08/12/1827

FALLECIÓ EL SARGENTO MAYOR DE ARTILLERÍA, FRAY LUIS BELTRÁN. Muere “de natural enfermedad”, según reza la partida de defunción que se registra en la parroquia de San Ignacio de Buenos Aires y fue sepultado al día siguiente en el cementerio, “en clase de sacerdote que era, por haber renunciado a la carrera militar antes de morir.

Había nacido en Mendoza el día 8 de septiembre de 1784. Hizo sus primeros estudios en la escuela del convento de San Francisco de Mendoza, donde tomó afición a la Orden que luego vistió y ensalzó por sus virtudes. Completó sus estudios superiores en el convento de Santiago de Chile, descollando en el aprendizaje de las ciencias físicas, química y matemáticas, dedicándos0 con verdadero apasionamiento a los experimentos físicos y mecánicos.

Se incor­poró al Ejército de los Andes, entusiasmado ve­hementemente por la Causa de la Emancipación. Poco después, el general don José de San Martín decía de él: “Este hombre es evidentemente un genio”. La falta de armas y de talleres de fun­dición era el principal obstáculo con que tropezaba San Martín para completar el equipo del Ejército de los Andes y lanzarse a Chile. Fray Luis Beltrán fue el genio tutelar en esa emergencia. Y fue quien con guinches, zorras y aparejos de su creación puso “alas” en los cañones americanos para “volar” sobre los Andes. Tal era el claro talento de fray LUIS BELTRÁN, que, sin más ayuda que la de algunos libros que logró reunir, fue mecánico, pirotécnico, fundidor, armero, relojero y herrero.

Fue una figura muy popular en Mendoza; recordando unos fuegos artificiales que hiciera quemar en la plaza Mayor de aquella población, poco tiempo antes de ponerse el ejército de los Andes en marcha para Chile, solían decir los mendocinos: “No tendremos ya otros lindos fuegos como los que preparó en la plaza el padre Beltrán”. San Martín, gran conocedor de hombres, lo sacó de una celda de un viejo convento mendocino para nombrarle director de la maestranza, con el grado de teniente de artillería. Fundió balas, preparó granadas e hizo cureñas, monturas, herrajes, mochilas, etc.

Cuando San Martín cruzó los Andes, él proyectó los aparatos necesarios para arrastrar la artillería a través de las sendas de la montaña. Mostró de cuánto era capaz, después de la triste hora de Cancha Rayada. Recompuso el armamento y el material de campaña a pesar de la escasez de tiempo y de recursos. Iguales servicios prestó cuando San Martín, terminada la reconquista de Chile, preparaba la expedición al Perú.

Al ocurrir la sublevación del Callao, se salvó el parque de Santa Catalina merced a sus desvelos y actividad febril; envió todo, a Chorrillos primero y a Trujillo después, y allí fue él, ya teniente coronel, con sus obreros y herramientas.

En una ocasión, cuando ya se había retirado SAN MARTÍN, BOLÍVAR se presentó en el Parque, y con la altanería que le era peculiar, viendo que aún no estaba aceitada ni encajonada una cantidad de fusiles que había ordenado se recompusieran y enviaran a Huaras, le dijo con dureza: “Si estos fusiles no están listos para ser embarcados de aquí a ocho días, le hago fusilar, porque yo se castigar a los jefes que no cumplen”. BELTRÁN, que no había recibido orden tan perentoria, lo hizo observar al Libertador, sin ser atendido. A los ocho días los fusiles estaban listos; pero la razón del ex fraile quedó afectada.

El 1° de agosto de 1827, intentó asfixiarse por medio de un brasero. Salvado a tiempo, huyó, extraviándose en el campo. Una vieja campesina le encontró y cuidó. Durmió cuatro días, y al despertar, su espíritu estaba sano. Vuelto a la patria, prestó servicios durante la guerra del Brasil. Murió en 1828, en la ciudad de Buenos Aires.

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