LOS INMIGRANTES ITALIANOS EN LA ARGENTINA (1857)

Italia fue siempre un importante socio comercial de la República Argentina, y los inmigrantes italianos constituyen el mayor grupo étnico en la Nación. El clima, la actividad económica preponderante en Argentina, principalmente agraria y su compartido origen latino, potenciados por una efectiva política inmigratoria de parte del gobierno argentino, fueron los factores fundamentales que justificaron  la llegada masiva de italianos desde 1857 hasta 1958, período durante el cual los italianos conformaron aproximadamente el 46% del total de la masa inmigratoria que llegó a la Argentina, sobrepasando aun a los españoles, que representaron el 33% de ese total y como resultado de ello, en la actualidad, el 65-70% de los argentinos tienen línea genealógica de esta nacionalidad.

Es posible reconocer diversas corrientes inmigratorias de italianos hacia la Argentina, que según se ha concluido, comenzó a mediados del siglo XIX, cuando surgió lo que se conoce como “la Italia moderna”. Para llegar a este “status”, tuvieron que producirse trascendentes cambios de carácter económico, social y demográfico que afectaron a su población, que se vió, en muchos casos agredida o por lo menos incomodada, especialmente en los niveles sociales de menor poder adquisitivo. Esta situación, unida a las noticias que llegaban del “nuevo mundo”, acerca de la prosperidad y de tentadoras condiciones que ofrecía para progresar, generó una comprensible expectativa y un urgente deseo de viajar hacia esos países que les garantizaba una vida mejor. Estados Unidos, Brasil y Argentina, eran en esa época los destinos que más atraían a los futuros inmigrantes y las cuatro principales causas que llevaron a los italianos a movilizarse fueron:

a). La epidemia del cólera que azotó la península entre 1835-1885. b). La falta de adaptación del italiano medio a la “revolución industrial” que se produjo en aquellos años y que generó una importante crisis económica. c). La escasez de tierras cultivables  para satisfacer la demanda de una población cada vez más numerosa. d). La necesidad de escapar de los horrores de las guerras que ensombrecieron a Europa durante gran parte de la primera mitad del siglo XX.

Proviniendo principalmente de las regiones del norte de Italia, destacándose entre ellas Lombardía, Calabria, Piamonte y Liguria y Sicilia y Campania en menor volumen, numerosos italianos, compartiendo una común herencia cultural mediterránea, la misma religión identificada como “catolicismo romano” y un idioma de muy similares características, se asentaron principalmente en Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe y Mendoza, adaptándose allí rápidamente a las nuevas formas de vida y costumbres que les ofrecía su nuevo destino. Y  al mismo tiempo en que renovaron y fortalecieron las tradicionales habilidades argentinas (cultivo de frutas, producción de vino, irrigación, transportes, cultivo de cereales, comercio, actividad bancaria, etc.), también trajeron los tan necesitados nuevos conocimientos industriales y tecnológicos.

Dispuestos a comenzar humildemente pero trabajando muy duro, con el fin de acumular capital, tierras y educación, los padres venidos de Italia y sus hijos nacidos aquí, lograron ocupar un lugar destacado en la sociedad. En todo el territorio de la nación  Argentina, los italianos constituyeron gran parte de la creciente clase media urbana y rural, desempeñándose como artesanos, cultivadores de trigo y maíz en grandes extensiones, como navegantes ribereños, propietarios de pequeños viñedos y montes frutales en Mendoza y Río Negro, etc..

Los acontecimientos que se produjeron en Italia durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales se vieron reflejados crudamente en la Argentina. Durante la primera contienda, numerosos italianos regresaron a su país, para colaborar con su madre patria, dejando inconclusos muchos de los proyectos y actividades que habían iniciado y durante el período comprendido entre las dos guerras, fueron muchos los argentinos que se sintieron atraídos por “la nueva Italia fascista de Mussolini”, viendo en ese totalitarismo, una similitud con el gobierno de los caudillos argentinos y creyendo que esta moderna forma corporativa de gobierno podía ofrecer nuevas respuestas a algunos de los problemas políticos argentinos. Y fue precisamente JOSÉ FÉLIX URIBURU, quien desde su cargo de Presidente de la Nación (1930-1932), fue uno de ellos, actitud que le valió ser acusado de pretender instalar un gobierno fascista en la República Argentina.

Durante la Segunda Guerra Mundial, gran número de argentinos, de todos los niveles sociales, y que contaban con estrechos vínculos familiares en Italia, fueron quizás, quienes más influyeron en el fortalecimiento del tradicional deseo argentino de permanecer neutral en las guerras mundiales y  en lugar de unirse a los aliados contra las fuerzas del Eje, que incluían a Italia, mantuvieron su neutralidad. Una vez terminada la guerra, todo volvió a la normalidad y la inmigración italiana se renovó una vez más con marcada intensidad.

La sangre italiana ha dado a la Argentina algunos de sus más grandes hombres durante los últimos ciento cincuenta años, comenzando con el general patriota MANUEL BELGRANO en el período de la independencia, para seguir con numerosos intelectuales, artistas, científicos, educadores y hasta presidentes de la nación como BARTOLOMÉ MITRE, CARLOS PELLEGRINI, ARTURO HUMBERTO ILLIA, JUAN DOMINGO PERÓN y ARTURO FRONDIZI

Fueron muchas las figuras trascendentes de la literatura, la música, la poesía, la pintura y otras artes de origen italiano, que se unieron para fortalecer el sistema educativo argentino y llevarlo a su máximo potencial. Aportes en el espectáculo, el teatro y la música le son hoy reconocidos y hasta nuestra música ciudadana: el Tango, se vio enriquecida con la participación de notables compositores e intérpretes como TANTURI, BAFFA, DE ANGELIS, DARIENZO y tantos otros

Y no sería justo terminar esta lista, sin agregar a la misma, los aportes que la comunidad italiana hizo en los hábitos alimenticios, sociales y lúdicos de los argentinos. Los italianos nos trajeron “las pastas”, la pizza, el fainá, la polenta y la milanesa. Originales postres, el helado, el tiramisú, el panetone navideño y la torta de ricota, sin olvidar la costumbre de acompañar los almuerzos y cenas con un delicioso vino. El gusto por la Ópera y el “bell canto”, la alegría de las reuniones familiares de los domingos y la devoción por santos y vírgenes, en los cuales millones de personas, depositan hoy sus esperanzas a la espera de un milagro, que enderece sus vidas.

Hasta nuestro idioma coloquial se ha visto renovado con el aporte traído por los italianos: muchas de las expresiones que son comunes hoy en la Argentina, han sido traídas por ellos:  nuestro cariñoso “pibe”, para nombrar a un niño, deriva de su “pive”, que en dialecto genovés sería igual a “aprendiz”; “mina”, nombre con el con los argentinos nombramos a una mujer es una adaptación de su “femmina”,  (mujer); “laburo” que tiene su origen en la palabra “lavoro” (trabajo en italiano).

Fueron y son tantas las cosas que nos trajeron, que nos enseñaron y que supieron mejorarnos, que hoy en todo nuestro territorio,  el 3 de junio de cada año, se celebra el “Día de la Inmigración Italiana”.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.