MARIQUITA SÁNCHEZ Y SU HISTORIA DE AMOR (1805)

MARIQUITA SÁNCHEZ, una niña mimada de la pacata sociedad porteña de 1800, protagoniza un episodio que escandaiizó a sus mayores, pero que los jóvenes de su generación, exaltaron como el triunfo del amor por sobre las normas sociales de la época.

Cuenta Horacio Salduna en su interesante libro: “Amores en la historia argentina” que por el año 1805, lo único interesante que había sucedido en Buenos Aires era el casamiento de Mariquita Sánchez de Velazco, con su primo segundo Martín Jacobo Thompson.

Archivo:María Sánchez de Thompson.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Era Thompson un joven acostumbrado a sufrir. Durante su infancia, a los diez años de edad, falleció su padre; y su madre, en razón de un juramento que había hecho a su esposo, se recluyó a perpetuidad, en el convento de las carmelitas. Martín intentó en cierta oportunidad tomar contacto con ella e ingresó al convento disfrazado de proveedor de leña. Individualizó a su madre y se le acercó, pero fue tratado con indiferencia. Ese dolor lo llevó quizá a ser más fuerte para afrontar los hechos que viviría posteriormente, al final de su vida.

Martín frecuentaba la casa de su prima segunda Mariquita, cuyo padre Cecilio Sánchez, oriundo de Granada, era un rico comerciante local. Su casa era un conocido centro de “Tertulias” en el Buenos Aires colonial. Los padres de Mariquita habían preparado un casamiento más provechoso para su hija, y tal como era habitual en aquel entonces, acordaron su matrimonio con otro primo; éste mucho mayor que Mariquita y muy rico, llamado Diego del Arco.

Cuando Mariquita manifestó que estaba enamorada de Martín. Su padre logró que el joven marino fuera destinado a Montevideo. Desde allí regresaba subrepticiamente y se acercaba a la casa de Mariquita disfrazado de aguatero, para poder acercarse a ella sin temor. El amor de los jóvenes crecía en igual proporción que los preparativos de la boda de Mariquita con Diego de Arco.

Las súplicas de la joven no fueron escuchadas y el día del compromiso llegó. La casa de Mariquita (En la actual calle Florida) se vistió de fiesta. Cientos de personas llegaron a los festejos. Pero Mariquita no bajaba de su habitación. Permanecía recluida. Ajenos a lo que estaba sucediendo, los invitados, que saludaban al novio próximo a comprometerse, apenas advirtieron la llegada de un juez enviado por el Virrey, para verificar si ambos novios prestaban su consentimiento al compromiso que iban a asumir.

Fue en esos momentos que Mariquita se hizo presente en la reunión y ante el asombro de todos, cuando el juez le preguntó si aceptaba comprometerse con el Sr. Diego de Arco, su respuesta terminante fue: “¡No, no quiero!”, con lo que el compromiso no se consumó, ya que se aplicó lo reglamentado por las Leyes de Indias, cuya cumplimentación Mariquita había solicitado y mientras las personas mayores desaprobaban la actitud rebelde de Mariquita, sus amigos festejaron ruidosamente la misma.

Luego de tan bochornoso episodio, Mariquita fue recluida para que reflexionase sobre su vida, durante nueve días, en el convento de la actual Avenida Independencia, y Martín trasladado a Cádiz. La distancia lejos de separarlos los unió más. Ambos iniciaron un “Juicio de disenso” que las leyes de la época contemplaban. Fue el primero que se realizaba en las colonias españolas de América. El hecho tuvo una gran repercusión tanto en América como en España. En esa época se decía que la obra de teatro de Fernández de Moratín, recientemente aparecida en Madrid, había sido inspirada en el amor de estos dos jóvenes del Río de la Plata.

Esta obra se representó en Buenos Aires el 24 de junio de 1806 en el Teatro de la Ranchería. Ese día Beresford desembarcó en Quilmes y el mismo Thompson fue el encargado de comunicarle al Virrey Sobremonte la iniciación del inesperado ataque.

Mariquita y Martín se casaron, tuvieron muchos hijos y siguieron con la tradición familiar de las “Tertulias” en su casa donde, según cuenta la tradición, San Martín conoció y se enamoró de Remedios Escalada. También en su casa se cantaron las estrofas del Himno Nacional Argentino, en unas de sus primeras jornadas.

Martín terminó años después demente en EE.UU. a donde había ido en función diplomática y donde perdiera el apoyo de Pueyrredón por haber trabado amistad con Carreras, Manuel Moreno y Dorrego, todos ellos exilados por razones políticas. Murió en el barco que lo traía de regreso a Buenos Aires en estado de demencia (ver Thompson, Mariquita Sánchez de).

 

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