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DÍAZ, PEDRO JOSÉ (1800-1857)
Coronel. Nació en Buenos Aires (o Mendoza?) el 17 de mayo de 1800. Valeroso soldado de las guerras de la Independencia. A los trece años escasos, ingresó como Cadete, en el Segundo Batallón del Regimiento 8 de línea y formó parte de las fuerzas que, al mando de Manuel Dorrego, el 6 de octubre de 1814, en “Marmaraja”, derrotó al célebre Teniente ORTOGUÉS, que actuaba a las órdenes del caudillo oriental JOSÉ GERVASIO DE ARTIGAS y estuvo luego en la derrota de los Guayabos.
Vuelto a Buenos Aires con su Batallón, fue ascendido al grado de teniente segundo y destinado a guarnecer las fronteras de Santa Fe. En 1816, ya con el grado de teniente, partió de Buenos Aires como integrante de las fuerzas que se enviaron a Mendoza para incorporarse al Ejército de los Andes y combatió en Chacabuco y Maipú, destacándose en ambas acciones por su valor y sangre fría. En la sorpresa de Cancha Rayada reunió 500 soldados dispersos y rescató una pieza de artillería y varias cargas de municiones que presentó a Las Heras. Por estos hechos mereció un ascenso, y fue recomendado al general SAN MARTÍN.
Terminada la Campaña Libertadora a Chile, se incorporó al Ejército libertador del Perú y participó en la campaña de las Sierras, bajo el mando del general Álvarez de Arenales y en la de los “puertos intermedios”, bajo las órdenes del general San Martín. Tomó parte en el asalto del Callao y en las batallas de Torata, Moquegua y Pircó. Tuvo el honor de ser el primer oficial que entró en la ciudad de Lima, luego de su rendición y en sus “Memorias” cuenta con explicable orgullo cómo “San Martín en persona”, le ordenó marchar con la compañía a ocupar Lima, al día siguiente de ser abandonada por los españoles y añade: “Tuve la gloria de ser el primer oficial del ejército libertador que pisaba los salones del palacio de los virreyes”.
Prisionero en la triste sublevación del Callao, obtuvo la libertad después de Ayacucho, regresando a la Patria con el grado de sargento mayor. Actuando bajo las órdenes del Coronel OLAVARIA, se le confió la misión de reorganizar el Regimiento de Lanceros Nº 16, en cuyas filas marchó hacia la guerra con Brasil. Tomó parte en la batalla de Ituzaingó y allí ascendió al grado de Teniente coronel, por mérito de su heroico comportamiento y se le otorgaron los cordones de plata. Regresó a Buenos Aires y posteriormente actuó en los hechos más importantes que se desarrollaron en su época, participando, sin quererlo, en las luchas civiles que se sucedieron después de la revolución del 1° de diciembre de 1828, encabezada por LAVALLE contra el Gobernador de Buenos Aires MANUEL DORREGO y en cuyas filas revistó el coronel Díaz, combatiendo en Navarro y Puente de Márquez el 26 de abril de 1829.
Luego de la derrota a manos de Juan Manuel de Rosas se exilió en Montevideo, siguiendo a Lavalle. Allí se dedicó al comercio, apartado completamente de la actividad militar, hasta que en 1837, se unió con Lavalle a la revolución que encabezó Fructuoso Rivera, contra el gobernador rosista Manuel Oribe y se batió en el combate del Palmar. En 1839, siempre bajo las órdenes de Lavalle, participó de la invasión a la provincia de Entre Ríos y el 22 de setiembre de ese año estuvo en el combate de Yeruá.
El 10 de abril de 1840, tuvo una destacada actuación en el combate de Don Cristóbal, donde vencieron a las tropas de Pascual Echagüe y luego en julio, formando parte de la “Legión Libertadora” organizada por Lavalle para atacar a Rosas en su propio reducto, participó en la invasión a la provincia de Buenos Aires y siguió con Lavalle en su inexplicable retirada hacia la provincia de Santa Fe. Allí fue actor principal en la derrota y captura del jefe de esa guarnición, el general Eugenio Garzón.
En marcha hacia la provincia de Córdoba, el general Díaz en noviembre de 1840, participó en el combate de Quebracho Herrado y ante la inminente derrota a manos de las fuerzas rosistas y la orden de Lavalle de retirarse, le dijo al portador de esa orden: “Dígale al general Lavalle que, donde mueren sus hombres, muere el coronel Díaz». Luego de la derrota, fue tomado prisionero junto a sus soldados para quienes pidió misericordia, sin poder impedir que varios de sus camaradas unitarios fueran ejecutados. Fue eliminado del escalafón militar y encarcelado en la prisión de Santos Lugares. Nueve años estuvo preso en las cárceles de Juan Manuel de Rosas, hasta que en 1849, fue liberado y por orden de Juan Manuel de Rosas, ante quien el coronel Antonino Reyes había intercedido en favor de Díaz, fue reincorporado al servicio activo y se le repuso en su grado.
En 1851, ante el avance hacia Buenos Aires del Ejército Grande, al mando del general Justo José de Urquiza, aliado con el imperio del Brasil, sin dudarlo y sin ocultar su condición de unitario, se puso a las órdenes de Rosas, considerando como una traición a la patria, la participación de tropas extranjeras en los asuntos que solamente concernían a los argentinos y el 3 de febrero de 1853, se batió en Caseros integrando las fuerzas de Juan Manuel de Rosas, al comando de la infantería federal. Se batió valientemente y solamente cuando el coronel Martiniano Chilavert (otro unitario que combatió con Lavalle en 1839), se quedó sin municiones para sus cañones, abandonó sus posiciones, tratando de salvarles la vida a los pocos soldados que quedaban en pie. Fueron así estos bravos soldados (curiosamente dos unitarios que por defender el honor de su patria se habían pasado de bando), quienes fueron los últimos en rendirse. Al día siguiente Chilavert fue fusilado por orden de Urquiza, que lo acusó de traición y Díaz tuvo más suerte, pues se le perdonó la vida a instancias de varios amigos que tenía entre las fuerzas unitarias.
Después de Caseros, fue nombrado capitán del puerto de Buenos Aires y participó en la revolución del 11 de setiembre de 1852, que se produjo en disconformidad con el gobierno de Urquiza..En setiembre de1552 fue ministro de guerra del gobernador Manuel Guillermo Pintos durante el sitio de Buenos Aires, impuesto por el coronel Hilario Lagos, en cumplimiento de lo ordenado por Urquiza. Tras la muerte de Pinto y el final del sitio en julio de 1853, se retiró a la vida privada, especialmente disgustado por el juicio contra su amigo Reyes, en que se pretendía condenarlo a muerte.
En 1856 fue nombrado nuevamente jefe de Estado Mayor del Ejército del Estado de Buenos Aires. Enfermó gravemente por haberse expuesto al sol muchas horas, al concurrir al sepelio de su amigo de la época de la campaña del Perú, el coronel José Melián y falleció en Buenos Aires en 12 de diciembre de 1857, luego de haber participado, según consta en su foja de servicios, en catorce campañas y de recibir las condecoraciones otorgadas por el sitio de Montevideo, Chacabuco, Maipú y la toma del Callao, más los “cordones de plata” conquistados por su participación en la batalla de Ituzaingó.
Su absoluta identificación con sus responsabilidades castrenses y su honorable patriotismo, sin mezclarse en política, hizo que en algunas circunstancias, sus lealtades se vieran confundidas y si bien siempre fue un eficaz y leal soldado de Lavalle, cuando sus convicciones y el sentido del honor se lo impusieron, sin renegar de su condición de unitario, combatió al lado de quien fuera su encarnizado enemigo, para rechazar la presencia de tropas extranjeras en nuestro suelo.