LEY DE INMIGRACIÓN Y COLONIZACIÓN (19/10/1876)

El 19 de octubre de 1876, el Presidente Nicolás Avellaneda, firmó el cúmplase de una Ley de Inmigración y Colonización que iba a ser la base de la política inmigratoria durante más de 30 años en la Argentina. La ley fue redactada durante el primer año de su gobierno, por el propio Avellaneda que había escrito su tesis de abogado sobre el tema de la tierra pública. En los papales todo era perfecto.

Por primera vez se definía qué era un inmigrante desde el punto de vista jurídico y así se consideraba a todo extranjero menor de sesenta años que llegase al país por sus medios o por los del Estado, con la intención de radicarse en el país y trabajar. Se creaba también el “Departamento de Inmigración”, que aseguraba el ingreso y la estadía de los recién llegados al país. Ese departamento debía ocuparse de realizar la necesaria propaganda en el exterior y de recibir a los que llegaran, alojarlos durante cinco días posteriores al desemarco y protegerlos en caso de enfermedad.

En la Ley se contemplaba además la exploración y subdivisión de tierras aptas para la colonización y se preveía la fundación de pueblos. El gobierno debía adelantar a las familias de los inmigrantes, todo lo necesario para poner en marcha la explotación de los 100 primeros lotes de cada población, que se distribuirían gratuitamente. Algunas empresas colonizadoras particulares, fueron autorizadas a elegir y subdividir las tierras por su propia cuenta.

Y allí fue donde la Ley comenzó a ser traicionada. De las 225 compañías colonizadoras, sólo 14 cumplieron con las obligaciones de colonización y subdivisión que les imponía la Ley. El resto sólo hizo un manejo especulativo de la distribución de las tierras. Entre 1875 y 1880 la Nación invirtió 1.935.000 pesos fuertes para fomento de la inmigración, gastos de internación, formación de Colonias, etc. Logrando que llegaran al país 249.110 inmigrantes, la mayoría españoles e italianos, pero en ese mismo tiempo se fueron 98.806 que desilusionados, regresaron a su país. Lo más frecuente era que los colonizadores se encontraran con muy poco de lo prometido y optaban por buscar trabajo en las ciudades o por explorar otras posibilidades, fuera del país, mientras los latifundistas y especuladores hacían su negocio.

 

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