Guascas

La necesidad de contar con los elementos necesarios para su vida y su trabajo, sin tener que depender exclusivamente del “pulpero” o del “bolichero”, hizo que el gaucho se las ingeniara para fabricarlos y para ello, que echara mano a lo que más abundaba en su entorno: el cuero vacuno. Elegía uno que estuviera bien “estaqueado” (estirado mediante estacas clavadas en el suelo o colgado en un marco de maderas o cañas), para que se secara en forma uniforme y quedara uniformemente plano. Sacaba luego de este cuero unas  finas tiras de variada longitud y luego de afeitarlas bien, las sobaba cuidadosamente para darles elasticidad. Estas eran las “guascas”. Con ellas hacía lazos para realizar sus tareas o para cazar; maneas para inmovilizar a su caballo, riendas, cinchones, banquetas, tirantes para su toldo, cabestros, etc.). Estas “guascas”  trenzadas o simplemente bien curtidas, en sus hábiles manos, se transformaban en eficaces útiles de trabajo. También se llama “guasca”o “guascazo” al azote que se le da al animal (y a veces a un rival), con el rebenque o el látigo. Si a la “guasca” se le agregaba ojales, botones, pasadores, argollas, etc. Perdía su nombre original y pasaba a ser una simple “soga” y si ésta, por un deficiente sobado se endurece y pierde elasticidad, vuelve a llamársela “guascas”, pero esta vez en forma despectiva.

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