VISTEAR

En los “duelos criollos” se enfrentaban dos hombres armados sólo con cuchillo (algunos de grandes dimensiones, que se llamaban “facón”) y para salir con vida de estos trances, no sólo era necesario tener valor, agilidad y destreza en el manejo del arma, sino que era fundamental “el visteo”: una capacidad adquirida tras largas prácticas, que permitía al duelista, anticiparse a los movimientos del adversario. Un ligero movimiento de ojos, un bajar de hombros o un paso a destiempo, eran suficientes para adivinar lo que se venía y contrarrestarlo. El arma firmemente tomada, el brazo desarmado envuelto en su poncho y la mirada fija en el oponente, era la posición del duelista que a la postre, vencerá en el lance. Y era tan importante saber “vistear”, que desde niños, nuestros hombres de campo dedicaban largas horas a la práctica de esta habilidad. Armados con cuchillos de madera, eran el orgullo de sus padres, cuando simulando un duelo, tiraban puntazos o planazos, paraban una estocada y “visteaban” intentando adivinar el movimiento del rival (ver Duelo criollo).

 

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