El padrinazgo

Para la gente de campo, el nacimiento de un hijo traía aparejado un serio compromiso: elegir a la persona que sería el “padrino” del recién nacido. De acuerdo con las costumbres de tiempos ya idos, no cualquiera servía para desempeñarse como tal. Los padrinos, por el solo hecho de serlo, entraban a formar parte de la familia. Eran, en realidad, los segundos padres de la criatura y el ahijado le debía el mismo respeto y obediencia que a éstos y si llegaba a suceder que los padres biológicos murieran, el lugar era ocupado por los padrinos, que heredaban por entero las autoridad y las responsabilidades paternas. Teniendo en cuenta la importancia que tenía para el futuro del nuevo vástago, debía ponerse especial cuidad en la elección del padrino, al que se llamaba “compadre” y de la madrina, a la que se la llamaba “comadre”.

 

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