LA LINTERNA MAGICA (1821)

Un 29 de diciembre de 1817 desembarcó en nuestro país un norteamericano llamado ANTONIO KING, el primero en brindar una función de “”cine”” en estas tierras, que en honor a la verdad, más que cine, era una simple proyección de imágenes fijas sobre una pantalla, porque en realidad, faltaban todavía muchos años para que el cinematógrafo comenzara a existir. Lo que usaba KING era un aparato que se conocía como ”linterna  mágica””, formado por dos lentes que permitían proyectar imágenes sobre una pantalla.

 KING era un aventurero que había escapado de su casa en Nueva York cuando aún no había cumplido los  15 años y el 29 de diciembre de 1917 se embarcó hacia Buenos Aires sin un centavo en el bolsillo. Después de recorrer el país de un extremo a otro, haciendo a veces de soldado, a veces de comerciante o como simple aventurero, llegó a conocer muy profundamente las costumbres de la gente y trabó relaciones con gobernadores de provincias, caudillos y montoneras, de todo lo cual dejó constancias en un libro que escribió más tarde..

Corría el año 1821 y habiendo hecho una fortuna (quizás por un provechoso matrimonio), cuando en sus viajes, llegó a la provincia de Córdoba y conoció a LUCAS CRASSEY, un comerciante inglés que iba en una caravana de carretas rumbo a Chile. En el camino fueron sorprendidos por un grupo de ladrones que les robó el cargamento y hasta la ropa que llevaban puesta. Pero por suerte el norteamericano consiguió salvar una caja que contenía, según sus dichos, un aparato para proyectar imágenes en colores, lo que entonces se llamaba, una ”linterna mágica” y que para él era su gran tesoro.  Convencido de la utilidad de este aparato, rápidamente KING se asoció con CRASEY y juntos comenzaron a explotar la linterna que a partir de entonces les sirvió como medio de vida.

A fines de ese año (1821), viajaron hacia la ciudad de San Luis y allí alquilaron una habitación en una casa particular, colgaron una sábana para usarla como pantalla y realizaron la primera función. Mientras el inglés proyectaba sus fantásticas figuras, el norteamericano vigilaba la entrada, por la que cobraba unas monedas (medio chelín por cabeza, lo que les produjo en una tarde, una entrada de tres dólares, cuenta  él en su libro), Como se ve, King hacía el cálculo en moneda de su país.

Deben de haber tenido mucho éxito porque a la tarde siguiente, repitieron la función y esta vez, asistió hasta el mismo gobernador de la provincia, el doctor SANTOS ORTIZ. Entusiasmados por éste resultado, los dos socios continuaron su viaje  hacia San Juan, ofreciendo sus funciones durante las numerosas paradas que debieron hacer en su camino, precedida siempre su presencia, por la novedad que traían a esos pueblos que asistían asombrados.a esas proyecciones.

Después de permanecer cerca de 25 años entre nosotros KING escribió, en 1846, un libro con los recuerdos de sus andanzas y aunque el libro está lleno de inexactitudes (desfiguraciones producidas por el tiempo y la distancia), vale la pena seguirlo a Antonio King en sus aventuras sudamericanas. Su conocimiento de los montoneros, de los caudillos y de los gobernadores de las convulsionadas provincias, otorgan un interés especial a las memorias del norteamericano y nos revelan muchos aspectos interesantes de aquellos tiempos de enconada guerra civil, mientras deja documentado uno de los antecedentes de las proyecciones de vistas y casi de la cinematografía en la argentina, que ya por aquellos años estaba en manos de un norteamericano y de un inglés.

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