REBELIONES DE CHUQUISACA Y LA PAZ (25/05/1809)

PRIMEROS INTENTOS DE LIBERTAD. Los movimientos independistas promovidos por americanos durante el siglo XVIII fueron, en realidad, conatos invariablemente aplastados por las autoridades españoles. También lo fue el movimiento que en 1809 estalló en Chuquisaca (hoy Sucre), que depuso a RAMÓN GARCÍA PIZARRO, presidente de la Real Audiencia, que curiosamente fue en un 25 de mayo y que fue, según parece, la primera manifestación efectiva y social del espíritu de libertad en la América española.

Los hechos comenzaron con el enfrentamiento que se produjo entre el Senado del Clero (formado por los canónigos) y el arzobispo de esa Diócesis. El gobernador presidente de Chuquisaca (llamada también Charcas o La Plata), brigadier RAMÓN GARCÍA PIZARRO, tomó partido por este último, mientras los canónigos eran respaldados por la Audiencia Real, que acusó a Pizarro de querer entregar el territorio a la Corte portuguesa -Y fuera o no exacto el cargo, lo cierto es que el pueblo, enfervorizado, tomó partido por la Audiencia, destituyó al gobernador y lo encerró en prisión. En su reemplazo se constituyó un gobierno local autónomo dirigido por la Audiencia que, sin embargo, se declaró subordinado al de Buenos Aires y ratificó su adhesión a Fernando VII. Los rebeldes de Chuquisaca fueron en su mayoría americanos nativos –como BERNARDO DE MONTEAGUDO–, sin que faltara, no obstante, algún español, como el comandante de armas JUAN ANTONIO ÁLVAREZ DE ARENALES, un castellano que años más tarde se destacaría como oficial de SAN MARTÍN. Poco tiempo después de los acontecimientos de Chuquisaca, el 16 de julio de 1809, estallaban en La Paz extraños gritos: “¡Viva Fernando VII!”, ¡Mueran los chapetones!”.

Esta vez, los rebeldes paceños formaron un gobierno autónomo integrado sólo por americanos y después de designar como autoridad máxima una Junta de Gobierno, redactaron una nueva Constitución, reformaron el régimen administrativo y comenzaron a organizar un precario ejército. Una de las proclamas del movimiento fechada el 27 de julio de 1809, resume, a través de sus párrafos principales, los sentimientos y aspiraciones que lo inspiraban: “Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria. Hemos visto con indiferencia por más de tres siglos, sometida nuestra primitiva libertad, al despotismo y tiranía de un usurpador injusto, que degradándonos de la especie humana, nos ha reputado por salvajes y mirado como esclavos… Ya es tiempo de sacudir tan funesto yugo… Ya es tiempo de organizar un sistema nuevo de gobierno, fundado en los intereses de nuestra patria… Ya es tiempo, en fin, de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título, y conservadas con la mayor injusticia y tiranía”. Represión del levantamiento.

La reacción del gobierno metropolitano ante los brotes “juntistas” no se hizo esperar y en setiembre de 1809, desde Buenos Aires, el virrey BALTASAR HIDALGO DE CISNEROS despachó a las órdenes del mariscal VICENTE NIETO, a quien nombró Gobernador Presidente en reemplazo del Gobernador rebelde PIZARRO, una expedición contra la rebelada ciudad de Chuquisaca. Simultáneamente, en el Perú, el virrey FERNANDO DE ABASCAL dispuso que un ejército marchase contra los insurrectos de La Paz, al mando del brigadier JOSÉ MANUEL GOYENECHE, hasta ese momento Gobernador presidente de Cuzco. Goyeneche atravesó con rapidez el Desaguadero y tras derrotar el 10 de octubre de ese año a una escasa fuerza revolucionaria que se le opuso –menos de mil hombres mal armados y desalentados por las divisiones entre sus líderes– reprimió violentamente el movimiento.

Sus jefes fueron degollados o condenados a la horca. Los ajusticiados, nueve en total, fueron PEDRO DOMINGO MURILLO, Presidente de la Junta Consultiva, quien alcanzó a gritar antes de caer muerto «La tea que yo he encendido, nadie podrá apagarla». Luego lo siguieron BASILIO CATACERA, BUENAVENTURA BUENO, MELCHOR XIMÉNEZ, MARIANO GRANEROS, JUAN ANTONIO FIGUEROA, APOLINARIO JAÉN, EUGENIO GARCÍA LANZA y JUAN BAUTISTA SAGÁRNAGA. .

Mientras tanto, el Mariscal Nieto había llegado a Chuquisaca, poco después de las noticias sobre la cruenta represión de La Paz. Vacilantes y divididos, la mayoría de los jefes rebeldes optó por someterse al jefe español, pero ÁLVAREZ DE ARENALES, de quien Bernardo de Monteagudo dijo que “dio el primer ejemplo de rebelión”, se resistió hasta el fin a doblegarse, pero fue encarcelado y por su condición de oriundo no se lo ajustició. La Paz fue tomada por el general español GOYENECHE, al servicio del Virrey del Perú. Poco más tarde llegaron el Mariscal de campo VICENTE NIETO y el Capitán de navío JOSÉ DE CÓRDOBA Y ROJAS y formaron una corte marcial, cometiéndose en contra de los patriotas sublevados las más sangrientas represalias.

Fragmento de un anónimo que expone ios hechos de la revolución del jueves 25 de mayo de 1809 en la ciudad de Chuquisaca
.. .desde aquel momento a la hora de las dos de la mañana, reasumió la Audiencia el mando de la presidencia. Depuso al Presidente, lo mandó arrestar y publicó bando muy temprano el 26 por la mañana declarándose por Audiencia gobernadora; ordenando reconocimientos engañosos de las supuestas horcas y cordeles que figuraron estar dispuestos en lo interior de la casa, con sepulturas ya abiertas para enterrar a los que habían de ser ajusticiados en aquella misma noche. Los Sudáñez alentaban al pueblo, y los oidores, la Iglesia y Usoz escribieron a Lima y a Potosí y al Cabildo secular de Buenos Aires, pintando al Presidente como un monstruo, de tiranía, fanático, despótico, embustero, perjuro y asesino, asolador de Chuquisaca, Acusaron con el nombre de sepulcros unas fosas cubiertas de salitre que diez años antes se rasgaron para guardar nieve con el destino de un refresco solemne general que dio el Señor Pizarro. Llamaron horca a una viga que don Miguel Gutiérrez atravesó sobre un poste para sostener el tablado superior de un cuarto bajo de la casa y dieron el nombre de cordeles a una correa recta de cuero apolillado que colgaba de un extremo de la viga que antes había servido para amarrar la carne fresca en la frescura de aquel sótano (Anónimo salido probablemente del gabinete del arzobispo Moxó en defensa propia y del Presidente Pizarro y en contra de la Audiencia, estuvo en poder del Dr. Julián de Leiva, síndico del Cabildo de Buenos Aires y fue a parar a manos del coronel José Alvarez de Arenales.  Citado en “Blibioteca de Mayo”, Buenos Aires, 1960)..

Sentencia dictada por el general Goyeneche contra los sediciosos
.. .contra los autores y principales cómplices, que cometiendo los más atroces  delitos, se sublevaron en esta ciudad de La Paz, formando  juntas detestables, asaltaron a fuerza abierta la noche del 16 de julio al cuartel de veteranos, apoderándose de las armas, depusieron del gobierno al señor gobernador intendente y al ilustrísimo señor obispo, erigieron nuevo gobierno con el título de Junta Representativa de Tuición, y adoptaron el escandaloso plan de diez capítulos que atacaba las reglas de la soberanía, conspiraban destruir el legítimo gobierno e iniciar la independencia; or­ganizaron una fuerza militar para oponer y resistir las tropas del Rey.

Visto este proceso, Fallo atento a los autos y méritos de la causa que debo declarar y declaro a PEDRO DOMINGO MURILLO, titulado coronel presidente, a GREGORIO GARCÍA LANZA, BASILIO CATACORA y BUENAVENTURA BUENO, representantes del pueblo; al presbítero JOSÉ ANTONIO MEDINA, al subteniente JUAN B. SAGARNAGA, MELCHOR GIMÉNEZ (alias el Pichitanga), MARIANO GRANEROS (alias el Chayategeta),  JUAN ANTONIO FIGUEROA y APOLINARIO JAENS por reos de alta traición, infames, aleves y subversores del orden público, y en su consecuencia, les condeno en la pena ordinaria de horca, a la que serán conducidos arrastrados a la cola de una bestia de albarda y suspendidos por mano de verdugo, hasta que naturalmente hayan perdido la vida, precedida que sea la degradación militar del subteniente Sagarnaga, con arreglo a las ordenanzas de Su Majestad. Después de las seis horas de su ejecución se les cortarán las cabezas a MURILLO y JAENS y se colocarán en sus respectivos escarpios construidos a este fin, la primera en la entrada del Alto Potosí y la segunda en el pueblo de Croico, para que sirvan de satisfacción a la majestad ofendida, a la vindicta pública del reino y de escarmiento a su memoria. Así lo proveo, mando y firmo. José Manuel Goyeneche — Pedro López de Segovia, enero de 1810 (“Documentos de los últimos cuatro años de la dominación española  en el antiguo Virreinato del Río de la Plata, por Francisoo Saguí. Biblioteca de Mayo, Buenos Aires, 1960.

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