LA ACADEMIA DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (1822)

“Escasean los galenos en esta ciudad”, es la conclusión del cirujano mayor del Ejército, doctor FRANCISCO RIVERO, autor de un informe que elevó a las autoridades en diciembre de 1815, preocupando severamente al gobierno de IGNACIO ÁLVARE THOMAS. Según los cálculos de este profesional, “en Buenos Aires, trabajan quince médicos, sin contar algunos ingleses (que sabe que atienden consultas, pero que no conoce) y los incorporados a los regimientos. Cinco de los quince mencionados son inútiles por demasiado viejos, otro es enemigo del régimen. En suma, el recuento final no resulta muy alentador”.

“Sería urgente entonces, aconseja, contribuir a la formación de nuevos médicos. Para ello es imprescindible jerarquizar una profesión que no goza del respeto de la sociedad, que considera a los médicos —en especial a los cirujanos— como simples matasanos. Nuestros soldados necesitan ser bien atendidos y lo mismo ocurre con los pobres que se asisten en los hospitales de los Bethlemitas (de hombres y de mujeres). Afortunadamente, nos llegan buenas noticias de los cursos de medicina que se dictan en el Instituto Médico Militar de Buenos Aires.

Consultada la opinión que le merecía este informe, el Director del “Hospital Militar de la Residencia”, el doctor COSME ARGERICH, uno de los promotores  de la creación  del Instituto Médico Militar, así se dirigió al Director Supremo: “No me sorprende la crudeza de este informe, que comparto en todas sus partes. Mi interés y el de los colegas que me acompañaron para llevar a cabo la creación del “Instituto Médico Militar”, fue precisamente el de impedir que desapareciera el único establecimiento de enseñanza superior que existía en Buenos Aires. Me refiero a los estudios de medicina fundados en 1801 con el patrocinio del Protomedicato. El plan de la carrera, redactado por el doctor O’ GORMAN era muy serio y comprendía, lo mismo que el actual: cursos de seis años, el último de los cuales, se dedicaba exclusivamente a la práctica en los hospitales: La primera inscripción fue la más alta registrada hasta ahora: una docena de alumnos. En 1804 mermó —los estudiantes se inscribían cada tres años—. En 1807 fue nula con motivo de las invasiones inglesas. En 1812 sólo tres jóvenes a punto de recibirse, cursaban medicina y realizaban sus prácticas en el ejército. El caos en la enseñanza era total. Las aulas se destinaban a almacenar material bélico y los profesores nos arreglábamos como podíamos, dictando clases en nuestros domicilios particulares. En mayo de ese malhadado año el gobierno nos suprimió los sueldos”.

Esta realidad, tan bien expuesta por el doctor ARGERICH, despertó la conciencia de las autoridades y de la comunidad que no habían comprendido aún lo dramático de esta situación y llegado el gobierno de MARTÍN RODRÍGUEZ, por iniciativa de su Secretario de Gobierno, el doctor BERNARDINO RIVADAVIA, principal impulsor del proyecto, fue fundada la Universidad de Buenos Aires (12 de agosto de 1821) con un Departamento de Medicina y un año después la “Academia de Medicina” dependiente de ella (que pasó luego a ser la Facultad de Medicina). Y si bien el comienzo de la enseñanza de la medicina en Buenos Aires se inició en 1801, con la inauguración de los cursos de la Escuela de Medicina, creada por el Protomedicato, debemos considerar que el inicio de esta actividad, con cursos regulares, planes de estudio funcionales a nuestra realidad y con un cuerpo de profesores de reconocida idoneidad recién llega en 1822, con la creación de la “Academia de Medicina” (1), que rápidamente pasó a ser una destacadísima escuela de esa ciencia y provocó la desaparición del Protomedicato

A lo largo del siglo XIX, fueron llegando otros médicos y muchos se fueron recibiendo en nuestra Facultad de Medicina y los médicos y cirujanos argentinos pudieron recibir excelente enseñanza en su país y muchos de ellos la complementaron realizando estudios superiores en el exterior. Fueron famosos en esa época el doctor JAMES LEPPER (1785-1851), el doctor PEDRO VENTURA BOSCH (1814- 1871), el doctor TEODORO ÁLVAREZ (1818-1889), el doctor JOSÉ MARÍA FONSECA (1799-1843), quien, becado por el gobierno de LAS HERAS, habla sido, a su vez, discípulo del célebre DUPUYTREN en París durante 1826-1829. El mismo ROSAS, en 1844, con un problema en sus sistema urinario, fue operado por el doctor JAMES LEPPER (1785-1851), médico de la marina inglesa que trató a Napoleón, a bordo del navío “Bellerophon”, cuando éste estaba prisionero en la rada de Plymouth en vísperas de zarpar para Santa Elena y que había llegado a Buenos Aires en 1822, con lord PONSOMBY y se radicó en la ciudad (ver “Enfermedades de Rosas en Crónicas. LEPPER ejerció su profesión en el Hospital Inglés, en su primitivo local de la calle Independencia 15 y después en su segunda ubicación de Uruguay 222. Recordemos que el 18 de junio de 1848 fue empleada en este hospital, por primera vez en la Argentina, la anestesia por medio de éter y la utilizó el doctor JUAN GUILLERMO MACKENNA al realizar una de sus operaciones. Durante Ese período de nuestra historia, los profesionales se dedicaron con especial ahínco a exigir de las autoridades mayores facilidades para importar las vacunas y medicinas que le eran necesarias, logrando que a través de conductos británicos y estadounidenses se trajeran importantes partidas de medicamentos y que se introdujera el uso del cloroformo y del éter como anestésicos para la cirugía.

(Véase “La Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires, 1822-1972, del doctor Marcial Quiroga, publicado por la Academia en 1972 para celebrar su sesquicentenario).

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.