COMBATE DE PEHUAJÓ (31/01/1866)

La guerra con Paraguay comenzó con la invasión del Mato Grosso por parte del ejército paraguayo. A continuación, el presidente del Paraguay. mariscal FRANCISCO SOLANO LOPEZ , pidió autorización al gobierno argentino para cruzar su territorio para atacar al imperio de Brasil en el Estado de Río Grande del Sur.

La negativa argentina provocó la invasión paraguaya de Corrientes en abril de 1865, pero derrotados los paraguayos en Yatay (17 de agosto de 1865) y luego de la rendición de Uruguayana (18 de setiembre de 1865) y con su flota destruída en la batalla del Riachuelo (11 de junio 1865), LÓPEZ se vió obligado a retirar su ejército de la provincia de Corrientes. La evacuación de la provincia fue completada a principios de noviembre de 1865.

El Ejército paraguayo, debió pasar a ocupar entonces una posición defensiva en su propio país, instalando dos escenarios: por un lado, la Fortaleza de Itapirú, en la margen derecha del río Paraná, defendida por un gran número de cañones. Por otro lado, aguas arriba del río Paraguay, las fortalezas de Curupaití y Humaitá que debían impedir el avance de las flotas enemigas por el río, y de los ejércitos de tierra por la costa.

Las tropas paraguayas no se limitaron a esperar el avance de sus enemigos: en partidas de 200 hombres o más, realizaban continuos ataques a las costas correntinas. Cruzaban el río Paraná en botes o canoas, sin que la escuadra brasileña, que casi podía ver la maniobra, hiciera nada por impedirlo. Al llegar a tierra, usualmente les salían al cruce cuerpos de caballería de las divisiones de NICANOR CÁCERES o de MANUEL HORNOS, que estaban acampados al noreste de Ensenaditas. Estas operaciones no producían otro fruto que alguna rapiña de reses vacunas, a costa de algunos muertos; el único efecto militar positivo fue el desánimo entre los soldados correntinos, que no duraría mucho.

La batalla
Finalmente, el 30 de enero, BAROLOMÉ MITRE decidió escarmentar a los paraguayos y envió a su encuentro a la división “Buenos Aires”, comandada por el general EMILO CONESA, con casi 1600 hombres, casi todos ellos gauchos de la provincia de Buenos Aires, mucho más aptos para caballería que para la infantería en que revistaban.

El 31 de enero de 1866, unos 250 de ellos fueron desembarcados inicialmente, comenzando el operativo, que contemplaba el envío de más efectivos en días siguientes y luego de avanzar unos kilómetros, llegaron hasta el Arroyo Pehuajó, del otro lado del cual había unos corrales, donde los esperaba el general CONESA.

Los gritos de júbilo, anticipando un rápido triunfo sobre los paraguayos, alertó a éstos de su presencia y rápidamente el jefe paraguayo, teniente CELESTINO PRIETO, inició la retirada, por lo que CONESA lanzó a sus tropas a una carga masiva y directa sobre ellos. Los paraguayos se parapetaron en los bosques tras al arroyo y tomaron una posición defensiva, desde la cual dispararon a mansalva sobre las tropas argentinas. Al mismo tiempo, desde la costa paraguaya, fueron enviadas dos refuerzos militares más, unos 200 hombres al mando del teniente SATURNINO VIVEROS, y luego otros 700, al mando del teniente coronel JOSÉ EDUVIGES DÍAZ.

Los soldados argentinos, desacostumbrados al terreno en que combatían, al desplazamiento a pie y con botas, e intentando defenderse en medio de un descampado, de tiradores parapetados en un bosque y por detrás de un arroyo, fueron cayendo de a decenas.

El general MITRE, que podía oír desde su campamento el tiroteo, no envió ningún refuerzo a las tropas de CONESA. Ni siquiera ordenó al general MANUEL HORNOS, cuya caballería estaba a menos de una legua de allí, avanzar en su ayuda. Recién al caer el día, tras más de cuatro horas de combate, ordenó la retirada de las tropas de Conesa. La batalla había causado casi 900 bajas en las fuerzas argentinas, entre muertos y heridos, contra 170 bajas paraguayas.

Al anochecer, los paraguayos reembarcaron y se retiraron a su propia costa, en momentos en que llegaba a la zona la división del coronel IGNACIO RIVAS, que había sido enviada en apoyo de CONESA después de haberse ordenado a este retirarse.

Las causas de la falta de apoyo de MITRE a CONESA son discutidas: los historiadores clásicos se dividen entre quienes la atribuyen a un descuido o error de comunicaciones y quienes suponen una animosidad de MITRE hacia CONESA. Por su parte, los historiadores revisionistas, siguiendo a José María Rosa, adjudican el error a ineptitud militar de MITRE, o bien suponen que este, tal como sostuvo el historiador CARLOS D’AMICO, deseaba la muerte de los gauchos bonaerenses, a quienes suponía de simpatías federales y de sus oficiales, muchos de ellos opositores de su gobierno (ver La Guerra con Paraguay).

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