BELGRANO Y EL REAL CONSULADO DE BUENOS AIRES (1794)

En 1794 surge el Consulado, creado a raíz del impulso extraordinario que había alcanzado Buenos Aires, al erigirsecomo capital del virreinato del Río de la Plata. Con el “comercio libre”, Buenos Aires pasó a dominar el de toda América del Sur. Era mucho más importante que Lima y Chile. Desde nuestro Puerto salían cueros, sebo, carne salada y productos de agricultura, aunque en mucha menor escala y entraban tejidos, géneros de toda clase y fibra, aguardientes, harina  y azúcares, yerba mate y te paraguayo desde Brasil. Se importaban también artículos manufacturados: tejidos, paragüas, vajilla, sombreros, relojes, armas  (ver El comercio colonial)

Y como el cuero salía en bruto y nos mandaban zapatos, y el algodón que salía en grandes pacas  nos lo devolvían tejidos,  casi llegando a 1810, nuestros gauchos tenían ponchos, espuelas y trabucos fabricados en Londres.

Se produce entonces dentro del Consulado la lucha entre los monopolistas, liderados por MARTÍN DE ÁLZAGA, que tenían todos los privilegios del comercio con España y que por ser los má ricos hacían sus mejores negocios por medio del contrabando,  con los librecambistas, a la cabeza de los cuales estaban MANUEL BELGRANO y ANTONIO TOMÁS ROMERO.

La acción del Consulado fue múltiple a partir de allí y desde 1794 hasta 1810, su misión fue fomentar el comercio, la agricultura, la comercialización de los frutos del país, mejorar los caminos, los puertos  y todo lo que fuera de utilidad para el comercio. Se destacará en esta gestión MANUEL BELGRANO , que aunque no hubiera sido el creador de nuestra Bandera y el vencedor de Salta y Tucumán, igual debería ser merecedor del reconociento de los argentinos, por su labor como economista, precursor del “libre comercio” y como educador.

Recordemos que BELGRANO escribió varias memorias propulsando la agricultura; creó una Escuela de Náutica y promovió la creación de la Escuela de Matemáticas y Dibujo; fue el primero que hizo poiner boyas en el Río de la Plata; el primero que limpió de anclotes el Puerto de Buenos Aires, donde había anclas hundidas, quizás desde la época de Pedro de Mendoza; fue el primero que se ocupó a fondo de desarrolar una Marina Mercante y trató e crear una compañía de seguros marítimos y terrestres; dispuso por primera vez  (1806-1808),  el mejoramiento de los puertos de Barragán y de Patagones, la instalación de un Faro en Montevideo y otro en la Isla de Flores y la presencia de una embarcación en el Río de la Plata, para que sirviera de auxilio de náufragos ; fomentó el sembrado en gran escala del lino y el cáñamo. Como Secretario del Consulado, no sólo redactaba sus famosas “memorias”, sino que también asesoraba y orientaba a las autoridades y luchaba con ardor para imponer el libre comercio, actividades todas éstas, que fueron fundamentales para el crecimiento económico de Buenos Aires.

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