LA RULETA DE LOS CUCURUCHOS

Cucuruchos, Cucuruchero ¡!! Pruebe su suerte con el Cucuruchero ¡!!. Era el pregón de unos simpáticos vendedores de cucuruchos (también conocidos como “barquillos”), que recorrían la ciudad de Buenos Aires y que desaparecieron a mediados del siglo XX. Pulcramente vestidos de blanco y llevando colgado del hombro un voluminoso tambor, quizás de unos 200 litros, ofrecían su mercadería, tentando a sus posibles clientes, con la posibilidad de ganar hasta dos y tres “cucuruchos” por unos centavos. Cómo era eso?. Reclamado por algún interesado, depositaba el tambor en el suelo y el cliente hacía girar una ruleta que éste llevaba sobre una de sus tapas. Al cesar en sus giros la rueda, indicaba cuántos “cucuruchos” había ganado. Podían ser, como dijimos, de uno a tres y entonces el “cucuruchero” sacaba del interior del tambor, calentitos y crujientes unos deliciosos “cucuruchos” triangulares, una especie de bizcocho cuya masa era parecida a la de los actuales envases que se utilizan para servir los helados en las heladerías, pero doblados de la forma que tienen los “creppes”.

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