EL CAP TRAFALGAR EN LA ARGENTINA (16/09/1914)

El 16 de setiembre de 1914 atracó en el Puerto de Buenos Aires el buque mercante alemán “Eleonore Woermann”. Traía la tripulación del buque alemán Cap. Trafalgar” que el 14 de setiembre de 1914, había sido hundido por un crucero inglés, el navío británico RMS Carmania, en una batalla naval que se libró frente a las costas de Brasil, cerca de la isla Trinidad, en el marco de la Primera Guerra Mundial. Un destino irónico, porque su verdugo fue un barco que utilizó sus mismos disfraces y engaños para confundir al enemigo.

El SMS Cap Trafalgar era un transatlántico de lujo construido en Hamburgo en 1913. Con una eslora de 187 metros y una capacidad para casi 1.600 pasajeros, era uno de los buques más grandes y lujosos que operaban en la ruta a Sudamérica, con piscina, invernadero y lujosos salones, que cuando estalló la guerra estaba en Buenos Aires. Fue requisado, enviado a Alemania y convertido en un crucero auxiliar de la Armada alemana, para destinarlo al combate.

Para engañar al enemigo, se le retiró una de sus chimeneas y las otras se pintaron de rojo con tapas negras, para que imitara la apariencia del transatlántico británico RMS Carmania.

En su primer combate, el 14 de setiembre de 1914, se enfrentó con el HMS “Carmania y luego de dos horas de combate fue hundido. Su tripulación, unos 300 hombres, fue rescatada por el buque alemán “Eleonore Woermann” y trasladados a Buenos Aires y la mayoría de ellos fueron internados en la isla de Martín García debido a las leyes de neutralidad.

Lo que sigue es un extracto de una nota de Agustín Daniel Desiderato, publicada en internet en la página “Navegando por aguas turbulentas” con el título “Los buques alemanes y austrohúngaros internados y refugiados en la Argentina durante la Primera Guerra Mundial.

“Al llegar, los náufragos fueron recibidos con bandas de música que ejecutaron marchas y canciones patrióticas. Más de mil súbditos alemanes se acercaron a la dársena del puerto para saludar y aplaudir a sus compatriotas. Cumpliendo con lo establecido por la Segunda Conferencia de La Haya, de 1907, los heridos –algunos de ellos muy graves, con fracturas y miembros amputados– recibieron atención médica en el Hospital Alemán, mientras que el resto de la tripulación fue internada en la isla Martín García”.

“Allí fueron alojados en galpones de la Armada Argentina, usaron ropas de marineros argentinos y recibieron dinero del agregado naval alemán en Buenos Aires, capitán August Möller. Eventualmente, a los oficiales de mayor graduación se le concedieron licencias para permanecer algún tiempo en la Capital, bajo palabra de honor de presentarse regularmente ante las autoridades de la Secretaría General del Ministerio de Marina y no fugarse”.

“Diariamente, en horas de la mañana y de la tarde, los marinos del Cap Trafalgar realizaban ejercicios militares, sin armas, al mando de sus superiores. En sus ratos libres, organizaban reuniones teatrales y bandas de música, o bien jugaban al fútbol, formando equipos contra los jóvenes conscriptos de la Marina argentina que se encontraban en Martín García cumpliendo parte de su servicio militar. Además, los internados también realizaban manualidades, como veleros en miniatura, salvavidas para adorno y pequeños barcos en botellas, que la colectividad alemana luego se encargaba de vender. La suma total de lo recaudado se transfería íntegramente a los internados. Las artesanías estaban hechas de “manera extremadamente artística”. Dentro de las botellas con barcos, podían observarse también pequeñas casas y “un paisaje ribereño ricamente cubierto de vegetación”.

“Los residentes alemanes en Buenos Aires organizaron colectas y donaciones para ayudar a los marinos del Cap Trafalgar a sobrellevar sus “largos días de cautiverio”. Se entregaron sumas de dinero, tabaco, cigarros, pipas, pelotas de fútbol, juegos de cartas, de damas y de ajedrez, además de cuchillos de bolsillo, revistas y libros. Además, miembros de la colectividad solían visitarlos con cierta frecuencia, para constatar que aquellos “valientes chicos” gozaran de “buena salud y buen ánimo”.

“No obstante, para algunos estas visitas no eran sino una “forma teatral” de organizar escapes, como el que ocurrió a principios de diciembre de 1914, cuando ocho hombres intercambiaron sus ropas por los uniformes de los internados y se quedaron en la isla, mientras los otros se volvían con el grupo de visitantes.

También se registraron otras evasiones., incluyendo una en la que los evadidos lograron abandonar la isla a nado, ayudándose con flotadores que habían hecho con latas vacías, otra, que realizaron aprovechando los permisos que se les concedían a los oficiales para dejar temporalmente la isla y no volvieron

“Cuando terminó la guerra, los internados fueron trasladados al Hotel de Inmigrantes, en la ciudad de Buenos Aires, luego de un pedido de la representación diplomática alemana, que denunciaba que el galpón de la isla Martín García que servía de alojamiento a los cautivos estaba en muy malas condiciones. Al parecer, el viento y la lluvia penetraban “casi sin impedimento alguno” en el edificio y había plaga de ratas. Las condiciones del establecimiento eran tan “malas y ruinosas” que incluso era de “temerse” un inminente derrumbe”.

“Una vez solucionado el problema del alojamiento, Argentina gestionó con las potencias aliadas el regreso de los tripulantes del Cap Trafalgar. Es difícil establecer algunas cifras con exactitud, debido a omisiones o contradicciones en la documentación, pero, puede afirmarse con cierta seguridad que, durante el internamiento, más de cien marinos se fugaron y otros cinco fallecieron. De los individuos restantes, cerca de un centenar regresó a Alemania a bordo de los buques holandeses “Gelria” y “Hollandia”, en septiembre y octubre de 1919, con pasajes costeados por la legación imperial alemana. Un pequeño grupo, en cambio, decidió quedarse en la Argentina y encontró allí su segunda patria.

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