BERESFORD EXPORTA DULCERAS DE PLATA (1806).

MANUEL BILBAO, en su libro “Tradiciones y Recuerdos de Buenos Aires” (1934), cuenta los pormenores de una confusión que permitió que WILLIAM CARR BERESFORSD, durante los 46 días que permaneció en Buenos Aires, hasta que la ciudad fuera reconquistada, luego de vencer a los invasores, se convirtiera en un exitoso exportador de dulceras y fuentes de plata.

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Resulta que, según cuenta el autor, muchas familias de Buenos Aires no se sentían muy molestas con la presencia de las tropas inglesas y era frecuente  que los oficiales de la rubia Albión fueran invitados a tertulias y “saraos”, donde departían amablemente con sus anfitriones y que muchos fueran obsequiados con dulces, alfeñiques, mazamorra t otras dulzuras criollas.

BERESFORD no era la excepción y también recibía ese tipo de obsequios, que como era costumbre, llegaban en hermosas dulceras y fuentes de plata, que se sobreentendía, debían ser devueltas a sus dueños. Fueron muchos los obsequios de este tipo que BERESFORD recibió, e ignorando esa condición, las envolvía cuidadosamente, las enbalaba y las remitía a Inglaterra, donde las recibía su familia, que admirada por la belleza de esos objetos, se ufanaba sirviendo en ellas a sus invitados.

Se dice que BERESFORD, años después y estando ya en Londres, se enteró de que la costumbre en Buenos Aires, al recibir ese tipo de obsequios, era devolver las dulceras y fuentes en las que llegaban, no sólo se sintió apesadumbrado, sino que de inmediato, se apresuró a enviarles  abanicos, aros y otros  objeto de valor, con una nota pidiendo disculpas por su “ignorancia de sus costumbres” a cada una de las familias de Buenos Aires y Montevideo, que le habían hecho algún obsequio de ese tipo

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