (como  se lo llamaba), el poeta MANUEL LABARDÉN publicó su famosa «Oda al Paraná» y sus páginas fueron las que sirvieron para que el primer fabulista argentino, DOMINGO DE AZCUÉNAGA, publicara sus fábulas, entre las que se destacaron «El toro, el oso y el loro», el «mono enfermo» y «El comerciante y la cotorra». THADDEUS PEREGRINUS HAENKE publicó numerosos artículos acerca de sus viajes y el jurista, periodista y poeta porteño DOMINGO DE AZCUÉNAGA, colaboró con algunos escritos.

El periódico de CABELLO Y MESA también fue el primero en ocuparse de difundir información meteorológica, anunciando el clima que se esperaba sobre Buenos Aires y la salida y entrada de barcos del puerto. Fue el primero en dar noticias del exterior, el primero en publicar un aviso publicitario y hasta se dio el lujo de ser el vocero del primer invento argentino (ver «Primer invento argentino).

Las páginas del “Telégrafo” fueron escuela y tribuna. Un espacio de expresión para los jóvenes ilustrados de la época, donde también se daba lugar a la poesía, las notas de color, la información general y las que quizás importaban más: al comercio de los territorios del virreinato. Por ejemplo, según el Telégrafo Mercantil del 11 de octubre de 1801, en la zona del bañado de Quilmes, se podían cazar vizcachas, venados, zorros, zorrillos, nutrias (muy abundantes en las costas y arroyos del Riachuelo), perros cimarrones (cuyos cueros sirven para hacer botas), cisnes, perdices y gaviotas por sus plumas.

Casi dos años después de su fundación, comenzaron a aparecer dificultades de carácter económico y eso, sumado a las diferencias, que se presentaban casi a diario, con las autoriades virreinales, molestas  por el estilo desenfadado de las sátiras y críticas de costumbres, el tenor de sus escritos y las tímidas críticas que ellos expresaban, fue provocando una lenta declinación del periódico, hasta que en su edición número 110 en una de sus picantes editoriales se anímó a decir que «Buenos Aires era el mejor lugar para fomentar la haraganería y la ociosidad de las mujeres, amigas de la vagancia y el lujo» . Se refería así a que era tal la abundancia de mujeres,  que «sólo una treintena de ellas, son las que logran casarse dejando al resto en un forzado perpetuo celibato, o se corrompen», pero algo de este comentario pareció herir la suceptibilidad del virrey DEL PINO, porque creyendo éste,  ser aludido y criticado su gobierno, ordenó la clausura del periódico.

La clausura
Y así fue, que a pesar del éxito que tenía “El Telégrafo”, quizás porque su popularidad y  la repercusión que lograban sus artículos, molestaba a ciertos intereses, el virrey DEL PINO, argumentando que lo hacía porque “contenía notas de mal gusto”,  el 17 de octubre de 1802, cuando estaba por salir el número 111, dispuso la clausura definitiva de de El Telégrafo a raíz de la publicación de un artículo “que afectaba la imagen real”  Y vaya a saberse cuál fue en realidad, lo que provocó esta decisión.

Para algunos autores parece ser, que el virrey lo hizo porque según él, el editor “evidenciaba poca pericia en la elección de los materiales” y eso era porque “El Telégrafo” había iniciado la publicación de las primeras notas inspiradas en los filósofos de la Ilustración que alentaban el anticolonialismo y la aparición de las repúblicas. Temas no gratos a los intereses de la corona española en América. Otros autores dicen que la clausura se produjo a raíz de que al haberse publicado un artículo en el que pedía se hiciese “un censo de solteros americanos y españoles para casarlos y enviarlos a poblar la Patagonia”. Inspiraba la nota la ociosidad que, según el periódico: “distinguía a Buenos Aires de las demás ciudades del mundo” y la “existencia de gran cantidad de mujeres haraganas y derrochonas.

Pionero del periodismo argentino
La aparición del “Telégrafo” marcó el nacimiento del periodismo argentino, aunque el juicio histórico le ha dado escaso relieve a este hecho, quizás por las limitaciones exhibidas por su editor en el desempeño de ese cargo. «Por eso es que,  aunque el 1o de abril de 1801 es la fecha del formal nacimiento del periodismo argentino, éste es un dato simplemente anecdótico, al que, aunque se le reconoce significación, se le da poca relevancia y escaso relieve.

 El juicio histórico ha sido un tanto avaro con ese periódico y con su fundador, editor y propietario, pues el Día del Periodista se celebra el 7 de junio, por la aparición, en 1810, de la Gaceta de Buenos Ayres, que es nuestro periódico emblemático y no el 1º de abril como sería lo lógico, en tanto que la condición de protoperiodista vernáculo, suele recaer en HIPÓLITO VIEYTES, que en 1802 lanzó el Semanario de Literatura, Industria y Comercio y no en CABELLO Y MESA, como también sería lo lógico..

La razón de estas dos incongruencias, parece ser que al cabo de los años, VIEYTES fue un prócer de la patria y su predecesor -trashumante, forastero, voluble, a menudo desleal competidor,  quedó en figura curiosa y pequeña para la Historia. Sin embargo, no es poco lo que se le debe al Telégrafo y, por vía indirecta, a su factótum, al que los contemporáneos llamaban, con sorna, «el telegrafista». JUAN MARÍA GUTIÉRREZ conviene en que «a pesar de la incompetencia del editor y de los grandes defectos de que se resiente el Telégra­fo, es preciso confesar que su aparición señala una época de progreso y que despertando la curiosidad por la lectura y la ambición natural de producir para la prensa, dio un impulso visible a los espíritus y a las ideas” (dixit Fernández Sánchez Zinny)

Para comprender la intervención de MANUEL BELGRANO en este proyecto, no hay que olvidar que siendo Secretario del Real Consulado porteño, el futuro creador de la Bandera, ordenó la suscripción de varias publicaciones extranjeras, entre ellas el “Almanak Mercantil” (de Alemania), “El Correo Mercantil” y el «Semanario de Agricultura», estas dos últimas españolas, todas ellas además, con denominaciones que probablemente inspiraron el título del Telégrafo editado en Buenos Aires.

 (Invitamos a entrar en “El Telégrafo Mercantil”, la página “1 de abril de 1801. Aparece el Telégrafo Mercantil. Noticias del Sur TDF”, donde el historiador Armando Alonso Piñeiro desarrolla el tema dando interesantes informaciones).

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