DEPONEN A NÚÑEZ CABEZA DE VACA (25/04/1544)

En 1540, de regreso ya en España, luego de un largo viaje que lo llevó desde América del Norte (donde descubrió el “Gran Cañón de Colorado”), hasta las selvas amazónicas, ALVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA capituló con  el rey y fue nombrado “Adelantado del Río de la Plata. En marzo de 1541 arribó a la isla de Santa Catalina y  al frente de 250 hombres (de los cuales 26 montaban caballos), emprendió otra increíble caminata para llegar a Asunción, destino final de su viaje y en esta marcha descubrió las Cataratas del Iguazú.

El 11 de marzo de 1542 entró en la Asunción y DOMIGO DE IRALA acató su autoridad y se constituyó en su Teniente Gobernador. Sus actos humanitarios en favor de los indígenas y  su gestión en contra de los abusos de los “encomenderos” y la jerarquía española en estas tierras, le valió el encono de todos ellos, que empleando mil argucias, intentaban torcerle el brazo sin conseguirlo. Hasta que finalmente,  el viernes 25 abril de 1544,  unos doscientos conjurados liderados por ALONSO CABRERA, que contaba con el apoyo de NUFLO DE CHAVES, JAIME RESQUIN, FRANCISCO DE MENDOZA, MARTÍN SUÁREZ DE TOLEDO y otros, se rebelaron  contra el Adelantado,

IRALA, que estaba enterado la conjura, para no verse comprometido, pero no por no compartir la sublevación, se declaró enfermo y se mantuvo en su casa.  Los criados del Adelantado y su Maestre Sala, DIEGO DE MENDOZA, también estaban al tanto del plan y tampoco hicieron nada para desbaratarlo. NÚÑEZ CABEZA DE VACA estaba en cama, pues “a la sazón, se hallaba purgado”. Cuando en la mañana de ese día, los conjurados se presentaron en su casa, y antes de que ingresaran al patio, un criado le avisó al  Adelantado. Este, rápidamente se dejó caer de la cama, vistió su cota de malla y tomando escudo y arma, salió de su habitación, al tiempo que entraban los sediciosos y les dijo: “Caballeros, que es esta traición que hacen contra su Adelantado? A lo que ellos respondieron: “No es traición, todos somos servidores de Su Majestad, pero conviene que V.S. sea preso y vaya a dar cuenta por sus delitos y tiranías”. El Adelantado, cubriéndose con el escudo, dijo que antes moriria hecho pedazos. De inmediato se le echaron todos encima y le dieron estocadas y golpes, hasta que JAIME RESQUIN le puso una ballesta armada en el pecho y le dijo que si no se rendía, lo mataba. El Adelantado apartó la ballesta de su cuerpo, y se entregó diciendo: “Hagan de mi lo que quisieren”. Le colocaron dos pares de grillos y  rodeado de soldados, fue metido en una celda oscura, con 50 arcabuceros de guardia.

Comunicaron a Irala la situación y éste declaró que estando enfermo de disenteria, no podía andar a pie ni a caballo; pero animándose, se hizo trasladar en una hamaca desde su casa, en las afueras de Asunción, hasta el Ayuntamiento. Al día siguiente, el 26 de abril, los notables, reunidos allí, decidieron votar por quien se haría cargo del gobierno de la ciudad, hasta tanto las autoridades españolas definieran la situación. Resultó elegido capitán general DOMINGO DE IRALA y trasladado en una silla hasta la Plaza pública, asumió su cargo en una ceremonia de estilo.

Los revolucionarios se llamaban a sí mismos “comuneros”, relacionándose con los de Castilla, sublevados contra Carlos V y vencidos en Villalar, en 1521. Al Adelantado depuesto no se le permitía tinta, ni papel en su prisión, donde sufrió muchas penalidades. Metido en una celda, que era una especie de pozo, se le daba por todo alimento pan y agua. Una india, que le llevaba el mísero alimento, era examinada desnuda para que no le pasase algún recado. Hubo intentos para ponerlo en libertad, pero todos fracasaron. La ciudad de Asunción se dividió en dos bandos: los “leales” (partidarios de Alvar Núñez) y los “”tumultarios” o “comuneros” (sostenedores de Irala). Hubo choques y muchas muertes. Después de 13 meses de prisión, concluida ya la carabela que se cons­truyó especialmente con el nombre de “Comuneros”, el mandatario depuesto fue embarcado hacia España.

Estuvo preso desde el 25 de abril de 1544 hasta el 8 de marzo de 1545, día en que partió la nave, al mando de ALONSO CABRERA, para llegar a España en setiembre del mismo año. En 1552 se cerró su proceso y en 1556 el rey ordenó le pagasen doce mil maravedíes para que pudiera curarse de una enfermedad, que finalmente lo llevó a la tumba. Murió Valladolid, en 1559, pobre y olvidado de todos.

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