LA CASA DE NIÑOS EXPÓSITOS (07/08/1779)

La Casa de Niños Expósitos, fue una Institución que ilustró de manera evidente y dolorosa, sobre la dura realidad social de los tiempos de la colonia. Las crónicas de la época, en las que figuran testimonios de religiosos y civiles, revelan que era frecuente el hallazgo de niños recién nacidos abandonados en las iglesias, las puertas de las casas y los espacios públicos. Como consecuencia de ello, muchos morían de frío o devorados por los perros y cerdos que andaban sueltos por las calles.

Un viajero llegado a la ciudad en aquella época cuenta cómo mujeres con el rostro tapado dejaban a los bebés en lugares poco frecuentados. Gran parte de esos recién nacidos eran hijos de mujeres pertenecientes a familias prestigiosas y de alto nivel económico y más raramente de las clases bajas, integradas por esclavos negros y mestizos. Es que la moral impuesta por los colonizadores condenaba los nacimientos producidos fuera del matrimonio y exponía a la vergüenza pública a las madres solteras o adúlteras. Las razones morales estaban profundamente relacionadas con los intereses económicos, porque de esta manera, se  aseguraba que sólo la descendencia legítima fuera heredera de la fortuna familiar.

Para hallar una solución al drama el capitán de Dragones y procurador de la ciudad, MARCOS JOSÉ DE RIGLÓS, miembro de una de las familias más ricas de la ciudad, le sugirió al virrey VÉRTIZ que se creara una “Casa Cuna” o “Casa de Niños Expósitos”. Los fondos para sostener la institución, se podrían obtener de los bienes que habían pertenecido a los jesuitas de la Compañía de Jesús antes de su expulsión en 1767.

La idea fue aceptada y el 7 de agosto de 1779, como parte del complejo administrativo que significaba el “Protomedicato del Río de la Plata”, ocupando un solar ubicado en la calle San José, casi esquina San Carlos de la ciudad de Buenos Aires (actuales calles Perú y Alsina según la nomenclatura actual, en plena “Manzana de las Luces) fundó una “Casa de Niños Expósitos” para albergar a los “expósitos (1)  y para asegurarle un ingreso más regular que las posibles donaciones que sin duda, comenzaron a ingresar a sus arcas, en 1780 ordenó que se trajera de Córdoba, la imprenta que había sido de los jesuitas y se instalara con un taller en esta Casa, para que con lo que pueda cobrar por sus trabajos de impresión, se pudiera sostener, sin depender de la caridad pública.

Su primer Director fue el doctor JUAN DE DIOS MADERA, su primer Administrador  el filántropo MARTÍN DE SARRATEA y la primera niña que se albergó allí, se llamaba MARÍA LORENZA (otros autores dicen que fue la llamaba FELICIANA MANUELA). Sin aclarar esto, se sabe que la niña fue bautizada el 19 de agosto de 1779, siendo su padrino FRANCISCO CALVETE, primer sargento de la asamblea de infantería. En razón de que todavía no había amas de leche disponibles allí, la niña le fue entregada para su alimentación a la “mestiza” MARÍA EUGENIA LINARES, quien luego de amamantarla, debía entregarla a la abadesa de esa casa cuna, FRANCISCA FRANCO.

(1) del latín “expositus”, es decir  puesto afuera), palabra que se aplicaba a los niños recién nacidos abandonados, generalmente en las puertas de las iglesias o en la calle

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