PRIMERA INVASIÓN DE LOS INGLESES (08/06/1806)

El 8 de junio de 1806, el comodoro inglés HOME POPHAM, transportando en su escuadra, a una nutrida fuerza de combate al mando del Mayor General GUILLERMO CARR BERESFORD, entró con sus fuerzas en el Río de la Plata, llevando en su pensamiento, más que la libertad, la conquista de estas posesiones españolas.

Antecedentes
A fines de 1805, desde el puerto e Buenos Aires, sin atinar a comprender la razón de esta presencia, el bergantín “Antílope” de la armada británica, echa anclas a la vista del Fuerte de Buenos Aires y permanece allí inmóvil durante varias horas, hasta que sigilosamente leva anclas y se retira.

Luego se sabrá que tan misteriosa presencia, le permitió al almirantazgo inglés, tomar datos sobre la profundidad de las aguas y sus corrientes, vientos predominantes en la zona, estado de alerta de la defensa y otros datos que le serían  de utilidad en la invasión que preparaban para el año siguiente.

14 de abril de 1806
PARTEN HACIA EL RÍO DE LA PLATA LAS FUERZAS INVASORAS INGLESAS El 14 de abril de 1806, zarpa desde la ciudad de El Cabo rumbo al Río de la Plata el Comodoro inglés, HOME RIGGS POPHAM al mando de una fuerte escuadra, compuesta por doce embarcaciones en total, incluyendo 5 navíos de guerra (“Narcissus”, “Diadema”,” Encuentro”, “Diomedes” y “Razonable”) con 50 a 64 cañones cada uno, 5 jefes, 8 oficiales de marina, 46 oficiales de las armas, 99 suboficiales, 1.466 soldados de Infantería, 8 cañones de campaña, varios transportes y 2 médicos.

En el mes de enero anterior POPHAM había participado en la toma de la ciudad de El Cabo, posesión de Holanda, aliada de Napoleón en guerra con Inglaterra.

Sus órdenes eran continuar a la India después de posesionarse de El Cabo, pero en febrero tuvo noticias de que allá había terminado la lucha y que el Almirante NELSON  había triunfado en Trafalgar, destruyendo la flota española.

Como Popham había servido de intermediario entre el gobierno inglés y el general venezolano FRANCISCO MIRANDA, que buscaba apoyo para lograr la independencia de las colonias españolas en América, el Ministro inglés PITT estaba dispuesto a secundarlo y por eso decidió enviar precisamente a POPHAM para ayudar a MIRANDA.

En su defensa en el juicio que se le abrió en Londres, después del fracaso de su incursión al Río de la Plata alegó que “las causas que habían contribuido a suspender cualquier expedición a América del Sur como una cuestión de prudencia, habían desaparecido repentinamente. Yo bien sabía –agregó – que ese era el pensamiento favorito del señor PITT”.

2 de mayo de 1806
El 2 de mayo de 1806, el Comodoro HOME POPHAM en su viaje con destino al Río de la Plata, con la escuadra a su mando, hace escala en la Isla Santa Elena.

8 de junio de 1806
LOS INVASORES LLEGAN AL RÍO DE LA PLATA. El 8 de junio de 1806, el Comodoro inglés HOME POPHAM, transportando en su escuadra a una nutrida fuerza de combate al mando del Mayor General GUILLERMO CARR BERESFORD, entró con sus fuerzas en el Río de la Plata, llevando en su pensamiento, más que la libertad, la conquista de estas posesiones españolas.

9 de junio de 1806
DESDE MONTEVIDEO ES AVISTADA LA ESCUADRA INGLESA. El 9 de junio de 1806, la escuadra inglesa es avistada desde Montevideo por el vigía de Maldonado, quien dio aviso al Gobernador de Montevideo, PASCUAL RUIZ HUIDOBRO. Este informó inmediatamente al Virrey RAFAEL DE SOBREMONTE, quien creyó que el ataque sería dirigido contra Montevideo, por ser puerto de aguas más profundas y no dispuso medidas para el caso de un ataque a Buenos Aires.

10 de junio de 1806
ES AVISTADA LA ESCUADRA INGLESA DESDE LA ENSENADA DE BARRAGÁN. El 10 de junio de 1806, desde la Ensenada de Barragán se avista a lo lejos, la flota inglesa que venía al mando del Comodoro HOME POPHAM.

Estas fuerzas invasoras, que habían entrado al estuario del Río de la Plata dos días antes, en un simulacro de desembarco, pasa frente a la ensenada de Barragán, que estaba al mando del Capitán de navío SANTIAGO DE LINIERS y a la mañana siguiente, se dirige hacia Quilmes, el verdadero lugar que había elegido para el desembarco.

23 de junio de 1806
LOS INGLESES FRENTE A LAS COSTAS DE QUILMES. El 23 de junio de 1806, la escuadra inglesa al mando del Comodoro POPHAM llegó frente a las costas de Quilmes. Al sur de Buenos Aires y prepara su desembarco.

25 de junio de 1806
LOS INGLESES DESEMBARCAN EN LA PLAYA DE QUILMES. Mientras la flota inglesa que los había traído, bloquea el Puerto de Buenos Aires, mil seiscientos hombres con artillería al mando del general GUILLERMO CARR BERESFORD, el 25 de junio de 1806, desembarcaron en la playa de Quilmes, provincia de Buenos Aires.

El virrey del Río de la Plata, RAFAEL DE SOBREMONTE que se encontraba en el teatro asistiendo a una función de “El sí de las niñas”, fue informado del desembarco de las tropas británicas y antes de emprender un apresurado viaje hacia Luján, llevando los caudales reales en un intento de salvar esos bienes públicos, cumpliendo así con las disposiciones hispánicas establecidas para esa emergencia, ordenó enviar 400 milicianos para retardar el avance de los invasores y preparar la defensa de la ciudad.

Desapercibida como estaba la ciudad de Buenos Aires, no pudo ofrecer una resistencia organizada. Solamente atinó a convocar las escasas tropas disponibles y así se logró reunir una precaria fuerza compuesta por una Compañía del Regimiento de Infantería de Buenos Aires, compuesta por apenas 50 hombres recién reclutados; el Batallón de Voluntarios de Infantería, con unos 500 hombres, el Regimiento de Voluntarios milicianos, el Batallón del Comercio y la Compañía de Voluntarios de Artillería.

Toda la tropa sin instrucción y sin comandos preparados. El resultado tenía que ser por lógica, la derrota de los criollos y la ocupación de Buenos Aires no podía tardar mucho en producirse.

«Buenos Aires era una aldea de casas bajas, blanqueadas a la cal, con techos de azoteas muchas de ellas, como no se veían en otras ciudades del Virreinato, a excepción de la ciudad de Montevideo; muchas iglesias, una población que apenas llegaba a los 40.000 habitantes,  calles de tierra, imposibles de transitar cuando llovía y muy mal iluminadas por medio de faroles con velas de sebo.

En esos días, “España se debilitaba ante el avance de Napoleón e Inglaterra, potencia marítima, buscaba nuevos puertos para comerciar. Tenía dos caminos: esperar que Buenos Aires se independizara o llegar a la fuerza. El 25 de junio de 1806, eligió el último: la flota británica desembarcó, bajo la lluvia, en las playas de Quilmes al mando del general Beresford. Cuando llegaron a Buenos Aires la población se debatía entre la aceptación y el rechazo” (dixit Laura Gentile).

26 de junio de 1806
EN MARCHA HACIA EL FUERTE DE BUENOS AIRES. La poderosa fuerza de veteranos que al comando de  CARR BERESFORD formaba parte de la expedición que venía al mando de HOME POPHAM, una vez desembarcadas, el 26 de junio de 1806 emprenden la marcha hacia el Fuerte de Buenos Aires con la intención de neutralizarlo que consideraban el primer y más peligroso obstáculo a vencer, para conquistar la ciudad.

Pero el camino elegido para llegar allí resultó pantanoso y las tropas tuvieron que atravesar dos millas de bañado con el agua hasta las rodillas, pero inexplicablemente, sin haber sido mayormente hostigados durante su avance.

Las fuerzas británicas (unos 1.641 hombres), luego de desbandar a un cuerpo de 400 milicianos y blandengues encabezados por PEDRO DE ARCE, continúan su avance y se dirigen hacia el Fuerte de Buenos Aires. En su retirada, las tropas de Arce, incendian el Puente Gálvez sobre el Riachuelo, intentando con ello, detener a los ingleses.

MANUEL BELGRANO ES DERROTADO EN LA BARRANCA DE MARCO. Producida la primera Invasión inglesa, MANUEL BELGRANO, a quien el virrey Melo le había conferido el cargo de  capitán honorario de milicias urbanas, en 1805, se encuentra frente al enemigo en la Barranca de Marco. Es apenas una escaramuza, tanto que el propio BELGRANO llama “fuegos fatuos” a las descargas que hacen sus camaradas, milicianos tan improvisados como él. Las tropas se repliegan.

27 de junio de 1806
LOS INVASORES ENTRAN EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. En la mañana del día 27 de junio de 1806, GUILLERMO CARR BERESFORD, al frente de su columna de veteranos ingleses cruzaron el Riachuelo venciendo la escasa resistencia ofrecida por los criollos y entraron a tambor batiente y con banderas desplegadas en la gran aldea, entre el estupor y desconcierto del vecindario indignado, ocupando casi sin combatir, una plaza de 45.000 habitantes, abandonados a su suerte por quienes no supieron defenderlos.

Un documento de la época que fuera encontrado y que contiene interesantes observaciones del Capitán ALEXANDER GUILLESPIE, un oficial inglés que desembarcara con las tropas que al mando de BERESFORD invadieron  Buenos Aires en 1806, refleja algunos aspectos desconocidos de aquellas jornadas:

““Los balcones de las casas estaban alineados con el bello sexo que daba la bienvenida con sonrisas y no parecía de ninguna manera disgustados por el cambio”.

El general BERESFORD entró en la ciudad bajo un fuerte aguacero; siguió por la calle Defensa (entonces de la Residencia) y a las cuatro de la tarde se posesionaba de la Fortaleza al son de las gaitas del regimiento escocés de Montañeses, número 71, cuerpo orgulloso de su limpia historia militar, pues hasta entonces jamás había sido vencido.

La guarnición del fuerte arrió pabellón y se entregó prisionera. Beresford, así que se hubo instalado, exigió la entrega de los caudales públicos y dio una proclama a los habitantes de la ciudad, garantizando la administración de justicia por sus propios tribunales, el respeto a la propiedad privada y el libre ejercicio de la religión católica.

La impresión del pueblo fue tan honda, que se vio a los hombres por calles y plazas llorar de ira y de vergüenza. El joven doctor MARIANO MORENO escribió: “…yo he visto en la plaza (de Buenos Aires) llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba y yo mismo he llorado más que otro alguno cuando vi entrar soldados ingleses que, apoderándose  de mi patria, se alojaron en el Fuerte y demás cuarteles de esta ciudad”.

27 de junio de 1806
CAE EL FUERTE DE BUENOS AIRES. El 27 de junio de 1806, el general BERESFORD entró en la ciudad bajo un fuerte aguacero; siguió por la calle Defensa (entonces de la Residencia) y a las cuatro de la tarde se posesionaba del Fuerte de Buenos Aires al son de las gaitas del regimiento escocés de Montañeses, número 71, cuerpo orgulloso de su limpia historia militar, pues hasta entonces jamás había sido vencido.

La guarnición del fuerte arrió pabellón y se entregó prisionera. BERESFORD, así que se hubo instalado, exigió la entrega de los caudales públicos y dio una proclama a los habitantes de la ciudad, garantizando la administración de justicia por sus propios tribunales, el respeto a la propiedad privada y el libre ejercicio de la religión católica.

28 de junio de 1806
EL VIRREY SOBREMONTE VIAJA A CORDOBA. Dejando el tesoro en el Cabildo de Luján (que luego fue tomado por los ingleses y repartido más tarde en Inglaterra entre los participantes de la invasión), el 28 de junio de 1806, el virrey SOBREMONTE partió hacia Córdoba con la intención de organizar allí una fuerza que le permitiera oponérsele a los invasores ingleses.

28 de junio de 1806
LA BANDERA INGLESA FLAMEA EN EL FUERTE DE BUENOS AIRES. En la madrugada del 28 de junio, es  izada por primera vez en el Fuerte de Buenos Aires, la bandera inglesa. Desde la víspera, las fuerzas británicas ocupan la ciudad de Buenos Aires y general CARR BERESFORD se constituye en su gobernador.

46 DÍAS DE GOBIERNO INGLÉS EN BUENOS AIRES. Durante 46 días, hasta el 12 de agosto, los porteños iban a estar sometidos al poder del invasor. No fue, sin embargo, una dominación despótica. Todas las medidas del jefe inglés demostraron su intención de no irritar a los habitantes de Buenos Aires y procuró granjearse su confianza.

En su primer bando, ratificó las leyes españolas vigentes, confirmó a los funcionarios públicos en sus puestos y se comprometió a brindar su protección a la Iglesia Católica, a las personas privadas y a sus propiedades.

Aparentemente, el único cambio producido era el reemplazo del virrey por el general BERESFORD y del pabellón español por el inglés, pero para los porteños, eso era bastante.

A los funcionarios de la ciudad les tocaría pasar el trago más amargo: fueron convocados por el gobernador para rendir juramento de lealtad a Su Majestad Británica y casi todos lo hicieron. En nombre de las comunidades religiosas, el prior de los dominicos, fray GREGORIO DE TORRES, prometió ante BERESFORD la fidelidad que se les reclamaba. No obstante, el día del juramento hubo una ausencia notoria: el superior de los bethlemitas del Hospital, fray NICOLÁS DE SAN MIGUEL, no firmó y perdió su cargo.

MANUEL BELGRANO, por su parte, en una retirada prudente, se trasladó a su campo de Mercedes, en la Banda Oriental, para no verse obligado a jurar. Los comerciantes y vecinos principales tenían que documentar su juramento, voluntariamente, ante el capitán GILLESPIE, que actuaba como Comisario de prisioneros.

Solamente 58 ciudadanos de Buenos Aires lo hicieron. Los ingleses dispusieron luego la internación de todos los militares que habían sido hecho prisioneros, en la cárcel la ciudad, con prohibición de salir de ella. Se exceptuó de este compromiso a los jefes y oficiales que prometieran, bajo palabra de honor, no volver a tomar las armas contra Inglaterra.

Mientras tanto, los oficiales ingleses alternaban con las familias más distinguidas de Buenos Aires. Fueron alojados en sus casas, donde también se sucedieron las fiestas en homenaje a los militares invasores, quienes allí pudieron admirar la destreza de las elegantes damas porteñas para recitar y tocar el piano o la guitarra.

Por las tardes era frecuente ver a las SARRATEA, las MARCÓ DEL PONT, las ESCALADA… las hijas de los hogares más aristocráticos de la ciudad, paseando por la Alameda (actual calle Leandro N. Alem), del brazo con los “herejes”, como llamaba el pueblo a los ingleses por su confesión protestante.

Sin embargo, esta cara amable de la convivencia con las fuerzas dominadoras tenía su reverso: pasado el estupor de los primeros días, los patriotas comenzaron a montar una sorda y vasta conspiración para echar al invasor.

El factor religioso fue utilizado, a manera de arma psicológica, para fomentar la deserción de soldados irlandeses o extranjeros de confesión católica. Algunos soldados ingleses, de guardia en las calles o frente a las pulperías –que según el censo levantado por los británicos en esos días eran seiscientas en toda la ciudad, aparecieron apuñalados. Detrás de la obediencia formal y de las buenas maneras los porteños compartían una idea: desalojar a los ingleses de Buenos Aires.

29 de junio de 1806
BELGRANO SE FUGA PARA NO JURAR LEALTAD A LA CORONA. El 29 de junio de 1806, el capitán de milicias MANUEL BELGRANO, llamado por BERESFORD para prestar acatamiento a la dominación inglesa, como ya lo habían hecho los restantes miembros del Consulado, se fuga de Buenos Aires, pasando a la Banda Oriental.

30 de junio de 1806
APARECE EL PERIÓDICO “LA ESTRELLA DEL SUR”. Durante la dominación inglesa, el 30 de junio de 1806,  aparece en Montevideo el periódico bilingüe “La Estrella del Sur”, (solo aparecieron siete números) impreso en una imprenta que trajeron los invasores y que luego quedó en Buenos Aires.

El periódico en cuestión publica órdenes, bandos y proclamas de las fuerzas inglesas, avisos comerciales al público y artículos de interés general. Su presentación era más ágil y atractiva que la de los diarios, que se editaban en Buenos Aires, debido a los medios técnicos superiores con los que contaban los ingleses. Se supo que la imprenta que lo editaba, llegó a la Banda Oriental, junto con una gran cantidad  de productos comerciales de toda índole, para ser vendidos a muy bajos precios.

2 de julio de 1806
BERESFORD OFRECE SEGURIDADES A LOS PORTEÑOS. El 2 de julio de 1806, el general BERESFORD publicó un Bando ofreciendo a la población de la ciudad y sus dependencias toda clase de seguridades, tanto de la propiedad privada como de sus archivos, dejando a su Cabildo y a todos los habitantes los derechos y privilegios que hasta entonces habían gozado; consignando también que:

La Curia eclesiástica seguirá en el pleno y libre ejercicio de todas sus funciones y precisamente en el mismo orden que antes” y dando otra prueba de “generosidad para con el enemigo vencido” en un nuevo intento de congraciarse con la población, pero que en realidad ponía en evidencia el fundamento mercantilista de su gestión.

Ordena devolver las 180 embarcaciones de cabotaje que habían sido capturadas por sus tropas y que, por derecho de guerra, le pertenecían. El comercio marítimo y fluvial continuó de ese modo desenvolviéndose normalmente en el litoral, por lo que, en rigor de verdad, las únicas reformas importantes dispuestas por los invasores fueron comerciales, pero la ciudad fue recuperada antes de que se pusieran en práctica.

3 de julio de 1806
Aparecen en Buenos Aires algunos ejemplares del periódico “LA ESTRELLA DEL SUR” que se edita en Montevideo. Se trata del  «The Southern Star» o sea, «La Estrella del Sur», impreso en esa ciudad cautiva, con el patrocinio del comandante de las tropas inglesas que la ocupan militarmente.

En un Bando publicado por el Cabildo se prevenía a los habitantes de Buenos Aires acerca del “carácter engañoso de esta publicación que  intenta presentar a los británicos no como a conquistadores, sino como a defensores de los derechos de los rioplatenses.

Aseguran que quieren emancipamos de la servidumbre del Imperio Español y que, sometiéndonos a Inglaterra, gozaremos de todos los derechos y privilegios que poseen los súbditos de S.M. Jorge III, especialmente de los beneficios del comercio, libre de exacciones injustas”.

Se sospechaba que entre 1os redactores de esta publicación figuraba MANUEL ANICETO PADILLA, que firmaba sus artículos con un seudónimo. Un personaje nacido en Buenos Aires y que era el mismo que ayudó a escapar al general BERESFORD, luego de su derrota durante la primera invasión inglesa y que seguía empeñado en «liberar» al Río de la Plata mediante la ayuda británica.

10 de julio de 1806
LOS VECINOS DE BUENOS AIRES EXIGEN DEPONER AL VIRREY. El 10 de julio de 1806, una “Junta de Guerra”, formada por vecinos de la ciudad, dispuso deponer al virrey RAFAEL DE SOBREMONTE, acusándoselo de haber sido incapaz para enfrentar la invasión de los ingleses y de tener una conducta equívoca, al abandonar la ciudad a su suerte.

Cobardía o previsión?. ¿Cobarde o previsor? ¿Traidor o leal? La historia no se pone de acuerdo sobre el más cuestionado de los virreyes que tuvo el Río de la Plata. Aunque el pueblo se volvió en su contra, como lo demuestran las coplas populares de la época, la personalidad del marqués SOBREMONTE sigue siendo un enigma.

SOBREMONTE, hacía dos años que gobernaba en el Río de la Plata y tenía prestigio como buen funcionario de la colonia. Era un excelente administrador que trajo gran progreso con su gobierno, pero al producirse las invasiones inglesas demostró una completa incapacidad para hacer frente a los acontecimientos.

Desde hacía mucho tiempo que SOBREMONTE tenía advertida a la corona española acerca de una posible invasión de los ingleses y al no recibir respuestas, como única precaución, el virrey mandó reforzar las defensas de Montevideo a costa de la seguridad de Buenos Aires.

Pero pasaron muchos meses sin que se produjera ninguna novedad y las tropas bajaron la guardia. Producida entonces la invasión de los ingleses en junio de 1806 a Buenos Aires, sólo el coraje de los habitantes de esta ciudad, dirigidos, no por la autoridad del virrey, sino por SANTIAGO DE LINIERS  y otros patriotas, pudo conjurarse temporariamente esta situación.

12 de julio de 1806
BERESFORD FRUSTRA UN INTENTO DE SUBLEVACIÓN DE LOS ESCLAVOS. Fiel a la política de apaciguamiento que se había trazado, el General BERESFORD, nuestras se desempeñaba como Gobernador de facto de Buenos Aires, el 12 de julio de 1806, desalentó un incipiente movimiento de emancipación que se produjo entre los esclavos y les recordó la obligación que tenían de mantenerse sujetos a sus dueños, estableciendo severas penas pare los que trataran de liberarse.

14 de julio de 1806
LOS INGLESES FUNDAN UNA LOGIA MASÓNICA. Según trascendidos, los británicos, durante su permanencia como invasores a la ciudad de Buenos Aires, el 14 de julio de 1806 fundaron la logia masónica “Estrella del Sud”, situada en la calle San Carlos (hoy Alsina) e “Hijos de Hiram”, establecida en la calle San Cosme y Damián (actualmente Bernardo de Irigoyen).

16 de julio de 1806
BELGRANO SE INICIA EN LA CARRERA DE LAS ARMAS. El capitán de milicias MANUEL BELGRANO se presenta ante el nuevo jefe de  la «Legión de Patricios Voluntarios de Infantería», (hoy Regimiento Patricios), el coronel CORNELIO SAAVEDRA (fue nombrado el 13 de julio de 1806) y a partir de entonces, el abogado, el teórico, el tratadista se interesa por la táctica, el manejo de las armas y las cuestiones de la guerra y lo hace con tanto empeño, que en poco tiempo el alumno se convierte en maestro. . Desde este día –dice en su autobiografía- contraje con empeño al estudio de la táctica y tomé maestro que me enseñase el manejo de armas”.

17 de julio de 1806
MANUEL BELGRANO ASUME COMO AYUDANTE DE SAAVEDRA. El 17 de julio de 1806, el capitán de milicias MANUEL BELGRANO es nombrado ayudante de campo de Saavedra y durante la primera invasión de los ingleses, se desempeña en ese cargo durante toda la defensa de la ciudad.

23 de julio de 1806
LINIERS PARTE HACIA COLONIA, DESDE MONTEVIDO. El Capitán de Navío SANTIAGO DE LINIERS, que había logrado pasar a Montevideo cuando los ingleses tomaron Buenos Aires, el 23 de julio de 1806, emprende la marcha hacia Colonia del Sacramento, con las fuerzas que le proporcionó el Gobernador de aquella plaza, PASCUAL RUIZ HUIDOBRO, en quien el virrey SOBREMONTE, antes de marcharse a Córdoba, había delegado “todo el mando de fronteras y partidos interiores”.

La amenaza contra Montevideo impedía a Ruiz Huidobro actuar personalmente en la liberación de Buenos Aires, por lo que consideró la propuesta de LINIERS como la mejor a su alcance. Pudo así contar Liniers para su expedición de reconquista con una fuerza compuesta por 50 veteranos, reforzados con 100 “miñones catalanes” y 100 milicianos de Montevideo.

25 de julio de 1806
LINIERS ORGANIZA EN COLONIA EL EMBARQUE DE SUS TROPAS. Llegado Liniers a Colonia del Sacramento, el 25 de julio de 1806, luego de que se le incorporaran otros 133 milicianos y 5 cañones, se dispuso a organizar el transporte de sus tropas en una flotilla que los debería llevar hasta la costa occidental del Río de la Plata para emprender la reconquista de Buenos. Aires.

30 de julio de 1806
COMIENZA A ORGANIZARSE LA RECONQUISTA DE BUENOS AIRES. A fines de julio, los planes para lograr la Reconquista de Buenos Aires, ya estaban en marcha. La mesura, los gestos de generosidad y el equilibrio de BERESFORD no habían logrado conquistar para Inglaterra la adhesión de los criollos, ni la de los españoles.

El Capitán de navío SANTIAGO DE LINIERS Y BREMOND, que se hallaba al servicio de España en la Ensenada de Barragán, libre de su compromiso de lealtad a la corona inglesa, exigido por CARR BERESFORD el 16 de junio de ese año a todos los jefes y oficiales y funcionarios de la ciudad y teniendo por eso, las manos y la conciencia libres para organizar la Reconquista, había podido pasar a Montevideo y se presentó ante el Gobernador PASCUAL RUÍZ HUIDOBRO para pedirle ayuda para realizar la reconquista de Buenos Aires.

Encontrando el buscado eco en el general español, éste le proporcionó toda clase de auxilios para la proyectada expedición, cuya base se componía de veteranos porteños que habían ido a reforzar la guarnición de aquella plaza, algunos criollos y cien catalanes, formando el todo unos seiscientos hombres

31 de julio de 1896
SOBREMONTE AL MANDO DE 3.000 HOMBRES, PARTE DESDE CÓRDOBA HACIA BUENOS AIRES, DISPUESTO A RECONQUISTAR BUENOS AIRES. RAFAEL DE SOBREMONTE logró reunir una fuerza de tres mil hombres con la que el 31 de julio de 1806 partió desde Córdoba y se dirige hacia Buenos Aires, para recuperar la capital del virreinato del poder de los ingleses.

1º  de agosto de 1806
COMBATE DE PERDRIEL. Combate desigual entre las tropas defensoras de su ciudad y los ingleses. El Comandante de fronteras ANTONIO OLAVARRÍA, a fin de proteger el desembarco de SANTIAGO DE LINIERS que venía con sus tropas desde Colonia del Sacramento para reconquistar Buenos Aires, en poder de los ingleses, se reunió con su Regimiento de Blandengues en el pueblo de Luján y en la Chacra de Perdriel se unió a las fuerzas que había logrado reunir JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, que había estado recorriendo la campaña de Buenos Aires con el fin de reclutar tropas.

El General inglés CARR BERESFORD informado de este movimiento, mandó al famoso regimiento N° 71 de Highlanders, con el objeto de atacar a los criollos en dicho lugar y a pesar de haber marchado durante toda la noche anterior, el 1º de agosto de 1806, atacaron vigorosamente a los criollos, produciendo el desbande de sus adversarios.

En este combate, una bala de cañón mató el caballo que montaba JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, quien apenas pudo salvar su vida saltando sobre el animal que montaba uno de sus soldados.

Así concluyó Perdriel. Con una derrota que sin embargo entro en nuestra Historia como un hecho que sintetiza los sentimientos de la población de Buenos Aires dominada por el invasor extranjero.

3 de agosto de 1806.
LINIERS PARTE DESDE COLONIA DEL SACRAMENTO PARA RECONQUISTAR LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. Con las tropas que salieron de Montevideo y con los nuevos recursos que se le habían incorporado en la Colonia del Sacramento, el 3 de agosto de 1806, el Capitán SANTIAGO DE LINIERS se embarcó en este puerto ocupando veinticinco buques que el Capitán de Fragata JUAN GUTIÉRREZ DE LA CONCHA había armado a la ligera, y tomó rumbo hacia el Paraná de las Palmas.

4 de agosto de 1806
LIBERTAD DE COMERCIO. El Comandante de las tropas inglesas que se habían apoderado de Buenos Aires, GUILLERMO CARR BERESFORD, entonces Gobernador de facto de la ciudad, el 4 de agosto de 1806, expidió un decreto declarando libertad de comercio en el Río de la Plata.

En el preámbulo se lee: “Por ahora se contenta el comandante británico con manifestar al pueblo que el sistema de monopolio, restricción y opresión ha llegado ya a su término; que podrá disfrutar de las producciones de otros países a un precio moderado; que las manufacturas y producciones de su país están libres de la trata y opresión que los agobiaba.” (más y mejores negocios para la corona, verdad?).

NUEVAS TARIFAS ADUANERAS. BERESFORD en su calidad de Gobernador de facto de Buenos Aires, el 4 de agosto de 1806, mediante un Bando, estableció nuevas tarifas para la importación y exportación.

Para las mercaderías extranjeras, que por las leyes españolas pagaban un arancel que oscilaba entre el 35 y el 42 por ciento, se redujo este derecho al 12 y medio por ciento si provenían de Inglaterra y al 15 y medio por ciento si procedían de Francia, Holanda o Alemania.

Paralelamente, se establecieron tarifas diferenciales para la exportación, en favor de Inglaterra, y se abolió el estanco (monopolio fiscal del tabaco) y de los naipes

4 de agosto de 1806
LINIERS ARRIBA A LAS CONCHAS CON SUS EFECTIVOS. El 4 de agosto de 1806, la expedición conducida por el capitán de navío SANTIAGO DE LINIERS, que era transportada en una flotilla armada y comandada por el Capitán de Fragata JUAN GUTIÉRREZ DE LA CONCHA, desembarcó en el pueblo de las Conchas (hoy Tigre), a siete leguas de Buenos Aires, donde se le reunió, un gran número de criollos voluntarios, precariamente armados, dispuestos a marchar al combate contra los invasores.

5 de agosto de 1806
EL MAL TIEMPO DETIENE LA MARCHA DE LINIERS. Las fuerzas que traía SANTIAGO DE LINIERS para reconquistar Buenos Aires, llegadas a la localidad de San Isidro el 5 de agosto de 1806, son detenidas por el mal tiempo, pero en la fecha, logran reanudar la marcha hacia Buenos Aires.

10 de agosto de 1806
EL VIRREY SOBREMONTE LLEGA A LUJÁN. El virrey Sobremonte, llega a Luján al mando de 3.000 hombres, para intentar la reconquista de Buenos Aires.

10 de agosto de 1806
LINIERS INTIMA LA RENDICIÓN DE LOS INGLESES. El 10 de agosto de 1806, SANTIAGO DE LINIERS, jefe de las tropas que venían desde la Banda Oriental, reforzadas con los criollos voluntarios provenientes de la campaña, llegó hasta los suburbios de esta ciudad y desde Miserere intimó la rendición del jefe inglés, General BERESFORD, quien la rechazó y expresó su decisión de entrar en combate.

11 de agosto de 1806
LINIERS Y PUEYRREDÓN ATACAN A LOS INVASORES. El 11 de agosto de 1806, las tropas de infantería de LINIERS, apoyados por las de caballería mandadas por el Comandante JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, atacaron a los efectivos ingleses que estratégicamente tomaron las calles de la ciudad para dispersar el centro de gravedad del ataque criollo y ese fue su gran error, pues ello permitió que ese día, se librara una batalla que hizo historia por la bravura, pero por sobre todo, por el ingenio que allí se desplegó.

12 de agosto de 1806
RECONQUISTA DE BUENOS AIRES. Después del combate de Perdriel, las tropas dispersas luego de esta acción, se habían reunido, con las traídas desde Montevideo por SANTIAGO DE LINIERS y los voluntarios que se le agregaron en Luján, dispuestos todos a atacar a los invasores para recuperar la ciudad de Buenos Aires.

Los efectivos criollos y españoles unidos en esta acción, sumaban 1.936 hombres, cinco cañones y dos obuses. La madrugada del día 12 de agosto de 1806, abandonando sus posiciones en Miserere, las fuerzas de LINIERS distribuidas en cuatro columnas, se encontraron con las tropas inglesas en posición defensiva, dentro de la Plaza Mayor y el Fuerte.

LINIERS que tenía todo dispuesto para iniciar el ataque recién al mediodía, por razones que no registra la Historia, ordenó un inmediato avance. A las nueve de la mañana entonces, el grueso de las fuerzas patriotas avanzó por la actual calle Florida hacia el sur. Otras columnas tomaron por diversas calles.

El Regimiento N ° 71, de Gran Bretaña, esperaba el ataque frente al Fuerte. La lucha fue encarnizada. El arrojo y el coraje temerarios de criollos y españoles eran contestados con la bravura de los ingleses. Cuando la situación no pudo sostenerse, el Jefe del Ejército invasor, General BERESFORD, dio orden de abandonar la Plaza de Mayo y replegarse sobre el Fuerte.

No contaba con la reacción del pueblo que cubrió su retirada arrojándoles desde las terrazas todo tipo de proyectiles y hostigándolos en cada esquina de la ciudad con las armas que cada uno pudo empuñar.

Poco después una bandera de parlamento apareció en el edificio e instantes más tarde la enseña española fue arriada en la Fortaleza.

Así fue vencido el Regimiento N ° 71. Cinco oficiales y cuatrocientos doce hombres de tropa perdieron los ingleses en la oportunidad y el resto debió rendirse a discreción. Las jornadas de la Reconquisto habían concluido. Dos nombres, entre muchos gloriosos, se voceaban titulándolos de defensores de Buenos Aires: SANTIAGO DE LINIERS, comandante de las tropas y MARTÍN DE ÁLZAGA, cabecilla de la reacción popular.

13 de agosto de 1806
PRISIÓN PARA LOS JEFES DE LA PRIMERA INVASIÓN DE LOS INGLESES. El 13 de agosto e 1806, los jefes de la invasión a Buenos Aires fueron divididos en grupos y remitidos al interior del país, empleando con ellos toda suerte de precauciones con el fin de evitar fugas, aunque se les exigió a todos, antes de enviarlos a prisión, el juramento de respetar su condición de prisioneros de guerra

14 de agosto de 1806
EL PUEBLO DE BUENOS AIRES RECHAZA EL REGRESO DEL VIRREY SOBREMONTE. El virrey RAFAEL DE SOBREMONTE, desde Fontezuelas, informa  que se dirigía hacia Buenos Aires con un grupo de miliciano para reconquistar la ciudad, pero el pueblo de Buenos Aires, cometiendo con ello un verdadero acto de insurrección, declaró que no quería recibir de nuevo al marqués DE SOBREMONTE, en el ejercicio del poder que desempeñaba por nombramiento del rey de España y el 14 de agosto exigió al Cabildo en cambio, que se ratificara a SANTIAGO DE LINIERS Y BREMOND, Gobernador militar de la plaza, mientras la Audiencia y el Cabildo podrían quedar a la cabeza de la Administración civil.

El pueblo, cruel, cuando se trata de hacer escarnio de quien no haya satisfecho sus expectativas, hizo de Sobremonte, el blanco de sus burlas y todos, en las calles cantaban las canciones que le habían dedicado: “Un quintal de hipocresía, /veintidós de fanfarrón/ y cincuenta de ladrón con quince de fantasía,/ dos mil collonerías,/ mezclarás bien y después/ en un gran caldero inglés/ con gallinas y capones/ extraerás los blasones/ del más indigno marqués”.

14 de agosto de 1806
PUEYRREDÓN RECLAMA EL NOMBRAMIENTO DE LINIERS COMO VIRREY. Vista la violencia con la que el pueblo de Buenos Aires, expresaba su rechazo al regreso del virrey SOBREMONTE, el 14 de agosto de 1806 se realizó en el Cabildo, un Congreso General para tratar de evitar su entrada en Buenos Aires, por temor a que fuera atacado por el pueblo exacerbado.

En apoyo de esta actitud, los independicistas se concentraron en la Plaza de la Victoria, hoy de Mayo, donde con gritos e insultos contra el virrey, expresaban su repudio. Rompieron el débil cerco de guardia e irrumpieron en el recinto de sesiones. PUEYRREDÓN,  que asistía a las deliberaciones, pidió, en nombre de los intrusos, que no se dejara arribar al virrey y se nombrara a LINIERS gobernador de la ciudad, cosa que así se hizo.

14 de agosto de 1806
DESIGNACION DE LINIERS COMO JEFE MILITAR DE BUENOS AIRES. El 14 de agosto de 1806, reunido el Cabildo abierto ratifica la designación de SANTIAGO DE LINIERS como Jefe militar de la Plaza y envió la comunicación con lo actuado a la Real Audiencia de España. Al mismo tiempo y ante la perspectiva de nuevos ataques, se convocan las milicias y se organizan Batallones.

15 de agosto de 1806
EL VIRREY SOBREMONTE LLEGA A BUENOS AIRES. Viajando desde Córdoba, el 15 de agosto de 1806, el virrey SOBREMONTE llegó a Buenos Aires con su improvisado ejército y aquí se enteró no sólo de que había llegado tarde para reconquistar la ciudad de Buenos Aires, pues ya había sido liberada por LINIERS, ÁLZAGA y otros patriotas junto al pueblo, sino que además, había sido suspendido en el cargo de virrey del Río de la Plata. Aceptando por fuerza esta decisión tomada por el Cabildo Abierto reunido en Buenos Aires el día anterior.

SOBREMONTE estimando que hasta que el rey no convalidara esta sanción que se le imponía, seguía teniendo la responsabilidad que la corona de España le había otorgado, decidió retirarse hacia la ciudad de Montevideo con el propósito de defender esa Plaza de la nueva invasión inglesa que se presumía la amenazaba.

16 de agosto de 1806
PARTEN LAS NOTICIAS DE LA RECONQUISTA DE LA CIUDAD. El 16 de agosto de 1806, MIGUEL LADRÓN DE GUEVARA, Correo de Buenos Aires, partió para llevar la noticia de la Reconquista de Buenos Aires y de la derrota de los invasores ingleses, hacia la ciudad de Lima, Capital del virreinato del Perú, que en ese entonces era el centro de comunicaciones desde donde partían las noticias hacia España.

La misión del correo se convirtió en una verdadera hazaña. Primero debió recorrer 500 leguas para llegar a Potosí. Pasando por 59 “postas”, donde descansaba y cambiaba de caballos y desde allí siguió camino hacia Lima. En total recorrió 1.000 leguas, es decir, más de 5.000 kilómetros  en 36 días, llegando a destino el 22 de setiembre de 1806.

22 de agosto de 1806
SANTA FE CELEBRA LA RECONQUISTA. El 22 de agosto de 1806, llegó a Santa Fe la noticia de la reconquista de la ciudad de Buenos Aires del poder de los ingleses. El Cabildo dispuso anunciarla colocando carteles en las calles y celebrando fiestas e iluminaciones durante tres días consecutivos.

24 de agosto de 1806
LINIERS CUMPLE SU PROMESA ANTE LA VIRGEN DEL ROSARIO. El 24 de agosto de 1806, en el Templo de Santo Domingo, ante la Virgen del Rosario, el Gobernador militar y político de Buenos Aires, SANTIAGO DE LINIERS, procedió a cumplir con la solemne promesa que había hecho anteriormente, depositando con todos los honores las banderas conquistadas a los ingleses,  dentro del marco de mayor solemnidad, con la presencia de todo el ejército formado y la concurrencia de la Real Audiencia, el Cabildo Secular, el Ilustre Obispo y todo el pueblo.

Estos gloriosos trofeos fueron vejados y algunos destruidos por el fuego que en la noche del 15 de junio de 1955 provocaron las turbas exacerbadas que obedecían al entonces Presidente de la Nación, JUAN DOMINGO PERÓN, como venganza por el intento de derrocarlo que se había llevado a cabo el día anterior.

27 de agosto de 1806
UN INFORME DE ÁLZAGA. El 27 de agosto de 1806, MARTÍN DE ÁLZAGA le escribió a ANTONIO LÓPEZ una carta manifestando que la Reconquista de Buenos Aires fue llevada a cabo por una expedición de 700 hombres de Montevideo y la Colonia al mando de SANTIAGO DE LINIERS, a la cual se unieron unas 2500 personas de armas del “noble y leal vecindario” que, “sostenidas por mí la mayor parte”, agrega, operaron militaron en dicho día con el mayor denuedo que hasta ahora se ha visto”.

5 de setiembre de 1806
MEDALLAS PARA LOS VENCIDOS EN PERDRIEL. El Cabildo de Buenos Aires durante la sesión del 5 de setiembre de 1806, acordó grabar una medalla para los que tomaron parte en la acción de Perdriel (1º de agosto de 1806).

6 de setiembre de 1806
ORGANIZACIÓN DE LAS MILICIAS. Beresford había sido derrotado, pero Popham permanecía expectante con su flota en el Río de la Plata. No había transcurrido un mes desde la rendición de Beresford que ya Santiago de Liniers, previendo un nuevo intento de Inglaterra para apoderarse de estas tierras, comenzó a organizar las fuerzas que había resultado evidente, eran necesarias para la defensa de la ciudad. Para ello, el mismo 6 de setiembre de 1806 lanzó una Proclama diciendo:

“El justo temor de que veamos nuevamente cubiertas nuestras costas de aquellos mismos enemigos que poco hace hemos visto desaparecer huyendo de la energía y vigor de nuestro invencible esfuerzo, me hacen esperar que correréis ansiosos de prestar vuestro nombre para defensa de la misma patria que acaba de deberos su restauración y libertad».

«A este propósito espero que vengáis a dar el constante testimonio de vuestra lealtad y patriotismo, reuniéndose del suelo que poco hace habéis reconquistado. Vengan pues los invencibles cántabros, los intrépidos catalanes, los valientes asturianos y gallegos, los temibles castellanos, andaluces y aragoneses; en una palabra, todos los que llamándose españoles se han hecho dignos de tan glorioso nombre»-

«Vengan y unidos al esforzado, fiel e inmortal americano, y de los demás habitadores de este suelo, desafiaremos a esas aguerridas huestes enemigas en cuerpos separados, y por provincias, y alistando vuestro nombre para la defensa sucesiva…” (La historia en mis documentos, Graciela Meroni, Ed. Huemul, Buenos Aires, 1984).

6 de setiembre de 1806
EN INGLATERRA SE EXHIBE EL BOTÍN ROBADO EN BUENOS AIRES. El 6 de setiembre de 1806 llegó a Inglaterra la nave “Narcissus” con la plata robada de las arcas reales de Luján por los ingleses que invadieron Buenos Aires en junio de 1806 y el 17 del mismo mes,  después de recibir en Londres (Inglaterra) las noticias de la toma de Buenos Aires por el General Guillermo CARR BERESFORD es paseado por las calles de Londres el tesoro robado y el producto del saqueo al que fue sometida la ciudad de Buenos Aires, luego de ser invadida.

El 20 de setiembre los tesoros llegaron a Londres y la población se volcó en las calles para vitorear a los carros colmados de plata, que venían acompañados por tropas de caballería e infantería empleadas en la que fue la primera  invasión al Río de la Plata. Nada impactó tanto a los londinenses, como la vista de los tesoros arrancados por BERESFORD y llevado a Inglaterra a bordo del “Narcisus”.

Las pesadas barras de plata provenientes de los impuestos cobrados en todo el virreinato, fueron desembarcados y cargados luego en ocho carros que iban arrastrados por seis caballos cada uno y teatralmente adornados. Encabezaba la marcha de esta columna, un carruaje llevaba la bandera española que fuera arrebatada  en el Fuerte y varias banderolas más con las siguientes inscripciones: “Tesoro, Beresford, Popham, Buenos Aires, Victoria”.

En el segundo, iba la bandera de la milicia provincial, tomada sin combatir. Precedían y seguían al convoy, dos destacamentos de los marinos que habían ocupado a Buenos Aires y dos cañones de los tomados en Quilmes, mientras que una nutrida Banda de música acompañaba el paso del cortejo que se dirigió desde Portsmouth hasta Londres.

Llegada a la capital del reino,  la columna tomó por la calle del Parlamento y desembocó en la Plaza “Saint-James”, acompañada siempre por una nutrida multitud hasta que llegó al centro comercial de la ciudad, y allí depositó su carga en las arcas del Banco de Londres.

Luego el rey de Gran Bretaña presidiendo en persona el Consejo de Ministros, declaró conquistada la ciudad de Buenos Aire y sus dependencias, decretando el libre comercio con la nueva posesión de conformidad con los reglamentos vigentes de sus otras colonias

Los invasores se habían apoderado realmente de aproximadamente un millón y medio de pesos fuertes, pero lo que llevaron al Banco sólo alcanzaba a un millón ochenta y seis mil doscientos ocho pesos fuertes. No cabría la pregunta de QUIÉN SE QUEDÓ CON LA DIFERENCIA?, si no se supiera hoy, que Beresford y Popham, se quedaron con gran parte de este “botín”.

13 de setiembre de 1806
EL TIMES ANUNCIA LA TOMA DE BUENOS AIRES. En su edición del sábado 13 de setiembre de 1806, el diario “The Times”, de Londres, publicó en la página 3, columna 4, la noticia recién llegada sobre la toma de Buenos Aires por los británicos. Su traducción es la siguiente:.

“Sábado, 3 de la mañana. «Debemos congratular al público con motivo de un comunicado urgente que acabamos de recibir de Portsmouth, sobre uno de los más importantes acontecimientos de la presente guerra. EN ESTE MOMENTO BUENOS AIRES FORMA PARTE DEL IMPERIO BRITÁNICO, y cuando consideramos las consecuencias resultantes de esta situación y sus posibilidades comerciales, así como también de su influencia política, no sabemos cómo expresarnos en términos adecuados a nuestra idea de las ventajas que se derivarán para la nación a partir de esta conquista. “La siguiente es la carta de nuestro corresponsal: ‘Portsmouth, Viernes, 7 de la tarde:

«No pierdo un instante en informar que la fragata “Narcissus” ha llegado, trayendo el importante informe de la toma de Buenos Aires por parte de la expedición del Cabo de Buena Esperanza, a fines de junio, creo que el 27 o el 28. No han trascendido otros detalles, pero lo que he escrito podrá satisfacerle por el momento. Acaba de salir para ésa un oficial, cuyo nombre no he podido averiguar, con despachos para el Gobierno”.

20 de setiembre de 1806
EN INGLATERRA FESTEJAN SIN SABER DE LA DERROTA. El 17 de setiembre de 1806, después de recibir en Londres (Inglaterra) las noticias de la toma de Buenos Aires enviadas por el General GUILLERMO CARR BERESFORD y de haberse paseado por sus calles el tesoro saqueado en esa ciudad por las tropas invasoras, el rey de Gran Bretaña presidiendo en persona el Consejo de Ministros, declaró conquistada la ciudad de Buenos Aire y sus dependencias, decretando el libre comercio con la nueva posesión de conformidad con los reglamentos vigentes de sus otras colonias.

25 de setiembre de 1806
SE AVECINAN BUENOS NEGOCIOS PARA LA CORONA. En su edición del 25 de setiembre de 1806, el diario “Times” de Londres publica un extenso artículo ofreciendo un detallado informe sobre la situación y el estado de la ciudad de Buenos Aires, destacando las ventajas que se derivarían de su conquista.

7 de octubre de 1806
INGLESES APURADOS SON APRESADOS. En octubre de 1806, dos barcos con bandera inglesa, cargados de mercaderías que pensaban vender en Buenos Aires, cuyo gobierno, creían, aún era ejercido por sus compatriotas, son apresados, ni bien hacen fondo frente al puerto de esta ciudad. Interrogados los capitanes de esas naves, se supo que estas embarcaciones eran la avanzada de una importante flotilla, también cargada con mercaderías, que enviaban las autoridades británicas, ignorando que a esa fecha, ya se había producido la derrota de sus tropas y la consiguiente Reconquista de Buenos Aires.

8 de octubre de 1806
LLEGAN TARDE LOS REFUERZOS PARA LOS INVASORES. Luego de haber sido expulsados de Buenos Aires, durante las gloriosas jornadas de la Reconquista, la flota inglesa mantuvo una permanente amenaza sobre las dos bandas del Río de la Plata y el 8 de octubre de 1806, les llegó un refuerzo de 2.000 hombres, que les envió el gobierno británico, ignorando aún, que su intento de invasión había fracasado.

12 de octubre de 1806
SOBREMONTE SE REFUGIA EN MONTEVIDEO. RAFAEL DE SOBREMONTE, depuesto por el Cabildo Abierto de Buenos Aires el 14 de agosto de 1806 como virrey del Río de la Plata, a la espera de la decisión final que en este asunto tomará el rey de España, el 12 de octubre de 1806 llega a Montevideo procedente de Buenos Aires.

En 1809 regresó a España y en 1813, acusado de mal ejercicio de sus funciones como virrey,  fue sometido a juicio por un consejo de guerra que lo absolvió. También el resultado de este proceso fue muy discutido, porque se afirmó que los testimonios en su contra no fueron tomados en cuenta.

Lo cierto es que el marqués, que entonces tenía 68 años, poseía a su favor una excelente foja de servicios. Había combatido muchas veces a favor de su país y como virrey realizó obras públicas, facilitó el comercio y apoyó la industria. Hizo acuerdos con grupos indígenas e introdujo la vacuna contra la viruela.

En 1814 el rey lo ascendió a mariscal de campo y lo nombró consejero de Indias. A los 75 años, viudo desde hacía mucho tiempo, volvió a casarse con una dama mucho menor que él. Su familia se opuso considerando que era una locura senil, ya que la novia no poseía ni un centavo. Sobremonte murió muy pobre en 1827.

16 de noviembre de 1806
VIAJA A MADRID UN ENVIADO DEL CABILDO PARA RECLAMAR HONORES PARA LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. En noviembre de 1806, el capitán JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, delegado del Cabildo de Buenos Aires ante la corte, llegó a Madrid, con la misión de solicitar honores para la ciudad de Buenos Aires, con motivo de la Reconquista, pretensión que era compartida por el Cabildo de la Banda Oriental, como lo demuestra que al llegar PUEYRREDÓN a la capital española, ya se encontraban allí los delegados orientales.

En razón del bloqueo que en esos momentos aún mantenían los ingleses sobre los puertos de Buenos Aires y Montevideo, el enviado porteño tuvo que viajar por tierra hasta Río de Janeiro, para embarcarse en ese puerto en viaje por mar hacia Europa y eso lo demoró tanto que cuando llegó, ya se hablaba en Madrid, de “Montevideo, la muí leal y reconquistadora».

En 1807 aparece como anónimo (se dice que su autor sería PANTALEÓN RIVAROLA) el poema “Romance heroico” en el que se hace una relación circunstanciada de la gloriosa Reconquista de la ciudad de Buenos Aires.

REPERCUSIÓN DE LA PRIMERA INVASIÓN DE LOS INGLESES EN GRAN BRETAÑA.
Las comunicaciones de BERESFORD a lord CASTLEREAGH, y de POPHAM a lord MELVILLE, anunciándoles su salida de Ciudad del Cabo hacia el Río de la Plata, con el objeto de apoderarse de la ciudad de Buenos Aires, fechadas el 30 de abril de 1806, sólo llegaron a Londres el 24 de junio.

Pero no las recibieron sus destinatarios, porque CASTLEREAGH no era ya ministro de Guerra, ni MELVILLE lord mayor del Almirantazgo. El 23 de enero había muerto PITT y a su gabinete conservador (los “tory”), le sucedió un gobierno liberal (whig”), conocido como de «Todos los Talentos» por el prestigio de sus integrantes.

Estaba presidido por lord WILLIAM GRENVILLE, su ministro de guerra era WILLIAM WINDHAM y CHARLES JAMES FOX, un pacifista que aspiraba a lograr con Napoleón un arreglo duradero, tenía a su cargo la cartera de Relaciones Exteriores.

Los informes de Ciudad del Cabo sumieron al nuevo gabinete en la perplejidad: nada sabía lord GRENVILLE sobre los propósitos de su antecesor. PITT y MELVILLE solían resolver las expediciones «por si y ante si», sin consultar al gabinete, ni las ponía en conocimiento de sus empleados ni de FRANCISCO MIRANDA, que hubiera podido aclararles algo la cuestión.

Esta situación obligó a WINDHAM a contestarle a BERESFORD un mes después, con instrucciones vagas y generales. De cualquier manera, una cosa era clara: Beresford no debía entrometerse en los asuntos de la Independencia que pretendían los criollos.

El Almirantazgo, en cambio, fue más severo con POPHAM: el 28 de julio le envió un lacónico despacho, ordenándole presentarse a dar explicaciones por haberse excedido en sus atribuciones al decidir la invasión de Buenos Aires.

Euforia en Inglaterra. Pero el desconcierto y las tribulaciones del gabinete británico cedieron paso a una alegría desbordante, cuando el 12 de setiembre de 1806, las noticias de la toma de Buenos Aires, junto con el tesoro, llegaron al puerto militar de Portsmouth, a bordo de la fragata «Narcissus», fletada por BERESFORD con los dineros rapiñados.

La buena nueva fue trasmitida a Londres esa misma noche por «telégrafo visual» (un procedimiento de señales luminosas en cadena) y se publicó en boletines especiales que aparecieron en la madrugada del 13 de setiembre en la capital británica.

En los días sucesivos, «The Times» —el más importante diario de Inglaterra, fundado en 1785— comentó con entusiasmo el éxito de la expedición al Río de la Plata.

«El Consejo de la ciudad de Londres —autoridad municipal—- otorgó a BERESFORD y a POPHAM la ciudadanía honoraria y les obsequió sendas espadas de honor, con un valor de 200 guineas cada una. Todo por «su valerosa conducta» y por abrir «una nueva fuente de comercio a las manufacturas de la Gran Bretaña, despojando a sus enemigos, de una de las más ricas y más extensas colonias en su posesión».

Entre los comerciantes y banqueros, el entusiasmo alcanzó límites incalculables. POPHAM había enviado desde Buenos Aires una circular a las autoridades de las ciudades industriales de Inglaterra, informándoles de las ventajas de la conquista y las perspectivas que se abrían para los productos y el comercio inglés. El presidente del Lloyd’s —el centro financiero y comercial de Londres por esa época— recibió una nota similar del marino inglés.

El clima de euforia que reinaba entre el pueblo en general, pero especialmente entre los comerciantes, llevó al gobierno a oficializar la conquista. «The London Gazette», el periódico oficial, publicó el 20 de setiembre la esperada proclama real: «La ciudad y fortaleza de Buenos Aires, con sus dependencias, son parte de los dominios de Su Majestad…». El gobierno británico dispuso la apertura del comercio entre el Río de la Plata e Inglaterra y más de cien barcos con mercancías zarparon hacia Buenos Aires.

El ministro de Guerra contestó los partes de BERESFORD, expresándole que el rey aprobaba su conducta y la de sus tropas, y prometiéndole el envío inmediato de refuerzos para afianzar «esas posesiones de tan grandes ventajas políticas y comerciales».

También el Almirantazgo se suavizó con POPHAM: el 25 de setiembre le reiteró su desaprobación por haber iniciado una operación tan importante sin autorización del gobierno pero, en vista del éxito obtenido, le acordaba su entera aprobación por su «juiciosa, hábil y animosa conducta».

Mientras tanto, el gobierno británico juega la toma de Buenos Aires como una importante carta a su favor en la política europea. Muerto FOX, el pacifista ministro de Relaciones Exteriores, lord GRENVILLE, renueva las instrucciones a lord JAMES MAITLAND LAUDERDALE, enviado a Francia para lograr la paz con Napoleón: debe sacar las mayores ventajas de la devolución de Buenos Aires o, en su defecto, amenazar con la conquista total de América del sur.

“De cualquier modo, en los acuerdos ha de quedar a salvo el comercio libre con el puerto capturado”. Cuando las gestiones de paz fracasan, narra un historiador inglés, los banqueros y comerciantes reunidos en el Lloyd’s, al recibir la noticia, prorrumpieron en abrazos frenéticos: Buenos Aires, el flamante mercado, felizmente, no había sido negociado.

El tesoro de Buenos Aires, una presa codiciada por los ingleses.
Cuando a principios de mayo de 1806 la escuadra inglesa navegaba hacia el Río de la Plata, los jefes de la expedición ya tenían resuelto un problema para ellos muy importante. 15 días antes, BAIRD, BERESFORD y POPHAM, habían convenido la forma de distribución del tesoro que sospe­chaban se hallaba en Buenos Aires, a la espera de ser trasladado a España y según las leyes navales inglesas, los caudales eran «buena presa». El convenio reservaba a Baird la cuota del jefe, por haber autorizado la expedición.

La existencia del tesoro fue confirmada el 9 de junio, cerca de Montevideo, por un escocés llamado RUSSEL, pasajero de una goleta de bandera portuguesa. Las informaciones de RUSSEL fueron estimulantes para los ingleses:

«Una gran suma de dinero ha llegado a Buenos Aires desde el interior. La ciudad está protegida solamente por una poca tropa de línea, cinco compañías de indisciplinados blandengues y canalla popular. La festividad de Corpus Christi, que se aproxima y atrae  la atención de todos, terminando en una escena de borrachera general y tumulto, será la crisis más favorable para un ataque contra la ciudad».

El 28 de junio, sobre el Fuerte de Buenos Aires flameaba la bandera inglesa. La ciudad había caído sin resistir. Se discuten los términos de la capitulación. BERESFORD exige, como principal condición, la entrega de los caudales reales que SOBREMONTE había guardado en Lujan.

El virrey accede ante los emisarios del jefe invasor y, protegido por soldados ingleses, el tesoro real, desanda el camino de la fuga. El 5 de julio, las carretas con su preciosa carga llegan a Buenos Aires y doce días después, la fragata «Narcissus» zarpa hacia Gran Bretaña con la carga asi robada.

La llegada del tesoro a Inglaterra es triunfal. En Portsmouth, donde la «Narcissus» ha anclado el 12 de setiembre, una multitud despide a los ocho grandes carros —cada uno lleva cinco toneladas de pesos plata— que parten hacia Londres, adornados con las banderas españolas tomadas en Buenos Aires. Los londinenses reeditan, multiplicado, el júbilo de Portsmouth.

Precedidos por piquetes de caballería y bandas de música, los carruajes reco­rren las principales calles rumbo al Banco de Inglaterra, donde los caudales quedan depositados a la espera de su distribución entre las fuerzas invasoras. Lo que los ingleses no imaginaban entonces, es que, cuando ellos festejaban el éxito de la invasión, hacía ya un mes que Buenos Aires había sido recuperada por los porteños.

El reparto de «la presa» se hizo, finalmente, en 1808, después de una áspera disputa entre BERESFORD y POPHAM,  por la interpretación del convenio que ambos habían firmado en Santa Elena: de acuerdo con el fallo de las autoridades. 296.187 libras, 3 chelines y 2 peniques se repartieron entre 2.841 participantes en el ataque a Buenos Aires (1.235 del Ejército y 1.606 de la Marina).

El general BAIRD recibió 35.985 libras; BERESFORD, 11.995. El resto se distribuyó en una proporción aproximada de 7 mil libras para los jefes superiores de tierra y mar, 750 para los capitanes, 500 para los tenientes. 170 para los suboficiales y 30 para cada soldado y marinero (ver Las ocho invasiones inglesas al Río de la Plata).

HOME POPHAM es llevado a juicio (00/10/1806)
El bergantín inglés «London», que llegó ayer a esta rada, trajo una noticia sorprendente: el comodoro sir HOME POPHAM fue juzgado y sentenciado por una corte marcial constituida al efecto, acusado de actuar en el Plata sin la correspon­diente orden de su gobierno, dejando para ello des­guarnecida la plaza del Cabo de Buena Esperanza”.

Así rezaba la noticia aparecida en “La Gazeta”, dando cuenta del juicio que se le iniciara al comandante naval de la fracasada primera invasión de los ingleses a Buenos Aires.

«Fue natural la satisfacción que ella traía a los sufridos porteños, que lejos estaban de imaginar, que Inglaterra ya estaba pensando en una nueva invasión a estas tierras y los hechos demostraron después que eso del juicio a POPHAM fue solamente una farsa montada para desligar al gobierno inglés del fracaso de una expedición, de cuyos más pequeños detalles, estaban perfectamente al tanto, responsabilidad que no podían dejar al descubierto, sin denunciar su inquebrantable decisión de quedarse con las supuestas riquezas que se imaginaban podían obtener, dominando estos territorios, que legalmente le pertenecían a España, país que en esos momentos, no convenía poner en contra».

POPHAM estaba en esos momentos con su escuadra bloqueando Montevideo y a la espera de los refuerzos procedentes del Cabo y de Inglaterra, cuando recibió la orden de regresar a Inglaterra para ser juzgado por un consejo de guerra. Se embarcó inmediatamente y al llegar a su patria, debió constituirse en arresto hasta la iniciación del juicio.

Por orden del Almirantazgo la corte marcial estaba compuesta por un almirante, cuatro vicealmirantes, tres contralmirantes y cinco capitanes de navío, número inusitado que sorprendió mucho. Los periódicos comentaban abundan­temente el caso y opinaron sobre las razones de la ani­mosidad del Almirantazgo hacia el acusado marino. Entre ellas se mencionaba la amistad que lo unía al canciller PITT y su disconformidad con la actual política del gobierno.

La causa fue rápidamente substanciada. En hábil defensa, POPHAM  reconoció que, si bien había actuado sin tener «positivas órdenes ni expresa autoridad para , un empleo de esa especie de las fuerzas a mis órdenes», la grandeza de Inglaterra se debía en buena parte al espíritu de responsabilidad y de iniciativa de sus marinos”.

La sentencia pronunciada el 7 de marzo de 1807 dice textualmente: «La Corte es de parecer que la conducta de sir HOME POPHAM merece ser gravemente censurada, por haber retirado del Cabo de Buena Esperanza la totalidad de las fuerzas navales que mandaba,  llevándolas al Río de la Plata; pero en consideración a las circunstancias, se limita a declararle muy reprensible, y en consecuencia le i reprende».

Al regresar a tierra luego de dictada la sentencia, POPHAM fue ovacionado por un público numeroso que seguía con interés el proceso y el gobierno “de su graciosa majestad”, aceptó la decisión del tribunal.

Es de señalar que POPHAM, restituido a su mando, comandó la flota que bombardeó la capital de Dinamarca y hundió la flota danesa que le salió al encuentro. La incursión naval dirigida por POPHAM se debió, según trascendió, al deseo de frustrar una posible alianza entre Dinamarca y NAPOLEÓN, lo que llevó al gobierno británico a intimidar al gobierno de Copenhague con esa acción.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *