CAPITULACIÓN DE WHITELOCK (07/07/1807)

Luego de que el general WHITELOCKE, comandante de las tropas que por segunda vez invadieron la ciudad de Buenos Aires, intimara tres veces a la rendición a los jefes de la resistencia, sin lograr vencer la voluntad de sus defensores, viendo esfumarse sus pretensiones de apoderarse de la ciudad, se rinde y depone las armas.

El 4 de julio de 1807, de acuerdo con el plan concertado, Whitelock lanza sus fuerzas al mando del coronel CRAUFUR a un ataque que debería ser decisivo, pero, contrariamente a lo que esperaban, sus tropas fueron atacadas desde todos lados. Cada casa era una pequeña fortaleza desde donde llovían proyectiles de toda clase. Debían avanzar metro a metro sometidos a un violento hostigamiento de los vecinos y a la eficacia de un nutrido fuego proveniente de las trincheras callejeras.

LAS INVASIONES INGLESAS AL RÍO DE LA PLATA (1806) – El arcón de la historia  Argentina

En todos los puntos de la ciudad se luchaba con ardor y los combates más intensos se libraron en el Retiro, donde la compañía de “Gallegos” pudo defender la plaza durante más de tres horas. Hacia el mediodía, penosamente los ingleses habían podido cumplir con solo algunos de sus objetivos, apoderándose de la Residencia, del Retiro y la iglesia de Santo Domingo.

Pero estaban sitiados en la quinta de Lorea, en la casa de la “Virreyna” y no podían avanzar a más de cinco cuadras sobre el Fuerte. En realidad, a esa hora, ya no existía el ejército inglés: eran núcleos aislados que se defendían como podían, tratando de hacerse fuertes en algunos de los pocos edificios que habían tomado y en el curso de la tarde, su situación empeoró.

A las seis de la mañana del día 5 de julio, escasamente reorganizados, los invasores reiniciaron las operaciones y nuevamente son severamente hostigados, pero, a pesar del duro castigo al que eran sometidas, tenazmente siguieron tratando de avanzar hacia el centro de Buenos Aires. Al final del día de cruento combate, sólo habían logrado ocupar la plaza de Toros y la Residencia, a costa de sufrir pérdidas enormes, pues debieron no solo combatir con sus armas, sino que también, como había ocurrido en 1806, debieron sufrir el ataque de los vecinos que desde las azoteas, les tiraban aceite y agua hirviendo y toda clase de proyectiles.

En 24 horas de combate ya habían perdido unos 2.500 hombres (Los defensores también habían sufrido bajas, pero mucho menores: 302 muertos, 514 heridos, 105 desaparecidos y 800 prisioneros).

Al amainar el combate, LINIERS envió una intimación al jefe enemigo para que desistiera de reanudar el ataque, se embarcara con sus tropas y evacuara Montevideo y el Río de la Plata, ofreciendo en cambio la devolución de los prisioneros británicos, aun los tomados el año anterior, pero el General WHITELOCKE rechazó tal posibilidad

Cuando llegó la noche del 5 de julio, los invasores ya tenían la amarga sensación del fracaso de su aventura y sin que nadie lo ordenara, se hizo un alto el fuego. Los invasores habían perdido la mitad de sus efectivos y el pueblo de Buenos Aires, entre el dolor de sus 200 militares muertos y sus no menos de 2.000 civiles muertos o heridos, vivía la emoción de la victoria.

El 6 de julio, LINIERS y ÁLZAGA, que habían dirigido la defensa, instalados en el Cabildo, exigieron la rendición e CRAUFURD, que, atrincherado en la iglesia de Santo Domingo, rechazó la oferta y la lucha se extendió hasta pasadas las tres de la tarde por lo que decidieron esperar la madrugada del día siguiente para que un emisario pudiera llegar a los corrales de Miserere — donde seguía WHITELOCKE, dirigiendo desde lejos la acción, llevando una nueva intimación a la rendición.

Finalmente, el 7 de julio a la madrugada, luego de cuatro días de lucha, aceptando su derrota y viendo desvanecidas sus pretensiones de apoderarse de la ciudad, el General WHITELOCKE capitula y rinde sus armas. Las tropas inglesas habían sido terminantemente derrotadas en el segundo intento de invasión a Buenos Aires que realizaron. Sus columnas se habían encontrado con una resistencia inesperada por lo decidida. En cada calle, desde cada casa, la oposición fue tan resuelta y gallarda como se han dado pocos casos en la historia (…). El plan original era malo y mala fue su ejecución (…). Fue una empresa sucia y sórdida”. Así describió el diario The Times de Londres la frustrada invasión al Río de la Plata.

El mismo día 7, se firman los documentos legales que ratifican la capitulación hecha por el ejército inglés que mandaba el general WHITELOCKE, vencido en las calles de Buenos Aires por las tropas a las órdenes de SANTIAGO DE LÍNIERS y MARTÍN DE ÁLZAGA, debiendo aquél recibir sus prisioneros y evacuar la ciudad y su territorio en el término de cuarenta y ocho horas y entregar, antes de dos meses, a la ciudad de Montevideo, donde flameaba el pabellón de Gran Bretaña

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *