CÓRDOBA SE REBELA CONTRA LA PRIMERA JUNTA (29/05/1810)

Cuando luego del triunfo de la Revolución de Mayo de 1810, en Buenos Aires, se instaló la Primera Junta de Gobierno Patrio,  el intendente gobernador de la provincia de Córdoba, el coronel JUAN GUTIÉRREZ DE LA CONCHA, rechazando su autoridad, reconoció la del virrey del Perú y de la Audiencia de Chuquisaca e  invitó a  los principales funcionarios para cambiar ideas acerca de la actitud que se debía asumir. Reunidos el 29 de mayo, con el gobernador, SANTIAGO DE LINIERS, el obispo de Córdoba RODRIGO ANTONIO ORELLANA, los alcaldes del Cabildo de Córdoba GARCIA DE LA PIEDRA y el doctor JOSÉ ANTONIO ORTÍZ DEL VALLE, el ex oidor de la Real Audiencia  de Cuzco MIGUEL SÁNCHEZ MOSCOSO, el coronel de milicias SANTIAGO ALLENDE, el ministro de Cajas reales, JOAQUÍN MORENO, el oidor fiscal VICTORINO RODRÍGUEZ, el ex asesor de la Gobernacion de Montevideo, doctor  MIGUEL GREGORIO ZAMALLOA y el dean GREGORIO FUNES entre otros, el gobernador ratificó que su intención, como español y funcionario de la corona,  era resistir a la nueva Junta de Buenos Aires. Su postura fue apoyada por todos los presentes (como era lógico, ya que todos eran funcionarios españoles), menos por el Deán GREGORIO FUNES, quien aconsejó  “se aceptaran los hechos consumados, reconociendo a la Junta o por lo menos resolver esta difícil cuestión convocando a un Cabildo Abierto para decidir lo que será más conveniente hacer..

LINIERS toma entonces la palabra y dice: “ Si se confirman esos hechos ocurridos en Buenos Aires (refiriéndose a la deposición del virrey Cisneros y la formación de la Primera Junta para que gobierne en su lugar), y que ahora sólo conocemos difusamente, será necesario considerar como rebeldes a la corona, a los causantes de tanta inquietud. Como militar, estoy pronto a cumplir con mi deber y me ofrezco desde ya, a organizar y comandar las fuerzas que sean necesarias”

La decidida actitud de SANTIAGO DE LINIERS, estimulado por el depuesto virrey CISNEROS, que había encontrado en el héroe de la Reconquista de Buenos Aires,  un aliado de peso para recuperar el poder perdido; del coronel de milicias SANTIAGO ALLENDE; del oidor fiscal VICTORINO RODRÍGUEZ; del ministro de cajas reales JOAQUÍN MORENO y del obispo RODRIGO ANTONIO DE ORELLANA, y otros que expresaron su solidaridad con el gobernador, decidió al dean GREGORIO FUNES,  a dar cuenta inmediatamente a la Junta de Buenos Aires, la actitud asumida por los realistas de Córdoba y a trabajar con empeño para evitar que la actitud  de estos personajes se profundizara.

LINIERS, propuso entonces, reunir las fuerzas cordobesas con las del Perú y desde allí, en combinación con las de Montevideo y Paraguay, caer con un poderoso ejército sobre Buenos Aires. GUTIÉRREZ DE LA CONCHA se opuso a este plan, opinando que lo más apropiado y efectivo sería localizar la reacción en la misma provincia de Córdoba e incitar al mismo tiempo a los pueblos del interior a levantarse contra la Junta de Buenos Aires, logrando que su idea prevaleciera sobre la de LINIERS. Éste, se vio obligado a aceptar la opinión de la mayoría y decidido a ponerla en práctica, dispuso una leva y logró reunir una fuerza de 1.000 hombres. Mientras los hacía instruír militarmente, se comunicó  con otros gobernadores de provincias y con las autoridades del Alto Perú y Montevideo para sumarlos a su rebelión.

La Junta de Buenos Aires, que ya había dispuesto el envío de tropas al Alto Perú para sumar esos territorios a la causa de mayo, al conocer estos preparativos decidió incrementar la cantidad de efectivos que tenía previsto enviar con ese destino y encomendarle que en su marcha hacia éste, entrara en Córdoba y reprimiera a los insurrectos.

La Expedición Auxiliadora al Alto Perú (o Ejército del Norte), al mando del coronel FRANCISCO ORTÍZ DE OCAMPO, acompañado por el doctor HIPÓLITO VIEYTES que marchaba como representante de la Junta,  partió desde Buenos Aires a mediados de julio, dirigiéndose en rápidas jornadas hacia Córdoba. Advertidos de la inminente llegada de esta fuerza a la provincia,  rápidamente cundió el desaliento entre los complotados y el desbande de las milicias que se aprestaban a la resistencia. Comprendiendo el fracaso de su plan, los jefes del complot  resolvieron dirigirse al Alto Perú, donde dominaba el general realista JOSÉ MANUEL DE GOYENECHE para unirse a él y el 31 de julio, LINIERS y los principales cabecillas abandonaron Córdoba y se dirigieron al Norte, escoltados por 400 hombres.

La Expedición al Alto Perú,  al mando de FRANCISCO ORTÍZ DE OCAMPO ya había ya entrado en Córdoba y su jefe despachó 350 hombres al mando del teniente coronel ANTONIO GONZÁLEZ BALCARCE en persecución de los fugitivos  Al darse cuenta LINIERS y los suyos de que eran perseguidos, se separaron y prosiguieron la marcha por distintos caminos (toda su escolta había desertado). BALCARCE, por su parte, dividió sus fuerzas en partidas y logró apresar a todos los cabecillas el 6 de agosto.

La Junta ordenó que los presos fuesen ejecutados de inmediato, pero como la población cordobesa suplicó que esta sentencia no se llevase a cabo, ORTÍZ DE OCAMPO e  HIPÓLITO VIEYTES resolvieron demorar la ejecución y solicitar nuevas instrucciones, considerando este pedido de clemencia.. La Junta no solo reiteró la orden de ejecución, sino que envió a uno de sus vocales, JUAN JOSÉ CASTELLIi con orden expresa de fusilar a los prisioneros donde se los encontrara.

CASTELLI, entonces, acompañado de NICOLÁS RODRÍGUEZ PEÑA y los tenientes coroneles JUAN RAMÓN BALCARCE y DOMINGO FRENCH se dirigieron a Cabeza de Tigre, una localidad cercana a Cruz Alta, donde se hallaban detenidos los prófugos y les leyeron la sentencia que los condenaba a muerte, dándoles 4 horas para arreglar sus asuntos y preparar el espíritu para enfrentar tan duro trance (ver Fusilamiento de Liniers).

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