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CONFLICTO ENTRE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA Y EL ESTADO DE BUENOS AIRES (11/09/1852)
Luego de la derrota de JUAN MANUEL DE ROSAS en la batalla de Caseros (03/02/1852), todos los que se consideraron sus vencedores, deseaban restablecer las instituciones nacionales a través de una Constitución federalista, pero los unitarios y no pocos federales porteños, pretendían conservar la hegemonía de Buenos Aires por sobre las demás provincias, ejerciendo control sobre los términos de esa Constitución que se iba a sancionar.
Los protagonistas del pronunciamiento “antirosista” entonces, liderados por el gobernador de Entre Ríos, JUSTO JOSÉ DE URQUIZA, se reunieron el 31 de mayo de 1852 en San Nicolás de los Arroyos y acordaron convocar a un Congreso General Constituyente.
Buenos Aires, controlada por el Partido Unitario y bajo el liderazgo de BARTOLOMÉ MITRE, fue la única de las catorce provincias firmantes que no lo ratificó y se constituyó en un Estado independiente y soberano, escindido de la Confederación Argentina (integrada por las 13 provincias restantes que existían en esos días).
Recordemos que el “Acuerdo de San Nicolás”, establecía la forma que debía tener la futura Constitución a sancionar y contenía tres puntos que atacaban el predominio que hasta ese momento tenía Buenos Aires por sobre las demás provincias.
En primer lugar, establecía que el Poder Ejecutivo debía ser ejercido provisionalmente por URQUIZA, con poderes muy extensos; que la Constitución debía ser sancionada por un Congreso alejado de la Ciudad de Buenos Aires (preferentemente en Santa Fe y con dos representantes por cada provincia, en lugar de la representación proporcional a la población que pretendía Buenos Aires, por ser la provincia más poblada) y finalmente, que la Aduana, debía ser nacionalizada.
La Sala de Representantes porteña, dominada por los liberales (antes llamados unitarios), rechazó el Acuerdo y URQUIZA consideró esa actitud como anárquica. Cerró la Legislatura y poco después asumió personalmente la gobernación de la provincia de Buenos Aires.
Revolución del 11 de setiembre de 1852
A principios de setiembre de 1852, URQUIZA partió hacia Santa Fe para inaugurar el Congreso Constituyente y en Buenos Aires, el 11 de ese mes estalló una revolución que depuso a VICENTE LÓPEZ Y PLANES que estaba reemplazándolo en el gobierno mientras dura su ausencia y a continuación, repudió el Acuerdo de San Nicolás y se negó a enviar representantes al Congreso Constituyente.
Provisionalmente, asumió el gobierno el general MANUEL PINTO y URQUIZA, aceptando lo inevitable, no intentó imponerse por la fuerza, mientras no fuera atacado. Pero, a fines de octubre de 1852, fue elegido gobernador de Buenos Aires el doctor VALENTÍN ALSINA, un porteño “ultraunitario” y agresivo que lanzó un ataque a la provincia de Entre Ríos, mientras ordenaba al general JOSÉ MARÍA PAZ formar un ejército para invadir la provincia de Santa Fe (dos de las provincias signatarias del Acuerdo de San Nicolás).
El ataque a Entre Ríos fracasó, pero el pretendido ejército que debía invadir Santa Fe continuó formándose en el interior de la Provincia de Buenos Aires, más concretamente en el norte de la misma, mientras el general JOSÉ MARÍA FLORES se ocupaba de reunir tropas en el resto del interior de la provincia.
Contrarrevolución y ataque a Buenos Aires
Uno de los comandantes militares con destino en la campaña, el coronel HILARIO LAGOS (padre), desalentado por los desacuerdos que observaba entre los líderes del movimiento del 11 de setiembre, en la Guardia de Lujan, se pronunció en contra del gobierno provincial.
Apoyado por URQUIZA y otros jefes de milicias de la campaña, como el general FLORES y los coroneles RAMON BUSTOS, CAYETANO LAPRIDA y JERÓNIMO COSTA, pronto fueron seguidos por las tropas de casi todo el interior de la provincia, que nunca habían abjurado del todo de su pasado de apoyo incondicional a JUAN MANUEL DE ROSAS.
Este grupo de disidentes exigía la renuncia del gobernador ALSINA y su reemplazo por el general FLORES, la reincorporación de Buenos Aires a la Confederación Argentina y la participación de la provincia en el Congreso Constituyente de Santa Fe.
Pocos días después, atacaron la ciudad de Buenos Aires y estuvieron cerca de lograr su control, pero la rápida reacción de sus defensores, permitió evitar la toma de la capital. Pero las tropas urbanas no podían vencer a las tropas atacantes fuera de la ciudad, ya que la superioridad numérica y de caballería de las mismas era abrumadora.
Urquiza dispone ponerle sitio a la ciudad de Buenos Aires (01/12/1852)
El 6 de diciembre de 1852, luego de un frustrado segundo intento de tomar la ciudad, el coronel LAGOS le puso sitio y ese mismo día, el gobernador ALSINA presentó su renuncia y fue reemplazado por el general PINTO.
Tres semanas más tarde, URQUIZA envió tropas en apoyo de LAGOS para reforzar el sitio ya que éste no podía vencer la resistencia que le oponía el general PAZ al mando de los efectivos sitiados, aunque su enviado a reclutar tropas en el interior de la provincia, el coronel PEDRO ROSAS Y BELGRANO fue derrotado en el combate de San Gregorio el 22 de enero de 1853
Durante varios meses, la ciudad de Buenos Aires permaneció sitiada y bloqueada, pero su superioridad financiera y disponibilidad de medios, la mantenía a salvo de los daños económicos causados por el sitio.
El 9 de marzo de 1853, entre el gobierno de Buenos Aires y el Congreso Constituyente, fue firmado un Acuerdo fijaba las condiciones de la paz entre el Estado de Buenos Aires y la Confederación, en condiciones que tanto Urquiza como Lagos consideraron desdorosas para la Confederación, por lo que en definitiva, fue rechazado y URQUIZA reforzó su apoyo militar al sitio, incorporándose personalmente al mismo.
Entra a actuar la diplomacia
En varias oportunidades, URQUIZA pretendió solucionar el conflicto por medio de negociaciones con el gobierno de Buenos Aires. El Congreso lo había autorizado expresamente para solucionarlo por los medios que creyera conveniente, pero el general no se sentía lo suficientemente fuerte en lo militar como para forzar la situación por medio de un asalto a la ciudad.
Durante las negociaciones hubo serios desacuerdos entre el general LAGOS y los negociadores de la Confederación, ya que el primero sospechaba que se lo estaba dejando de lado, y que en las condiciones que se negociaban, sólo se tenían en cuenta los intereses de la Ciudad de Buenos Aires y de las provincias de la Confederación; pero no de la población de la campaña bonaerense y de la de los fortines ubicados más allá del control efectivo de Buenos Aires, al sur del río Salado.
Mientras LAGOS se quejaba de esto a Urquiza, también los enviados de este se quejaban de que LAGOS tomaba decisiones militares que complicaban sus posibilidades de negociar. Influenciado por sus embajadores, URQUIZA estuvo a punto de ordenarles firmar un tratado que ignorara por completo los intereses de LAGOS y sus hombres.
Urquiza dispone bloquear el Puerto de Buenos Aires (20/06/1853)
Sin poner doblegar por medio de las armas la resistencia ofrecida por Buenos Aires a las fuerzas sitiadores y ante el fracaso de las gestiones diplomáticas realizadas, URQUIZA decide forzar la situación y ordena bloquear el Puerto de Buenos Aires. A tal efecto, en mayo de 1853 designó al comandante JOHN HALSTED COE (2) jefe de la escuadra Confederada con ese mandato, para cerrar así el cerco sobre Buenos Aires.
Pero un hecho imprevisto frustrará esta nueva táctica. El 27 del mismo mes, se confirma un rumor popular que aseguraba que el comandante COE había sido sobornado para que le restara efectividad al sitio que las fuerzas navales aliadas con la Confederación, estaban sometiendo a la ciudad de Buenos Aires (ver El soborno de Coe).
El 1 de mayo de 1853, el Congreso Constituyente reunido en Santa Fe sancionó por fin la Constitución Nacional y el 9 de julio fue jurada por todas las provincias argentinas, incluso por la de Buenos Aires, aunque, como la invitación oficial para hacerlo, nunca fue enviada al gobierno de la ciudad de Buenos Aires, sino al comandante militar y político del interior, general HILARIO LAGOS, fue él, quien pudo lograr que una Legislatura, rápidamente constituida, sancionara oficialmente la Constitución Nacional.
Fracasa el sitio
Finalmente el Sitio impuesto por la Confederación Argentina sobre Buenos Aires fracasó. Había sido el sitio más largo que debió soportar la ciudad en su confrontación con el resto de las provincias, ya que fue levantado recién el 13 de julio de 1853 habiéndose llegado a un acuerdo de partes (ver Los Sitios que sufrió Buenos Aires).
En esos siete meses que Buenos Aires estuvo sitiada y su puerto bloqueado, se produjeron gran cantidad de hechos protagonizados por los vecinos y las tropas de Buenos Aires, que, a pesar de las dificultades que tuvieron que soportar para alimentarse, debido al bloqueo que impedía la llegada de víveres y los reiterados ataques de los efectivos principalmente de caballería de la Confederación, reiteradamente vencidos por la Infantería de la defensa, lograron resistir, obligando la retirada de los barcos y las tropas de URQUIZA, pero las fuerzas nacionales, a diferencia de las porteñas, no tenían suficientes recursos económicos, por lo que la prolongación del sitio hizo caer rápidamente la moral de las tropas.
El fracaso del bloqueo causó un enorme efecto desánimo en las tropas sitiadoras y unos días después, el general Flores, que había abandonado el sitio, regresó al norte de la provincia y anunció que reconocía las autoridades de la ciudad; llevaba consigo una enorme suma de dinero, con la que compró buena parte de las tropas de Lagos. El resto de las tropas federales desertaron y simplemente se marcharon a sus casas. Para evitar que la deserción y la corrupción se extendieran a las fuerzas venidas de Entre Ríos, el mismo 13 de julio, Urquiza abandonó el sitio de Buenos Aires, seguido del propio general Lagos y parte de sus tropas, y se embarcó hacia Paraná. El sitio había fracasado.
Consecuencias
El “Estado de Buenos Aires”, se mantuvo separado del resto del país. Sus dirigentes, que sancionaron su propia Constitución en 1854, oscilaron entre oficializar la independencia de la provincia como Estado Nacional y continuar con sus esfuerzos para lograr su pretendido destino de ser ellos los representantes únicos de toda la Nación.
Luego de la sanción de la Constitución Argentina se eligió para que asuma como su primer presidente al general JUSTO JOSÉ DE URQUIZA, que gobernó hasta 1860 con cierta estabilidad política, pero enfrentando serios problemas económicos, y resignando muchas de las funciones de gobierno en los gobiernos provinciales.
Los líderes federales intentaron repetidamente invadir Buenos Aires, pero fracasaron otras tantas veces; hasta que el general “rosista” aliado después de Urquiza, JERÓNIMO COSTA protagonizando uno de los últimos actos de esta disputa entre Buenos Aires y la Confederación (el último fue la batalla de Pavón el 17 de setiembre de 1861) fue vencido en la batalla de Villamayor y fusilado sin juicio, junto con todos sus oficiales, el 3 de febrero de 1856 (ver Costa, Jerónimo).
Desde entonces reinó una relativa paz entre Buenos Aires y la Confederación. Paz que los porteños aprovecharon para aumentar su influencia en las provincias del interior, valiéndose de su indudable superioridad comercial y financiera, debido a su Puerto y a su exclusivo manejo y usufructo de la Aduana.
En 1859, luego de la batalla de Cepeda, nuevamente se intentó obligar a Buenos Aires a aceptar la Constitución Nacional, pero esta no fue una solución definitiva, ya que la inestabilidad propia del gobierno del sucesor de Urquiza, SANTIAGO DERQUI, y el avance de los amigos de Buenos Aires en varias provincias del interior llevaron a un nuevo enfrentamiento. Fue en la batalla de Pavón, librada el 17 de setiembre de 1861 y esta vez, la victoria de los porteños causó la disolución del gobierno de la Confederación y la asunción temporaria del poder nacional por parte del gobernador porteño, general BARTOLOMÉ MITRE.
Durante este gobierno provisorio, las fuerzas de Buenos Aires invadieron más de la mitad de las provincias del interior, y reemplazaron a sus gobiernos federales por otros unitarios y cuando en octubre de 1862, Mitre asumió la presidencia de todo el país, ya unificado, logró finalmente los objetivos que se habían propuesto él y los demás líderes de la revolución del 11 de septiembre de 1852: la organización constitucional del país bajo la preeminencia de los dirigentes, las ideas políticas y económicas, y los intereses de la ciudad de Buenos Aires.