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BARRIO RETIRO EN BUENOS AIRES. SUS ORÍGENES (1692)
En Buenos Aires, se llama «Retiro», al sector noroeste de la ciudad. Hoy, un moderno barrio a orillas del río, dominado por la Plaza San Martín y delimitado por la a avenida Córdoba y las calles Cecilia Grierson, Uruguay, Montevideo, Juan Facundo Quiroga, prolongación virtual de Juan Biblioni, avenida Ramón Castillo, Acceso Wilson y el Río de la Plata. Limita con los barrios de Puerto Madero al sureste, San Nicolás al sur, Recoleta al oeste y con la zona portuaria al noreste.
Cuando en 1580 JUAN DE GARAY fundó la ciudad de Buenos Aires, el Rio de la Plata llegaba hasta la barranca de la actual Plaza San Martín. Las tierras que hoy conforman el barrio de Retiro eran una zona agreste y pantanosa, un descampado que se encontraba lejos del lugar de fundación de la Buenos Aires de GARAY, que fue en la actual Plaza de Mayo. Allí estaba el desembarcadero donde atracaban los barcos que comenzaban a llegar a Buenos Aires.
Origen de su nombre
Existen varias versiones acerca de su nombre y ninguna es fácil de respaldar con documentos, aunque todas coinciden en que ese lugar, desde la época de JUAN DE GARAY, siempre fue un “lugar de retiro”. Dos de ellas hacen mención a una cruz que figura documentalmente en el plano de la mensura de Buenos Aires realizado en 1608. Según una, la cruz fue plantada por uno de los tripulantes que vino con PEDRO DE MENDOZA en 1536, un criminal llamado SEBASTIÁN GÓMEZ, que para expiar las culpas que le producía el haber cometido un asesinato, se retiró a ese desolado y solitario paraje, donde construyó una ermita y se redimió entregándose a la religión y emplazando una gran cruz que dominaba el área.
Otra versión, sostiene que la cruz fue puesta por la expedición de Garay para marcar el límite del ejido de la nueva ciudad, dominando un paisaje desolado. Lo cierto es que la cruz figura en el plano de la mensura de Buenos Aires realizado en 1608, con el nombre de “Ermita de San Sebastián”, coincidiendo con el del presunto ermitaño de la expedición de Mendoza. Allí, se habrían realizado retiros espirituales, y por eso el nombre del barrio.
La tercera versión relacionado con el origen del nombre de “Retiro” con el que hoy se conoce a ese Barrio, se remonta al año 1692 (o quizás a 1702), cuando el gobernador AGUSTÍN DE ROBLES, compró 300 varas cuadradas en la meseta, en el lugar de la actual Plaza San Martín, donde construyó su quinta de veraneo que llamó “El Retiro”. Una obra que se destacó entre la humildad que entonces tenían las casas del poblado. Tenía 39 habitaciones y 3 salas con techos de madera de cedro, con un total de 51 puertas, 12 escaleras, 7 ventanas con rejas de hierro y dependencias anexas. En 1703, casona pasó a ser propiedad del general MIGUEL DE RIGLÓS, un militar, comerciante y político español que tenía su vivienda junto al Cabildo porteño, así el paraje pasó a llamarse la “Quinta de Riglos” o “los altos de Riglós” (porque la propiedad tenía dos pisos).
Tuvo de todo: mercado de esclavos, plaza de toros, cuarteles,
En 1678, el gobernador JOSÉ DE GARRO propuso mudar el Fuerte de la ciudad a la ubicación privilegiada que tenía la barranca de la ermita sobre el río y así se hizo. En 1718, en la zona se instaló el “Real asiento de esclavos” administrado por la “Compañía del Mar del Sur” (South Sea Company), una compañía inglesa que beneficiada por el Reino de España con el Tratado de Utrecht, se dedicaba al transporte y la venta de esclavos que traían desde Nueva Guinea. En 1726, esa empresa fue clausurada, pero en 1787, el superintendente Francisco de Paula Sanz permitirá nuevamente el establecimiento de una compañía esclavista
En 1739, la quinta de los RIGLÓS fue expropiada y en 1761 fue destinada a servir como cuartel del Regimiento de Dragones y diez años después como la construcción estaba muy deteriorada debió ser abandonada. Y así lo estuvo, hasta que, en 1800, luego de la demolición de la plaza de toros de Montserrat, la primera que tuvo Buenos Aires (que se encontraba en las actuales avenidas 9 de Julio y Belgrano), proyectada por el brigadier JOSÉ CUSTODIO DE SAA Y FARÍA comenzó a construirse en ese lugar, la nueva Plaza de Toros del Retiro. Inaugurada con toda pompa el 14 de octubre de 1801, la obra tenía influencias de la arquitectura morisca, y quedó retratada en una acuarela de 1817. Contaba con todos los lujos y comodidades para los aficionados, tenía capacidad para 10.000 espectadores y fue clausurada y demolida en 1819.
Según dicen los tradicionalistas MANUEL BILBAO y JULIO B. JAIME ROSPIDE la entrada quedaba por la actual calle Sargento Cabral y allí, durante los meses de primavera y verano, concurría lo más calificado de la sociedad porteña, ocupando los palcos altos, mientras que el pueblo se ubicaba en las galerías. Hasta la carroza del virrey CISNEROS, gran aficionado al ruedo, solía dirigirse por Florida rumbo al Retiro. La Plaza, colmada, seguía tensa y vibrante los altibajos de la lidia, a partir del toque de clarín que precedía a la aparición del alguacil con su clásica vestimenta, que solicitaba la llave para abrir el toril, hasta que el toro ya sangrante, era arrastrado y el torero se adelantaba entre los aplausos y vítores delirantes de la afición, que premiaba así, la exitosa faena.
La “gran” distancia que en aquellos años existía entre el paraje del Retiro y el centro de Buenos Aires, con las calles todavía de tierra y convertidas en un lodazal intransitable cuando llovía, el gran movimiento de público que generó la presencia de esta Plaza, en el Retiro, impuso que las autoridades dispusieran comenzar el empedrado de las calles de la ciudad, por la calle Florida, que era la vía natural de acceso a la Plaza, que fue así la primera calle empedrada de la ciudad.
En 1806, durante la primera invasión de los ingleses, las tropas de la reconquista comandadas por SANTIAGO DE LINIERS se concentraron en la Plaza de toros del Retiro. Un año más tarde, con el regreso inglés, las tropas de la resistencia porteña, fueron bombardeadas por los británicos y derrotadas en la Plaza de toros, pero finalmente los criollos recuperaron el dominio de la ciudad. Luego de la reconquista, se dispuso que el paraje se llamara “Campo de la Gloria” y algunos años después, en 1812, el entonces teniente coronel JOSÉ DE SAN MARTÍN, ocupó el lugar para destinarlo a ser el cuartel y campo de instrucción de su famoso Regimiento de Granaderos a Caballo y la zona de Retiro, comenzó a llamarse “Campo de Marte”.
MANUEL GÁLVEZ, en su obra “El gaucho de los Cerrillos”, alude a su gran capacidad. Allí se alojaban varios batallones, pese a lo cual, un enviado de LAVALLE que llegó al lugar en cumplimiento de una misión que se le encomendara, se asombró del silencio reinante y llegó a temer una emboscada. Durante la época de ROSAS o quizás antes, fue también cárcel y a ella fue enviado IGNACIO THORNE, como cuenta HÉCTOR PEDRO BLOMBERG en “La Mazorquera de Monserrat”, luego de ser detenido en Barracas por el comandante CUITIÑO, sanguinario jefe de esa siniestra organización represora.
En 1822, la deteriorada Plaza de toros del Retiro fue demolida, y aprovechando sus materiales se construyó allí el “Cuartel de Artillería”, con talleres para la maestranza, dividida en las secciones de carpintería y herrería, depósitos de pólvora y almacenes de materiales. Se encontraba paralelo a la actual calle Arenales, sobre la actual Plaza San Martín y en 1852, esas instalaciones fueron ocupadas por les tropas de URQUIZA en su campaña contra ROSAS.
En 1856, la compañía “Jannet Hnos”, instaló en la barranca la “Compañía Primitiva de Gas”, que proveyó con tuberías de loza a la ciudad, un insumo utilizado para el alumbrado público. En 864, sucedió un trágico hecho: el arsenal del Parque de Artillería estalló y dañó gravemente el cuartel. Sin embargo, el edificio fue reconstruido y se le agregó un primer piso, que sobrevivió hasta 1891. Ese año, fue demolido para instalar en su lugar el Pabellón Argentino, una lujosa estructura de hierro y vidrio diseñada por el francés Albert Ballú para alojar a la representación argentina en la Exposición Universal de París de 1889 que al finalizar la misma, fue desmontado, trasladado en barco de regreso a Buenos Aires y reconstruido en la Plaza San Martín, donde fue, hasta 1933, sede del Museo de Bellas Artes. Fue demolido para extender la plaza hasta la Avenida Leandro Alem.
En 1857 se había autorizado la construcción de un ferrocarril que uniera Buenos Aires con la localidad de San Fernando. Inaugurado por el presidente BARTOLOMÉ MITRE en 1862, el “Ferrocarril del Norte” partía de una rústica estación en el Retiro, y un año después fue extendido hasta la nueva Estación Central, junto a la futura Casa Rosada.
En 1860, el ingeniero JOSÉ CANALE diseñó el parquizamiento del “Campo de Marte”, que el 13 de julio de 1862 recibió la primera estatua ecuestre de Buenos Aires dedicada al general San Martín. En 1866, Emilio Bieckert iniciaba la construcción de su fábrica de cerveza en la actual calle Esmeralda, con altas chimeneas que se veían desde la costa y con la inauguración de las líneas ferroviarias y sus respectivas Estaciones construidas en terrenos ganados al río, la inauguración del monumento en homenaje a San Martín, la erección de la Torre de los Ingleses y la construcción del Plaza Hotel, se modificó totalmente la fisonomía de la zona.
Recordemos también que en cumplimiento de esa reestructuración del lugar que se había dispuesto, estaba incluido el traslado de la estatua del negro Falucho y la desaparición de la callejuela homónima, decisiones ambas que fueron muy resistidas, sobre todo por parte de un poeta vecino del lugar llamado RAFAEL OBLIGADO, que alegó en un poema, que Falucho era un negro de los que fueron/ con San Martín, de los grandes/ que en las pampas y en los Andes/ batallaron y vencieron, y contó en décimas su fusilamiento en el Callao, empuñando la bandera y gritando: «¡Viva Buenos Aires!»
Durante las siguientes décadas, el barrio comenzó a crecer; recibió un especial impulso luego de la epidemia de fiebre amarilla de 1871, que decidió a las familias tradicionales a abandonar sus casas en el centro de la ciudad para instalarse en sus quintas de las afueras, donde más tarde, comenzarían a construir residencias cada vez más lujosas, al tiempo que aumentaban sus fortunas como consecuencia de la estrecha relación comercial que se había formalizado con Gran Bretaña.
En 1874, la Plaza “Campo de Marte” fue nuevamente remodelada por Eugène Courtois y en 1878 se le impuso su nombre actual, en homenaje al general JOSÉ DE SAN MARTÍN. Actualmente, esa zona, que rodea la plaza que lleva el nombre del Libertador, aún es conocida por su nombre original, “El Retiro” y allí, el 2 de agosto de 1915, se inauguró la “Estación Retiro”, funcionan las cabeceras de casi todas las líneas ferroviarias que cruzan el país en sus cuatro direcciones, se ha edificado un gran Hotel Internacional de 5 estrellas, y tiene su sede diversas oficinas del Poder Judicial, los comandos de la Armada, la Aeronáutica, la Gendarmería y la Prefectura Naval, la estación fluvial que opera un servicio de alíscafos, la Terminal de Ómnibus de larga distancia y otras muchas dependencias oficiales y privadas (ver los Barrios de Buenos Aires).
En 1916, en esa zona se construyó la actual “Torre Monumental” (ex Torre de los ingleses”), donada por el Reino de Gran Bretaña por los cien años de la declaración de la independencia argentina y en 1933, la Plaza San Martín fue ampliada absorbiendo la antigua barranca y uniéndose a la Plaza Fuerza Aérea Argentina (antigua Plaza Británica). Hoy, caminar por esta Plaza, es como pasear por París, pero en Buenos Aires. Sus alrededores son una zona elegida por familias adineradas pertenecientes a la sociedad de la primera década del siglo XX. La aristocrática avenida Alvear, la Plaza Pellegrini con la Embajada de Francia, el Jockey Club, el Palacio Paz, hoy sede del Círculo Militar y otros tantos palacetes aún siguen allí, como testimonios mudos de una época que ya pasó, pero que dejó su impronta en una ciudad que es faro de cultura y progreso en América.