COMBATE DE AYOHUMA (14/11/1813)

El 14 de noviembre de 1813, el General MANUEL BELGRANO es nuevamente derrotado por JOAQUÍN DE LA PEZUELA en el combate de Ayohuma y el gobierno de Buenos Aires, dispone su reemplazo por el general JOSÉ DE SAN MARTÍN (ver Elército del Norte. Segunda Campaña).

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Luego del desastre de Vilcapugio (1º de octubre de 1813), el 9 de octubre de 1813, BELGRANO llegó con algunos efectivos de su disperasado ejército  al pueblo de Macha, situado a tres leguas de Ayohuma, localidad del Departamento de Potosí, Bolivia y enseguida comenzó a enviar despachos a los gobernadores pidiendo refuerzos para reanudar la lucha contra los realistas. Desde Cochabamba, el Coronel JUAN ANTONIO ÁLVAREZ DE ARENALES le envió auxilios y lo mismo hizo desde Charcas el Coronel ORTIZ DE OCAMPO y WARNES desde Santa Cruz de la Sierra, pero el General DÍAZ VÉLEZ, encerrado en Potosí, le escribió “que se retirara a esa ciudad, donde contaba con mayores defensas.

Pero Belgrano, resuelto a no aceptar la derrota sufrida en Vilcapugio como definitiva, desoyó el consejo y decidió disponer sus tropas  allí mismo, a la espera del enemigo. Con los refuerzos que había recibido, contaba con una fuerza de aproximadamente 3.400 hombres, de los cuales, solamente mil podrían considerarse combatientes o al menos con cierto grado de instrucción, ya que el resto eran desertores potenciales, asustados fugitivos, algunos indígenas y 8 cañones de bajo calibre y mal servidos por  personal poco capacitado.

Ante esta realidad,  que los ponía muy por debajo de la capacidad de combate de los realistas, que contaban con 3.500 hombres bien entrenados y envalentonados después de Vilcapugio y 18 piezas de artillería, algunos jefes patriotas opinaron que se debía esperar algún tiempo antes de ofrecer batalla, pero Belgrano aseguró responder con su cabeza del éxito del encuentro, confiado en que su caballería sería muy superior a la española.

PEZUELA, que había avanzado en persecusión de los patriotas, el 13 de ese mes, llegó a los altos de Taquirí, un  punto dominante de esos territorios y el 14 descendieron hacia el llano y atacaron las posiciones de los patriotas. Desde el primer momento las acciones fueron favorables para los realistras, cuya artillería, dirá luego el General Paz en sus “Memorias”, “rompió un vivo fuego que duró cerca de media hora y que no puede decirse que era contestado por nosotros, dado que nuestros pobres cañones, no alcanzaban a la mitad de la distancia. Su artillería, nos despedazaba impunemente y hubiera podido por si sola, detruír nuestras fuerzas”.

No bien cesó este fuego demoledor de la artillería realista, BELGRANO hizo avanzar a la infantería, ordenando que simultáneamente la caballería cargara contra el flanco izquierdo de los realistas. El ataque fracasó y luego de tres horas de lucha, quedaban solamente 400 de los hombres del ejército patriota en pie, alrrededor de su General. Tres cuartas partes de esa que fuera orgullosa tropa, quedó el campo de batalla y se perdió todo el bagaje y la artillería. BELGRANO se retiró con los sobrevivientes a Potosí y Ayohuma fue desde entonces un herida en el orgullo de las armas patriotas, que jamás fue curada, a pesar de los numerosos episodios heroicos que en ese escenario protagonizaron los soldados argentinos. Y vale de muestra, el que tuvo como primer actor al coronel CORNELIO ZELAYA.

Este hombre fue quien recibió la orden de BELGRANO de proteger la retirada del grueso de las tropas después de Ayohuma. Reunió para ello 80 de sus jinetes y amparándose detrás de un arroyo, a lo largo de su lecho de piedra, distribuyó sus hombres, mientras él, a caballo, desafiante e ignorando el fuego enemigo, recorría sus líneas, infundiendo aliento a sus hombres, mientras 800 realistas al mando del coronel CASTRO se acercaban a la margen opuesta de sus posiciones. Por cerca de 40 minutos ZELAYA pudo mantener a raya las embestidas de CASTRO y ese tiempo le fue suficiente a BELGRANO para poner a salvo a su ejército

Cumplida con éxito su misión, ZALAYA ordenó a sus hombres la retirada, mientras él, con un puñado de jinetes y acompañado por dos de sus oficiales, PAZ, y ARÉVALO, se mantuvieron en sus posiciones tratando de detener «un poco más» a sus adversarios. Finalmente se retiró y el jefe realista se lanza en persecución de estos valientes, que aún en su retirada, continúan ofreciendo resistencia.

Y no todo estaba dicho en esta honrosa retirada. Llegados a una zona de dificultosa marcha, ZELAYA detiene su cabalgadura y le dice a sus hombres que se pongan a salvo, mientras él retará al jefe español a un duelo singular. Sólo la enérgica intervención de sus oficiales impide que con este gesto versallesco, este noble militar cometiera tal imprudencia y prosiguen la fuga, que finalmente cesa, cuando al caer la noche, el coronel CASTRO, dispone ponerle fin, mientras, ahora al paso y orgullosos, ZALAYA y sus hombres continúan su marcha para reunirse con BELGRANO.

Después de este nuevo revés, el ejército patriota, reducido ahora a unos 1.000 hombres, se retiró a Jujuy y su mando le fue confiado al general SAN MARTÍN, pero éste tenía otros planes, y el mando del Ejército del Norte, pasó a ser ejercido por el general JOSÉ RONDEAU.

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