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EL DESPERTAR DE LAS LETRAS Y LAS ARTES EN LA ARGENTINA SIGLO XX
La década de 1900 con la que se inicia el siglo XX, es en Buenos Aires el despertar de una fecunda época de actividades literarias y artísticas en las que se refleja a menudo la problemática social del país y sus más urgentes inquietudes espirituales.
Tres entidades de fundamental influencia en este campo de la cultura, aparecen en el horizonte de una Argentina, todavía sin rumbo definido en la búsqueda de su identidad nacional: En 1905 nace la “Academia Nacional de Bellas Artes”, promovida por el ministro JOAQUÍN V. GONZÁLEZ. En 1907 se funda el «Grupo Nexus”, liderado por Pío Collivadino e integrado por figuras dispares pero artistas igualmente importantes de la talla de MALHARRO, FADER, COLLIVADINO,RIPAMONTE, CESÁREO BERNARDO DE QUIRÓS, ALBERTO ROSSI y JUSTO LYNCH., una asociación fundamental de artistas argentinos que buscó crear un arte nacional auténtico, influenciado por el impresionismo y el paisajismo europeo pero enfocado en la temática local y el 11 de setiembre de 1910, en el domicilio particular de ENRIQUE GARCÍA VELLOSO, surge la “Sociedad Argentina de Autores Dramáticos”, una asociación civil de gestión colectiva de derechos de autor, con carácter mutual y profesional, integrada por autores argentinos de Teatro, que a partir de 1934, pasará a llamarse “Sociedad General de Autores de la Argentina” (Argentores) que agrupará a autores argentinos de Teatro dramaturgos, coreógrafos y músicos), cine, televisión, radio y de todas las plataformas audiovisuales.
La novela, en este período, asume esa realidad en obras como “Las novelas argentinas”, de CARLOS MARÍA OCANTOS, “Pequeñas miserias” (1900), “Don Perfecto” (1902) y “Nebulosa” (1904), “Pago Chico” (1908) y “Divertidas aventuras de un nieto de Juan Moreira” (1910), de ROBERTO J. PAYRÓ.
Pero más que en el relato, la realidad social, comienza a ser reflejada en el Teatro de FLORENCIO SÁNCHEZ, ALBERTO GHIRALDO y el ya nombrado PAYRÓ. En 1904, el actor JERÓNIMO PODESTÁ estrena “Canillita” de FLORENCIO SÁNCHEZ y el 18 de julio de 1905, es puesta en escena, la obra “Marcos Severi” de PAYRÓ, que tiene como protagonista a un operario de imprenta inmigrante, que se halla en dificultades en un medio que le resulta hostil.
En 1906, aparece “El conventillo”, de FLORENCIO SÁNCHEZ y triunfa la obra “ALMA GAUCHA” de GHIRALDO, llevada a escena por PABLO PODESTÁ, pero “las patotas bravas” de esa época, formadas por jóvenes de elevada condición social, disconformes con el mensaje que trasmite, amenazan a la compañía y su Director, ATILIO STUPPARO, tiene que trabajar con un revólver al cinto, pero eso no evita que triunfaran con gran suceso otras piezas teatrales de esa época, como “La piedra del escándalo” (1902), de MARTÍN CORONADO, “Jettatore” (1904) de GREGORIO DE LAFERRERE y “Sobre las ruinas» (1904), de PAYRÓ
Y el estallido literario, no excluyó de su avasallante marcha, algunos de los libros de poesías que también asumen el papel de denunciantes de los problemas sociales que afectan a esa época. Comienzan a editarse con grandes tiradas, obras como “Música prohibida (1904) y “Triunfos nuevos” de GHIRALDO, mientras que la poesía lírica alcanza gran jerarquía en los libros de LEOPOLDO LUGONES: “Los crepúsculos del jardín” (1905), “Lunario sentimental” (1909) y “Odas seculares” (1910) y en las obras de ENRIQUE BANCHS: “Las barcas” (1907, “El libro de los elogios”(1908) y «El cascabel del halcón” (1909).
Nuevas Revistas se suman a esta excitante necesidad de denunciar algo que se estaba convirtiendo en una realidad cotidiana y MANUEL GÁLVEZ y RICARDO OLIVERA se asocian y en 1903, lanzan “Ideas” cuyas editoriales tenían la virtud de encender los corazones de los porteños. A ellos lo siguió el binomio ALFREDO BIANCHI, ROBERTO F. GIUSTI que en 1907, comienzan a editar la Revista “Nosotros”, y ALBERTO GHIRALDO que se empeña totalmente, para lanzar la Revista “Figuras” en 1909.
No podía quedar ajeno a este movimiento de “mea culpa”, el nuevo arte que nacía en el mundo: la cinematografía había llegado y en la Argentina lo hizo en 1908, con las imágenes del film “El fusilamiento de Dorrego” proyectadas ante los asombrados ojos de un público maravillado. Pronto LEOPOLDO LUGONES se sumó a esta nueva expresión del arte y permitió que dos de sus libros, “El imperio jesuítico” y “La guerra gaucha” sean llevados a la pantalla.
Y la pintura !!. También las artes plásticas comenzaron a rever sus posturas costumbristas y los gritos del impresionismo y la denuncia social, comienzan a hacerse sentir, inspirados en la obra de ERNESTO DE LA CÁRCOVA “Sin pan y sin trabajo” (1894), una tela cuya temática había sido muy apreciada por el anarquismo. FAUSTINO E. BRUGHETTI y MARTÍN MALHARRO luchan con la Academia y sorprenden con sus telas impresionistas. Los siguen WALTER DE NAVAZIO y FERNADO FADER, mientras PÍO COLLIVADINO y EDUARDO SÍVORI hace lo suyo, pintando denunciantes figuras humanas.
En cuanto al pensamiento nacional comienzan a aparecer ensayos que reflejan la inquietud de quienes advierten que el rumbo incierto que ha caracterizado a la Argentina hasta esa época, no ha permitido aceptar las realidades de su Historia, definir su estructura productiva ni crear instituciones aptas para garantizar un eficaz manejo de los problemas que acarrea la política inmigratoria vigente . En 1909 aparece “La Restauración Nacionalista” de RICARDO ROJAS, obra en la que plantea la necesidad de una educación adecuada para el inmigrante. En el campo de la Historia, DEMIDIO T. GONZÁLEZ en Rosario, publica “El hombre, reivindicación histórica de don Juan Manuel de Rosas” y más tarde, ADOLFO SALDÍAS publica dos libros de singular importancia: “La evolución republicana durante la revolución argentina” (1906) y “Un siglo de Instituciones” (1910).