DIARIO LA NACIÓN DE BUENOS AIRES (04/01/1870)

El 4 de enero de 1870, aparece en Buenos Aires, el primer número del diario La Nación y según su fundador, el general BARTOLOMÉ MITRE, su propósito al hacerlo, era editar un diario que sea “una tribuna de doctrina”, decisión que se ratificará luego a través de los años, exponiendo una inquebrantable vocación de servicio y una firme determinación de ser además del espejo  del acontecer del mundo, el portavoz de la palabra, el reclamo y el pensamiento de la ciudadanía.

MITRE, como muchos hombres de su tiempo, tenía una particular inclinación por el periodismo y la vocación periodística del político porteño se remontaba a su juventud. Había escrito, durante la época de la lucha contra Rosas, en los diarios El Iniciador, El Nacional y la Nueva Era, de Montevideo. Durante su permanencia en Chile fue redactor del “El Comercio de Valparaíso”, y director de “El Progreso”, de Santiago. Después de Caseros, y cuando su figura comenzó a descollar en la política argentina, prosiguió su actividad en los diarios “El soldado de la Ley”, “Los debates” y “El Nacional”, de Buenos Aires.

Pero según sus propias declaraciones, la fundación del diario se basó también en la necesidad de encontrar un medio de subsistencia. A fines de 1869, luego de terminar su período presidencial, decía en una carta enviada a un amigo: “Después de tantos años de trabajos, victorias y gobiernos, mi posición pecuniaria es la siguiente: durante cinco meses al año gozo sueldo de 78 pesos. No dirán que he sido un hombre público costoso para mi país”. Luego, en otra carta enviada el 28 de diciembre de 1869 a su amigo, el General WENCESLAO PAUNERO le decía: “El 1º de enero, como lo verá por los diarios, me hago decididamente impresor. Haré un remate de mis muebles de lujo y parte de mis libros, con algunos cuadros y curiosidades, que pesan en el bagaje de un trabajador, y con esto pagaré mis acciones en la empresa y quedaré a flote”.

Por aquellos años y desde 1862, JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZ editaba un diario que se llamaba “La Nación Argentina”, en cuyas páginas colaboró muchas veces el general MITRE, aunque sus notas no aparecían firmadas y en 1869, al terminar su período presidencial, MITRE decidió comprar ese diario. Con un grupo de amigos constituyó una Sociedad Anónima que integrada por AMBROSIO P. LEZICA, JUAN AGUSTÍN GARCÍA, CÁNDIDO GALVÁN, FRANCISCO y RUFINO DE ELIZALDE, JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZ, ADRIANO ROSSI, DELFÍN B. HUERGO, ANACRASIS LANÚSy el propio MITRE, comenzó a editar el nuevo diario que se llamará “La Nación”.. El capital de la sociedad era de 800.000 pesos, dividido en acciones de un valor de 25.000 pesos cada una y el general MITRE, en el momento de la fundación del diario, suscribió cuatro acciones, o sea 100.000 pesos y posteriormente fue adquiriendo todo el capital.

La nueva empresa periodística instaló sus oficinas, redacción y talleres gráficos en una vieja casa de San Martín 124, en la ciudad de Buenos Aires, propiedad de JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZ y así,  el día martes 4 de enero de 1870, nació este diario, editado en  su propia imprenta y cuyo primer número tuvo una tirada de 1.000 ejemplares. Tenía un formato “sábana” de 87 centímetros de alto por 61 de ancho y en su primera plana, pedía disculpas por la demora en salir, (no salió el primero de enero a las tres de la tarde como estaba anunciado, sino el 4 de enero a las tres de la tarde), lo que era debido, explicaba,  a los problemas que tiene toda empresa que se inicia (1).

Anunciaba que aparecería todos los días, menos los lunes y también informaba que el nombre de este diario, era sustituto del que lo había precedido y que el diario «La Nación»”, reemplazando al diario «La “Nación Argentina»”, bastaba como señal del cambio que se debía producir en el país:  para cerrar una época y señalar los nuevos horizontes del futuro. “La Nación Argentina», era un pasado de combate. «La Nación» será una tribuna de doctrina”A comienzos de mayo, el diario se trasladó a la casa de MITRE, donde actualmente se levanta el Museo que lleva su nombre. Quince años después, se mudó al nuevo edificio que se construyó junto a esa señorial casa, que albergó a una redacción de lujo: RUBÉN DARÍO, ROBERTO J. PAYRÓ, PAÚL GROUSSAC, SANTIAGO ESTRADA, entre otros.

Ya en marcha la nueva empresa periodística, la Sociedad Anónima “La Nación” quedó constituida legalmente el 15 de marzo de 1870 y sus Estatutos quedaron registrados en el Tribunal de Comercio. La Sociedad tenía como término el 15 de marzo de 1875, y si bien por un acuerdo formal de las partes, podía prorrogaba por un lustro más, no alcanzó el término fijado, pues el 13 de Octubre de 1879, los que para ese entonces eran los tenedores de todas las acciones: MITRE, LEZICA, LANÚS, RUFINO Y FRANCIO DE ELIZALDE, GARCÍA y ROSSI, resolvieron dar por terminada esa Sociedad, fundando otra que fue la que finalmente trascendió en el tiempo.

Actualmente, la fama del diario La Nación ha sobrepasado los límites de la República Argentina y de América toda. Ha adquirido contornos internacionales, por las valiosas colaboraciones de intelectuales extranjeros y del país, y por la fidelidad en las noticias que ofrece al público lector. El perfeccionamiento se extiende a los suplementos ilustrados, a la colaboración literaria y científica y a las notas de arte, lo mismo que a la presentación tipográfica y a los grabados. Toda esta vasta tarea se cumple sin perjuicio del comentario oportuno de los asuntos de actualidad.

(1).- Lo que pasó, fue que en esos días habían llegado a Buenos Aires los primeros contingentes de la Guardia Nacional que regresaban de la Guerra del Paraguay y los gráficos se sumaron a los festejos con que el pueblo recibió a los guerreros, lo que postergó la salida del diario, que finalmente se imprimió entre la noche del 3 y la madrugada del 4 (ver «Diarios, Periódicos y Revistas»).

 

1 Comentario

  1. Alberto G. Balcarce

    Estimados amigos y colegas, si me permiten llamarlos asi, siendo que yo también escribo, bueno, siempre he escrito, en periodicos argentinos y también en periódicos ingleses, vivo actualmente en el Canada, y soy novelista, escribo novelas en inglés, raro ¿verdad? y… estoy ya mucho mas de la mitad de mi vida en el extranjero, incluyeno Estados Unidos, España, Francia, Alemania y otros… Bueno, les aclaro que no estoy tratando de promocionarme, sino para que sepan que mi pregunta tiene asideros o fundamentos para hacer mi pregunta, y tal vez también hacerles una sugestión, sobre la libertad de prensa, lo que también encierra la libertad de lectura, de leer un periódico en el total de su contenido y sin estipular o exigir requisitos para que esto se pueda hacer. Si, mis estimados esto no ocurre en Europa, ni el el Norte de America, donde se puede leer cualquier periodico con solo poner el título del diario. Nada mas mis estimados y por favor no respondan con regulaciones estipuladas por el periòdico en si, o de lo contrario ignoren mi pregunta, como esta haciendo con el derecho sagrado de tener acceso a la educaciòn que brinda un periódico «al soberano», al pueblo y a esto «no hay vueltas que darles», como decimos en nuestra lengua. Nada mas mis estimados, fuera de desearles un buen día,ah,olvidé decirles que actualmente vivo en el Canadá y… soy escritor de ficción, lo que en si mismo es noticia y tal vez un honor para nuestro querido y vapuleado país. Si, y… es la primera vez que se me ocurre decirlo así, o hablar de mi como argentino en el extranjero, que ha pasado la mar de experiencia buenas y malas, pero logré sobreponerme y triumfar, siendo que me han publicado comercialmente dos libros escritos en ingles: «A long night of death» y «The journey», publicado por Mosaic Press, Oakville, Ontario, Canadà. Actualmente escribo nuevamente en la lengua cervantina, o castellana y he escrito o terminado ya dos novelas en nuestra lengua: «En el principio era invierno», 500 páginas y «El camino largo del regreso», 300 páginas, las que estoy tratando de comerciarlas en España. Nada mas mis estimados, fuera de desearles un buen día.
    Alberto G. Balcarce
    199 Mckinnon Street,
    Vancouver Island,
    Canadá V9P 1J2
    Alberto G. Balcarce

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