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ALSINA, ROCA Y LA CAMPAÑA AL DESIERTO (1879)
Entre 1874 y 1879, cuando ADOLFO ALSINA era el Ministro de Guerra de NICOLÁS AVELLANEDA y la lucha por la posesión de la tierra al sur de la provincia de Buenos Aires en esos años, estaba más allá de cualquier negociación, nadie pensaba dejarle la inmensa llanura fértil a los indios.
Fue necesario entonces establecer una estrategia que permitiera la ocupación definitiva y permanente del territorio tenazmente defendido por las tribus de nativos y de “extraños” que la habían colonizado, luego del magro resultado obtenido durante las expediciones que se venían realizando al desierto desde 1820 (ver Las Expediciones al Desierto).
Puesto el Ministro ALSINA ante esta responsabilidad, su propuesta contemplaba el “avance progresivo y la ocupación del territorio, para ir corriendo la frontera más hacia el sur y el oeste, para ganar tierras fértiles, desalojando paulatinamente a las comunidades indígenas.
Era una estrategia defensiva y de avance progresivo, que contemplaba también, el bloqueo de los recursos naturales, ocupando militarmente los parajes con acceso a lagunas y fuentes de agua dulce, puntos vitales en la llanura pampeana, sin los cuales, se debilitaba drásticamente la movilidad y la supervivencia de las tribus no sometidas.
El lema implícito del plan de ALSINA era “ir contra el desierto y no contra los indios”. Buscaba empujar la frontera de manera gradual, consolidando el territorio ganado mediante la colonización civil y la infraestructura militar que se iría construyendo. A medida que el ejército ganara terreno, se debían fundar nuevos pueblos y fortines, promoviendo el asentamiento de colonos, la agricultura y la ganadería para asegurar la soberanía real sobre la tierra.
En abril de 1876 por orden suya comienza la construcción de la obra más famosa que se realizó durante la llamada “Conquista del Desierto”. Se trataba de un gigantesco “foso defensivo” que debía servir como barrera física, para impedir el libre tránsito de los aborígenes en sus correrías. Conocida como “La Zanja de Alsina”, no estaba diseñada precisamente para impedir la entrada de los indígenas a caballo, sino para evitar que “los malones”, se llevaran el ganado robado durante la retirada, ya que las vacas y ovejas no podían sortear el foso. Con esta medida se esperaba asfixiar el principal negocio económico del malón y se depositaron grandes esperanzas en su resultado y aunque se proyectó originalmente para cubrir unos 600 kilómetros desde el sur de Córdoba y Santa Fe hasta el Atlántico, entre 1876 y 1877, se llegaron a excavar de forma efectiva unos 374 kilómetros a pico y pala.
La zanja no funcionaba sola; estaba flanqueada por una densa cadena de fortines estratégicos que albergaban guarniciones militares dispuestas a interceptar las incursiones, unidas por un largo tendido de líneas telegráficas a lo largo de la frontera, que permitía que los fortines se comunicaran de forma instantánea al avistar un movimiento sospechoso, coordinando una defensa rápida que antes tardaba días en organizarse.
Pero las cosas no salieron como era de desear. Si bien es cierto y es justo reconocerlo, el plan de ALSINA logró algunos de sus objetivos (se incorporaron miles de kilómetros cuadrados al control estatal y se fundaron algunas localidades clave como Carhué, Trenque Lauquen y Guaminí), no pudo cumplir con el objetivo fundamental que lo inspiró:
La “zanja” fue un fracaso; lo que más lograba era detener brevemente a los indios en sus huidas. Las distancias hacían imposible la vigilancia de tan basto territorio y la represión a tiempo; las líneas telegráficas fueron prontamente inhabilitadas y la ímproba tarea que tuvieron que llevar a cabo las menguadas y mal armadas fuerzas destacadas para contener la violencia de los aborígenes, conspiraron para ello
Los ataques arreciaron en su intensidad y violencia y las tribus de aborígenes, envalentonados por la incapacidad del “hombre blanco” se atrevieron a llevar sus malones a los grandes centros poblados. En setiembre de 1878, los caciques PINCÉN y MANUEL PAYRÁN al frente 2.5000 guerreros invadieron la región de “Malle Lauquen”, logrando llevarse un importante arreo de ganado vacuno y caballar, luego de eliminar a toda la guarnición local.
Los ranqueles, ahora araucanizados, realizaron rápidas excursiones sobre estancias civiles y pequeños fortines defensivos en los alrededores de Villa Mercedes y el sur de Córdoba para abastecerse de caballadas, hostigando las líneas de comunicación civiles y los tendidos de telégrafo y los caciques BAIGORRITA y EPUMER ROSAS comenzaron a asolar la zona de Villa Mercedes en San Luis, los caciques CAMUÑIL y HUENCHUQUIL se atrevieron cada vez más en la Pampa y CAYUL, en la actual provincia de Neuquén
Son los tiempos de PINCEN, BAIGORRITA, NAMUNCURÁ, JUAN JOSÉ CATRIEL, VALENTÍN SAYHUEQUE, FOYEL e INACAYAL violentos mapuches y envalentonados caciques de la Patagonia Argentina, que estimulado su sentido de pertenencia, se oponen a la llegada de la civilización y atacan sin piedad. Santa Fe, San Luis, Córdoba, Neuquén, La Pampa son los reiterados escenarios de sus correrías, el saqueo masivo de ganado y la toma de cautivos.
La situación que se vivía en esos días, era a todas luces insostenible y se imponía un cambio de estrategia, pero ALSINA seguía apegado a su plan, pensando vencer al indio instalando más fuertes y fortines. Pero en diciembre de 1877, muere ADOLFO ALSINA y su proyecto muere con él.
NICOLÁS AVELLANEDA nombra entonces al Coronel JULIO ARGENTINO ROCA para que lo reemplace a ALSINA y el nuevo Ministro de Guerra disiente por completo con la estrategia defensiva de la zanja de su antecesor (a la cual criticaba duramente) y opta por una campaña de ofensiva total y punitiva conocida históricamente como la “Conquista del Desierto” (ver La Campaña al Desierto de Roca).
Comienza entonces lo que se llamó la “Contraofensiva de los malones invertidos”. Puesta en práctica entre 1878 y 1879 establecía que en lugar de esperar el ataque en los pueblos, debían ser los efectivos gubernamentales quienes atacaran en sus toldos a los aborígenes para asfixiar la capacidad organizativa de los nativos, dificultando sus preparativos para lanzar grandes malones hacia los centros urbanos.
Tropas del ejército argentino ejecutaron entonces cerca de 30 expediciones punitivas a las tolderías de caciques clave como PINCÉN, BAIGORRITA y NAMUNCURÁ y con el inicio formal de la campaña militar del Coronel ROCA, en abril de 1879, se abrió una nueva perspectiva a la confrontación por la tierra.
El control estatal se desplazó rápidamente hacia los ríos Negro y Neuquén. Los pocos ataques registrados en 1880 fueron escaramuzas periféricas de grupos que huían hacia la cordillera de los Andes, extinguiendo por completo el peligro de malones en los pueblos bonaerenses, santafesinos y cordobeses y en Azul, Tandil, Tapalqué y Junín llegó la paz.
Roca y Alsina defienden su estrategia
En 1877, durante la presidencia de NICOLÁS AVELLANEDA, siendo ADOLFO ALSINA su Ministro de Guerra, el Coronel JULIO ARGENTINO ROCA, se desempeñaba como Comandante de la frontera sur y sudeste de Córdoba, con asiento en la Villa de la Concepción del Río Cuarto y jurisdicción en Mendoza y San Luis y estaba en desacuerdo con la estrategia adoptada por ADOLFO ALSINA en la lucha territorial que se sostenía en esos días con los aborígenes al sur de la provincia de Buenos Aires.
Decía que al indio había que atacarlo no con fortines sino con ejércitos móviles. Atacarlo a fondo, eliminarlo. Por eso ALSINA deja de consultarlo y comienza a retirarle la tropa que ROCA tenía a su cargo en Río IV. Es cuando ROCA escribe a su cuñado JUÁREZ CELMAN: “Temo que la situación a crearse se haga grave y que estoy destinado a hacer una guerra a muerte al doctor Alsina”.
ROCA y ALSINA volverán a enfrentarse al momento de tener que elegir al gobernador de Córdoba. ALSINA impone a DE LA PEÑA por sobre DEL VISO, el candidato de ROCA y JUÁREZ CELMAN, quien queda renegado a un segundo plano, es decir a integrar la fórmula como vicegobernador y “curiosamente”, los dos enemigos tiene ROCA en ese entonces: ALSINA y DE LA PEÑA mueren intoxicados con alimentos en mal estado. El cuadro de ALSINA en su agonía de varias semanas: dolor de cabeza, dolor gástrico, hipo incohercible, fiebre, insomnio y delirios es catalogado como “intoxicación alimentaria”, “fiebre tifoidea”, “tumor cerebral”, etc. No obstante ello, el cuadro es compatible con un envenenamiento. S dijo que quizá debería profundizarse el estudio de las causas de muerte de ambos políticos, pero nada se hizo al respecto.
Cuando reemplaza a ALSINA, ROCA opta por un método agresivo, en lugar del defensivo de aquel. Así organiza su campaña al desierto y comienza a escucharse su nombre como posible candidato a la presidencia de la Nación. ROCA intuye que ahora se le abrirán las puertas a la primera magistratura, no escucha las críticas de los “mitristas” que piden su renuncia ya que no era ético ser ministro y candidato y se mueve tratando de quedar bien con todos y zigzaguea entre amigos y opositores.
Sabe que sólo le faltaba culminar su campaña contra los indios para entrar por la puerta grande de la historia nacional: ya era “El futuro presidente de los argentinos” (ver Roca, Julio Argentino).