EL TANGO “LA MOROCHA” (24/12/1905)

Comienza a escucharse un nuevo tango en los salones y “piringundines” porteños. ENRIQUE SABORIDO estrena “LA MOROCHA”, un tango al que ÁNGEL VILLOLDO le puso letra. Saborido, bailarín y pianista, “taita” de la noche porteña, lo compuso en una fiesta de Nochebuena que se realizó en el “Bar Reconquista” de un tal Ronchetti, que estaba en la esquina de Lavalle y Reconquista de la ciudad de Buenos Aires.

Según el relato, más o menos mítico, en la madrugada del 25, acodado en el estaño de “la Ronchetti”, donde actuaba por ese tiempo una hermosa bailarina uruguaya que se llamaba LOLA CANDALES, se encontraba el compositor ENRIQUE SABORIDO, que ajeno a todo lo que lo rodeaba, dejaba pasar las horas, esperando. Hasta que LOLA subió al escenario y sólo tuvo ojos para contemplarla. Dicen que fue tal la atención que le prestaba a esa hermosa bailarina que sus amigos, lo instaron a que le compusiera un tango, para ver si así la podía conquistar. SABORIDO aceptó la idea y esa misma noche compuso la melodía y con las primeras luces del nuevo día,  corrió a la casa de su amigo ÁNGEL VILLOLDO y le pidió que le pusiera letra al tango que había escrito

Había nacido el tango la Morocha”. Fue estrenado en el mismo bar y confitería de Ronchetti  por la misma Lola Candales, y con tanto éxito que tuvo que repetirlo ocho veces. Al año siguiente se imprimió y esta partitura, entró en todos los salones porteños, donde el piano comenzaba a introducir el tango, hasta ese entonces, considerado una música prostibularia.

Se dice que un tripulante de la «Fragata Sarmiento», en su recorrida por los mares del mundo, dejó en algún puerto europeo algunos ejemplares de la partitura de «La morocha» y el suceso de Buenos Aires, pronto comenzó a repetirse en París, donde se animan a difundir “La morocha” y otros tangos rioplatenses, a pesar de que las autoridades eclesiásticas de esa ciudad los considera inmorales. En el Vaticano, el Papa Pío X preside la Santa Congregación de la Disciplina de los Sacramentos para declararlo «baile inmoral y mal visto por las buenas familias de su país de origen».

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