INCURSIONES DE LOS REALISTAS EN LAS COSTAS DEL PARANÁ (8/10/1812)

INCURSIONES DE LOS REALISTAS EN LAS COSTAS DEL PARANÁ. Las fuerzas españolas que se resistían a abandonar la Banda Oriental, refugiados tras los muros de la ciudad de Montevideo, bajo las órdenes de GASPAR DE VIGODET el Virrey de la Banda Oriental que había reemplazado a DE ELÍO, mediante contínuas acciones de guerrilla, hostilizaban y saqueaban por sorpresa a los pueblos indefensos de la costa del río Paraná, contando con la impunidad que les otorgaba la carencia de fuerzas navales del gobierno de Buenos Aires. Los días 8, 9 y 15, necesitados de víveres, realizaron violentas incursiones sobre los pueblos de San Nicolás y San Pedro, en las riberas del Paraná, cometiendo toda clase de fechorías y dejando muerte y destrucción en lo que eran antes florecientes poblados. En la madrugada del 8 de octubre, alrededor de 100 hombres llegados en tres “pedreros desembarcaron en San Nicolás de los Arroyos y se dedicaron al asesinato y al saqueo y ni la iglesia del lugar se salvó de ser profanada, como si les altares de los americanos no fueran los del mismo Dios que ellos adoran. Robaron una criada de los Warnes v dieron muerte a puñaladas al doctor Escudero. Las otras víctimas son: Francisco González, de 100 años a quien destrozaron la cabeza en la puerta de la panadería, Vicente Galtier, de 90 años y otro viejo de la misma edad que fue gravemente herido. Por lo visto los miserables procuran ensañarse con los más indefensos. Pocos días después, las bandas armadas desde Montevideo llegaron a San Pedro y luego de un corto combate, librado contra los pobladores que defendieron con su vida, sus familias y posesiones, prendieron fuego a las casas y saquearon el Convento. Los dos infelices indígenas que cocinaban para los frailes fueron hallados en el pórtico de la iglesia, bañados en sangre, habían sido alcanzados cuando procuraban huir a la torre. Del convento robaron alimentos y cubiertos, un Cristo, diversos ornamentos sagrados y un reloj: Cera, cebollas y ajos de la huerta, ropas de los religiosos y unas alhajas. Destrozaron cuanto no pudieron llevarse: vajilla y papelería. Para su desgracia no pudieron huir con los ornamentos v atavíos de la Virgen de los Dolores, que tenían ya acomodados. Cuatro religiosos fueron raptados y uno de ellos herido. Otro, que pudo describir a los atacantes —incluidos un mulato entregador que había prestado servicios en el convento— salvó su vida trepándose a un árbol. Por una vecina del lugar, doña FELICIANA MANSILLA se supo que los soldados invasores traían orden de degollar a todos los varones de 7 años para arriba, mandato que hubieran cumplido, si algunos valientes paisanos no los hubieran puesto en fuga, sin poder impedir empero, que antes de retirarse, incendiaran catorce casas del pueblo. Hechos de esta naturaleza, fueron los que decidieron al gobierno de Buenos Aires, a enviar una guarnición con asentamiento permanente en la zona, con el objeto de mantener una vigilancia que disuada a estos bandidos de continuar con sus incursiones, medida que en febrero de 1813, derivó en la gloriosa Batalla de San Lorenzo, librada con quienes cebados por el éxito de sus anteriores incursiones, pretendieron continuar con ellas.

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