LA HELADERÍA “EL VESUVIO” (1902)

LA HELADERÍA “EL VESUVIO”. Un santuario porteño que sobrevive al progreso. La heladería, confitería y chocolatería “El Vesuvio”, ubicada en Corrientes 1181 de la ciudad de Buenos Aires, con más de cien años cumplidos, se suma a un podio compartido con sitios como el Café Tortoni y la confitería Las Violetas. Dicen que fue la primera heladería argentina y aunque ya pasó por cinco dueños, todos se resistieron a tirar las copas de vidrio, un sello distintivo de la heladería: Fue fundado por el matrimonio Cocitore, que llegó de Italia con la primera máquina de fabricar helados traída al país en 1855. Revestidas sus paredes con paneles de roble tallados a mano, exhibe un gran vitral con la leyenda “El antiguo Vesuvio” y otro gigantesco, instalado en 1902, que reproduce al célebre volcán napolitano, que el 20 de agosto del año 79 después de Cristo, cubrió de lava la ciudad de Pompeya en Italia. Dado que no había electricidad, la fabricación de helados era manual: se llenaba un gran cilindro de cobre con una mezcla de leche, crema, azúcar y los polvos de distintos gustos. Se cubría el tarro con cuatro capas de hielo y sal; se tapaba con lonas. Luego dos personas se turnaban para dar vueltas a una manivela (durante dos horas por lo menos), que hacía girar la mezcla y cuando la baja temperatura (menos de 10” bajo cero), lograba homogeneizar y congelar el contenido del tarro, se lo sacaba con unas grandes espátulas de madera y se lo acomodaba en otros tarros más chicos para su expendio. Veinte años después de su apertura, los Cocitore decidieron agregar una confitería especializada en la fabricación y venta de chocolate con churros, al que se añadió un sector de bar en la década del 80 y como lo testimonia “La última grela”, el tango de Horacio Ferrer y Astor Piazzolla: “Fueron, hace mucho, las románticas proletarias del amor. Era frecuente verlas al alba, desayunando un chocolate con churros en la confitería Vesubio (sic) de la calle Corrientes”. La versión actual exhibe entre otras cosas, una galería de fotos de comienzos del siglo XX, donadas por el arquitecto José María Peña, director del Museo de la Ciudad, una reproducción de la primera máquina para hacer helados y dos fotomontajes con retratos de artistas y personajes de Buenos Aires, entre otros, de Carlos Gardel, que fue habitué del lugar. Además de Gardel, por “el Vesuvio”, pasaron Tita Merello, Julio De Caro, Pinky y Susana Rinaldi y sigue siendo centro de reunión y festejos para los actores que trabajan en la avenida Corrientes, luego de cada función.

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