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Rendido ante la evidencia del extraordinario ascendiente de ARTIGAS sobre sus tropas y el pueblo oriental y comprendiendo la importancia de ese liderazgo, para lograr la expulsión de los realistas y portugueses de la Banda Oriental, el Segundo triunvirato accedió finalmente a reconocerle a Artigas la autoridad que tenía sobre las fuerzas de su mando y ordenó a MANUEL DE SARRATEA que regresara. Así satisfecho, Artigas se sumó con sus fuerzas al sitio de Montevideo, poniéndose a órdenes de Rondeau, pero conservando cierta autonomía de mando sobre sus milicias.

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