COMBATE DE LAS ACOLLARADAS (16/03/1833)

Durante la Campaña al Desierto realizada en 1833, JUAN MANUEL DE ROSAS marchó como comandante del “ala izquierda” de las fuerzas empeñadas en este operativo, el general JOSÉ FÉLIX ALDAO al mando del “ala derecha” y el general JOSÉ RUÍZ HUIDOBRO como comandante de la “división centro”.

Habiendo partido desde el fuerte San Carlos de Mendoza, buscando el camino que debía conducirlos al corazón del imperio ranquelino asentado sobre los campos de Leuvucó, Poitahué y Trenel, al llegar, en proximidades de las lagunas “Las Acollaradas, al sur de la provincia de San Luis, efectivos de la “división centro” fueron interceptados por una fuerza compuesta por mil aborígenes conducidos por los caciques Yanquetruz, Painé, los tres hijos de éste, Pichín, Pailla y Rulco, Eglans y Calquín.

Sin poder esperar el auxilio del resto de las tropas expedicionarias, los jefes Barcala, Argañaraz, Torres y Reynafé con sus escasos 200 efectivos debieron enfrentar la situación. El entrevero resultó más largo y sangriento que una batalla y fue uno de los encuentros más sangrientos entre los librados con los ranqueles, guerreros indomables que no cedían un palmo de su territorio y ofrecían feroz resistencia.

El trance fue muy duro y durante seis horas los hombres de RUIZ HUIDOBRO debieron resistir carga tras carga habiendo sido obligados a echar pie tierra, para luchar cuerpo a cuerpo alentados por sus jefes. El valor de los expedicionarios y el coraje de los aborígenes no les permitió dar ni pedir cuartel y la lucha se hizo sangrienta y despiadada hasta que  viendo la indiada la imposibilidad de vencer la resistencia de los “cristianos” perdieron empuje y un imprevisto contraataque oportunamente dispuesto por RUÍZ HUIDOBRO, los obligó a abandonar la lucha y al desbande.

YANQUETRUZ y sus caciques se internaron en el monte y desaparecieron dejando en el terreno de la lucha, ciento sesenta cadáveres e innumerables heridos, entre ellos los de los tres hijos de Yanquetruz y cincuenta y una bajas entre muertos y heridos cristianos. Los expedicionarios, agotados por la lucha y faltos de medios de movilidad y de alimentos, no intentaron perseguirlos y emprendieron el regreso a sus bases, sin haber cumplido su objetivo de ocupar el desierto y eliminar el peligro de los malones (ver Las Campañas al Desierto).

 

 

1 Comentario

  1. Anónimo

    Letera demasiado chica

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