PROHIBIDO JUGAR AL PATO (21/06/1822)

Se prohibió jugar al pato en el Río de la Plata mediante un decreto firmado por BERNARDINO RIVADAVIA, que era entonces Ministro del gobernador MARTÍN RODRÍGUEZ. La prohibición tenía buenos motivos porque el juego, como se lo practicaba entonces, era tan feroz y peligroso que más de uno moría en el campo deportivo. El pato, considerado un deporte netamente argentino, era jugado por los indígenas hace más de 400 años y más tarde por los gauchos. El primero que lo mencionó fue el marino y naturalista español FÉLIX DE AZARA, que en una crónica de 1780 describe el juego del pato. Según el relato participaban dos cuadrillas de hombres a caballo que se desplazaban entre dos puntos alejados a una legua de distancia. Los equipos se disputaban una especie de bolsa de cuero con manijas en la que se había introducido un pato, que quedaba con la cabeza afuera. Los jugadores tironeaban de la bolsa y el que conseguía agarrarlo debía llevarla hasta el extremo de su campo. En medio del juego se producían caídas, empujones y accidentes sangrientos. Hacia 1796 la Iglesia, a través del reverendo SALVAIRE, expidió un documento prohibiendo la práctica del pato por considerarlo una diversión nada cristiana y amenazó con la excomunión a quienes lo practicaran, al tiempo que negaba sepultura eclesiástica a los que murieran en el campo. Pero todo fue en vano y los fanáticos siguieron jugando, como también fue desoída la prohibición de Rivadavia. Finalmente el pato fue suprimido durante el gobierno de Rosas, que se basó en el decreto de Rivadavia. En 1937 Alberto del Castillo Posse creó un reglamento civilizado para el juego, transformó la bolsa en una pelota con manijas y consiguió que la prohibición fuera levantada

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