GÜEMES ERA HEMOFÍLICO?.

No hay ninguna prueba médica ni histórica que confirme que el general MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES fuera hemofílico, por lo que la ciencia médica y los historiadores modernos clasifican esta afirmación rotundamente como un mito y parte de la «leyenda negra» creada por sus opositores políticos de la época.

La versión de la supuesta hemofilia tiene un origen político e ideológico muy claro: el General líder unitario JOSÉ MARÍA PAZ—que sentía una profunda enemistad hacia el caudillo salteño—en sus “Memorias Póstumas”, escribió de forma despectiva que GÜEMES poseía una «depravación humoral» y que el médico Joseph Redhead le había advertido que cualquier herida le sería mortal. Más tarde, el historiador BARTOLOMÉ MITRE replicó estas afirmaciones en sus escritos históricos, ayudando a difundir el mito (1).

Muerte de Güemes

La verdad es que GÜEMES comenzó su carrera militar a los 14 años. Participó activamente en las Invasiones Inglesas y lideró la durísima «Guerra Gaucha» en el norte del país durante años. En una época sin medicina moderna, cualquier persona hemofílica expuesta a los golpes, caídas de caballos y heridas menores de la vida de campaña habría muerto desangrada a muy temprana edad. De hecho, los registros históricos indican que de niño sufrió una fuerte caída de un caballo que le dejó una cicatriz visible en el párpado, una lesión que habría sido fatal para un enfermo de hemofilia

El 6 de junio de 1821, GÜEMES sufrió una emboscada en Salta y recibió un disparo de bala en la zona glúteo/pélvica. No murió desangrado en el acto ni a las pocas horas (lo que sí ocurriría con una hemorragia masiva causada por la hemofilia). Agonizó durante 10 días, manteniéndose lúcido casi hasta el final.

Autopsias históricas y estudios forenses modernos realizados por especialistas, como el médico legista Pedro Antonio Álvarez, concluyen que GÜEMES falleció debido a una septicemia (una infección generalizada) provocada por las precarias condiciones higiénicas y la falta de tratamientos antibióticos para curar la grave herida de bala que recibió en el glúteo.

 Y puestos a fantasear, los “relatadores” de la Historia llevaron esta patraña al extremo de presentarla como el argumento de una novela barata, donde como es lógico Güemes sale muy mal parado. En la noche del 6 al 7 de unió de 1821, estando en las proximidades de la ciudad de Salta, en circunstancias no aclaradas todavía, MARTÍN MIGUEL DE GÜMES fue herido de muerte, en un enfrentamiento con una partida de las fuerzas realistas comandadas por JOSÉ MARÍA VALDEZ, que contó con la complicidad de sectores de la élite local opuestos a su gobierno.

Tras recibir el impacto, logró montar a caballo y alejarse hasta para dirigirse hacia la “Cañada de la Horqueta”, donde permaneció diez días en un improvisado catre, rechazando obcecadamente las propuestas que le hacían los realistas que le exigían la rendición de la ciudad y negándose incluso a que se le prestase asistencia médica.

Acompañado por su esposa CARMEN (para que ella viva mi muerte como ha vivido mi vida, dicen que dijo), duró diez días en su agonía y en medio de ella, tuvo fuerzas para arengar a sus gauchos, “los Infernales”, instándolos a seguir la lucha, a no rendirse jamás (2).

La historia hará de él: “El único general argentino muerto en combate” por una partida enemiga y en 2006 fue declarado “Héroe Nacional”, mientras que en el Buenos Aires de aquella época, algunos sectores de la élite salteña y porteña celebraban su muerte y la prensa fiel a Rivadavia, comentaba este deceso así: “Murió el abominable Güemes al huir de la sorpresa que le hicieron sus enemigos. Ya tenemos un cacique menos. (La Gaceta de Bs. As., 19 de Julio de 1821)”.

La tradición oral, menos científica pero no por ello menos cierta, dirá que fue un drama pasional y que el prócer fue herido por un marido engañado, una historia tuvo su punto de partida en una novela de FERNANDO RUFINO FIGUEROA titulada “Don Martín”, donde el autor hace hablar a los personajes de la novela, para denostar, en nombre del partido de “las clases altas” a Güemes (ver Güemes, Martín Miguel de).

“No se si sabrán que una noche en que el gaucho pícaro andaba a la deriva husmeando polleras, inesperadamente se le ocurrió hacer una visita a su amante, la Venus del Alto. (…) Parado frente a la puerta del alto, la Venus le abrió y…bueno, al cabo de un rato, el asistente gritaba desde afuera: ‘¡Tropas realistas a la vista mi comandante!’. Casi enseguida apareció por la puerta de calle, arreglándose la ropa todavía y montando salió huyendo”. Cuenta MITRE que     “cerca del lugar donde fue herido Güemes, quedó estampada en una losa, la señal de una herradura que, según la tradición, era una de las últimas pisadas de su caballo en las calles de su ciudad natal”.

(1). El mismo general Paz reprendía a sus soldados con términos tales como: ‘No grite que no somos gauchos.’.

(2). Y una vez más la historia nos demuestra que siempre hay más de una verdad. Crónicas de la época desmienten esta versión sobre la presencia de CARMEN junto a su esposo, diciendo que «Al enterarse de la muerte de su esposo perdió el conocimiento durante varias horas. Cuando lo recuperó se cortó el pelo, se envolvió en una túnica negra y se arrodilló a rezar en un rincón de su habitación. Pasaron los días sin que se recuperara. Finalmente, llamó a su padre para que la recostaran en el lecho y previamente la vistieran con el traje de novia. Así murió, diciendo que partía a reunirse con su esposo.Era el 3 de abril de 1822, meses después de la muerte de su esposo.

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