UN DEBUT ESCANDALOSO (06/04/1788)

El debut de una actriz en el Teatro de La Ranchería de Buenos Aires provocó un escandaloso juicio. Para entender la trascendencia de esa historia hay que tener en cuenta dos factores. Primero, el sometimiento de las mujeres condenadas al ámbito del hogar. Segundo, la marginalidad del oficio de actor, que era considerado “infame”. Por eso, si una mujer aparecía en un escenario era doblemente perseguida. MARÍA MERCEDES GONZÁLEZ Y BENAVÍDEZ era una mujer joven que tenía la desgracia de haber enviudado dos veces. Debía mantener a tres hijos y pagar muchas deudas acumuladas y para eso contaba solamente con su trabajo en el taller de calderería que su último marido le había dejado. Pero María bailaba maravillosamente y como en ese momento en el teatro escaseaban las actrices, cantantes y bailarinas, le ofrecieron 20 pesos mensuales por sus presentaciones.

Finalmente fue contratada por 100 pesos, una cifra que le permitía solucionar su grave situación económica. El debut fue un gran éxito, pero en ese mismo momento comenzaron los problemas. Su padre, JAVIER GONZÁLEZ, contrató un abogado para exigir a las autoridades que prohibieran a su hija actuar en el teatro. En su pedido afirmaba que la presentación en el escenario causaba “perjuicio a la distinguida calidad de su persona y familia…Y no solo se echa sobre sí la nota de infamia sino que la hace trascender a todos sus parientes”. En principio el gobernador aceptó el reclamo, pero debió escuchar también las quejas del empresario, quien afirmó que dentro del elenco había otras personas de linaje. El abogado contestó: “La compañía se completa con las personas más viles y despreciables, como son las mulatas esclavas…”. Seis meses duró el litigio. Finalmente se resolvió permitir a María Mercedes “dedicarse a cualquier ejercicio con que sufragar a su manutención”. El fallo fue un enorme paso en la historia de la lucha contra los prejuicios (ver Teatro de la Ranchería).

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