LA CONQUISTA DEL NUEVO MUNDO (1504)

La conquista del nuevo mundo según la vieron tres monarcas. Tres visiones diferentes acerca de la misma gesta.

La última voluntad de la Reina de Castilla
Por cuanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica, las islas y tierra firme del Mar Océano., nuestra principal intención fue  de procurar, inducir y traer los pueblos de ellas, y los convertir a nuestra santa Fe Católica, y enviar a las dichas islas, prelados y religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios, para instruir los moradores en la fe y los enseñar y doctrinar buenas costumbres”. Suplico al Rey, mi señor muy afec tuosamente, y mando a la Princesa, mi hija, al Príncipe, su marido, que pongan mucho empeño y no consientan que los indios, vecinos moradores,  reciban agravio alguno en s personas y bienes, mas manden que sean bien  y justamente tratados y si algún agravio h recibido, lo remedien” (del Testamento de la Reina Isabel la Católica: Codicilo del 23 de setiembre de 1504, según “Recopilación de las Leytes de Indias”, realizada por William Th. Walsch  en su obra  “Isabel de España” .España, 2005).

La voluntad de Felipe II de Austria
“Y porque los reinos de Castilla y de Indias pertenecen a una misma corona, y sus leyes y procedimientos de gobierno, deben ser en lo posible semejantes. Los miembros de nuestro Consejo tratarán que las leyes e instituciones que ordenaren en favor de esos estados, se confor men al estilo y orden por el cual son gobernados  los reinos de Castilla y León, en cuanto lo permitan la diversidad y diferencias de estas tierras y pueblos” (Real Ordenanza de Felipe II en 1573, según consta en la “Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y colonización de las posesiones españolas en América  y Oceanía).

Propósito de Carlos III, Borbón
El propósito de las reformas borbónicas expresado por el Rey Carlos III en sus “Instrucciones al Visitador de Nueva España, José de Gálvez”  respondía a la loable intención de organizar este gran reino y uniformar su sistema político y económico con el de la metrópoli, de lo cual resultaría, entre otras muchas ventajas reveladas por el tiempo, que su gobierno sería  calibrado según el superior gobierno residente en España, y que aquellos que vinieran a desempeñar cargos no tendrían que aprender  reglas contrarias, o, al menos, muy diferentes a las observadas en su país de origen (“Instrucciones de Carlos III a José de Gálvez, visitador de Nueva España”, citado por  Clarence Haring  en su obra  “El Imperio Hispánico en América”.

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