LA CASA DE MONEDA (15/11/1826)

La acuñación de moneda en Híspanoamérica ha sido un tema poco frecuentado por nuestros historiadores. De ahí que su interesante historia sea aún casi desconocida.  Es bueno saber que hasta la creación de la primera “Casa de Moneda” en la capital del Virreinato del Perú, Lima, allá por el año 1568, las transacciones comerciales se realizaban mediante un signo monetario convencional que con el nombre de  «cuña» era el único circulante de que se disponía y estaba representado por trozos o laminitas de plata, cuyas dimensiones y peso variaban de acuerdo con el valor del objeto o cosas que se adquirían, o por el valor intrínseco de las «cuñas», haciendo  casi imposible el control del sistema monetario por las autoridades españolas.

Era en realidad una forma mejorada del trueque directo. No escapó a la observación de algunos altos funcionarios de la Corona esta irregularidad, como se desprende de un escrito enviado a España por uno de ellos, y en el cual, entre otras cosas, se exponía la necesidad de «hacer moneda y cobrar los quintos para la Corona», dando además, estas otras razones: “….. porque en esta tierra, corre por moneda una plata menuda que llaman corriente, la cual anda por quintar (se refería al quinto que debía percibir el rey), y muchas della falsan los indios, aziendo de cobre y plomo con color falsa que suelen dar por manera que los que con ella contratan reciben mucha pérdida, así en el peso como en el poco valor que tiene, y si hubiese moneda toda esta plata  se consumiría en mejor y fundiéndose para labrar moneda, se cobrarya el quinto para V. M. y donde en adelante demás de la moneda de la demás plata que corriere  seria barras ensayadas y marcadas y si los indios enterrasen o escondiesen alguna, sería ya pagado el quinto de que no viene  perjuicio a la real hacienda, y la que tienen escondida la sacarían ha azer moneda». Como se ve, ya en aquellos tiempos,  se falsificaba el signo monetario. Luego veremos hasta dónde llegó esta «actividad lucrativa». Se imponía, entonces, la creación  de una Casa de Moneda, y así lo comprendieron con rara unanimidad todos los  sucesores de don FRANCISCO PIZARRO, quienes recomendaron al rey su creación.

Casas de Moneda en Sudamérica.
En un interesante trabajo que sobre este tema realizó PEDRO J. VIGNALE, el autor recoge parte de una presentación hecha por funcionarios españoles al rey. Dice así: «Además de las razones de orden político, se decía en esa presentación,  que crear una moneda importaba promover el comercio interno, frenado por el escaso circulante que venía de España. Por otra parte, se trataba de «atraer al indígena a un sistema que sustituyera a su acostumbrado trueque, y con la inexistencia de moneda, el comercio se hacía entre los mer­caderes en perjuicio de la Corona, por falta de control para percibir el quinto del oro y la plata que se extraía y que con la creación de la Casa de Moneda, se establecería un mecanismo capaz de fiscalizar ese manejo de los metales preciosos, facilitando la percepción del quinto». Pese a éstas y otras presentaciones, transcurrieron muchos años sin que se levantara la tan promovida Casa de Moneda en esta parte del Mar Océano. Correspondió el éxito en esta empresa al virrey don FRANCISCO DE TOLEDO, hombre inteligente, dotado de una gran capacidad de empresa, quien en el año 1573 pudo acuñar moneda en la “Villa Imperial de Potosí” y enviar al monarca español la «muestra de la primera moneda que se ha librado después que la casa se fundó en esta provincia, con la nueva estampa».

Esta moneda fue lanzada a la circulación poco después, y desde esa fecha se fue imponiendo hasta los primeros años de la República, es decir la Independencia. Es necesario aclarar que por aquella época existía una “Casa de Moneda” en México. En cuanto al territorio que abarcaba el Virreinato del Perú, funcionaron casas de mo­neda en Lima, donde se comenzó a acuñar en el año 1568 —como se ha dicho—, y Potosí. Esta ciudad fue anexada al Virreinato del Río de la Plata el año 1776 y su “Casa de Moneda” siguió acuñando hasta 1825 con el sello español o con los nombres de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, salvo una breve interrupción originada por un grupo de patriotas, quienes, en una audaz operación de comando, se apoderaron de la Casa y acuñaron monedas con el Sello de la Patria. Después de la Independencia, las primeras monedas que se lanzaron a la circulación llevan las fechas de 1822 y 1823 y fueron acuñadas en Inglaterra a raíz de una gestión realizada por BERNARDINO RIVADAVIA.

Casa de Moneda de Buenos Aires.
La primera acuñación de monedas de la provincia de Buenos Aires de un décimo de real, realizada en Inglaterra en los años de 1822-23, fue muy pronto absorbida por la circulación. Encontrándose el gobierno interesado en una nueva emisión, inició en 1824 gestiones con la firma ROBERT BOULTON para la instalación de una ceca en esta ciudad. Con tal motivo aprobó el gobierno, por ley del 15 de noviembre de ese año, la inversión de una suma no superior a los 80.000 pesos para la compra de máquinas y útiles para la fabricación de moneda en el país.

En esas circunstancias aparece en Buenos Aires un luego célebre naturalista y via­jero inglés, JOHN MIERS, quien después de diversas gestiones, propone al gobierno, en los primeros meses de 1825, hacerse cargo de la instalación de la Casa de Moneda a un precio muy Inferior al ofrecido por la firma Boulton, con la ventaja de ocuparse personalmente de la instalación. La venta se concretó mediante un contrato por el cual Miers se comprometía a traer de Inglaterra cuatro prensas de acuñar, tres máquinas de laminar, una máquina de cortar monedas y otra para cortar cospeles, y los hornos de fundición, a cambio de la suma de 60.000 pesos que se abonaría en tres cuotas.

En abril de 1826 y después de diversas vicisitudes motivadas por la guerra con el Brasil y la detención en Río de Janeiro de una parte de las máquinas, Miers consigue reunirías en Buenos Aires. Mientras tanto el Banco Nacional había sustituido al primitivo Banco de Buenos Aires, con la facultad de emitir y acuñar monedas y el gobierao transfiere la ceca a la flamante Institución. Ésta instala sus talleres en el antiguo edificio del Consulado, ubicado en las actuales calles Bartolomé Mitre y San Martín (1) y el 15 de noviembre de 1826  finalizados los trabajos de instalación se acuñó como recuerdo del hecho,  una medalla conmemorativa. La pequeña pieza de cobre, primera medalla acuñada en nuestra país, muestra en el anverso uno de los balancines con la leyenda: «La Casa de Moneda de Buenos Aires»  y en el reverso: «Primer ensayo de la maquinarla.  D. Juan Miers constructor, 1826”

A partir del año siguiente se acuñaron en esta casa las primeras monedas de cobre a nombre del Banco Nacional en los valores de 1/4, 5, 10 y 20 décimos de real. Estas emisiones continuaron con diversas alternativas hasta 1831 en que fueron oficialmente suspendidas después de haberse acuñado monedas por valor de 448.937 pesos con 6 reales y medio. En la Casa de Moneda de Buenos Aires se acuñaron también todas las, medallas y premios militares de la época, colaborando en ella en gran proporción, personal de origen Inglés.

En cumplimiento de lo dispuesto por medio de la Ley Nº 911 del 29 de setiembre de 1875, el Presidente NICOLÁS AVELLANEDA dispuso la creación de la “Casa de Moneda de la Nación” en reemplazo de la “Casa de moneda de Buenos Aires” (creada en 1826) y la construcción de un nuevo edificio en la calle Balcarce Nº 677, de la ciudad de Buenos Aires, para instalar allí este organismo, que dependerá del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas de la Nación.

Nueva sede para la “Casa de Moneda de la Nación”
El 15 de octubre de 1875 comenzó la obra, que finalizó tres años después y el 12 de julio de 1880, el Presidente JULIO A. ROCA procedió a dejar inaugurada allí, la nueva sede de la “Casa de la Moneda de la Nación”, que funcionó en ese lugar, hasta que el 27 de diciembre de 1944, se trasladó al moderno edificio que hoy ocupa.

El lugar donde se levantó esta Casa tenía ya una larga historia que se remontaba a los tiempos de la colonia. Entre 1611 y 1613 el entonces gobernador DIEGO MARTÍN DE NEGRÓN ordenó que se construyera allí el Hospital del Rey, la más antigua institución dedicada a la salud que existió en el país. Se trataba de un humilde rancho de adobe que funcionaba al mismo tiempo como enfermería y santuario y que muy lentamente fue mejorando su precaria condición. En los primeros años del siglo XVIII el Hospital fue administrado por los padres bethlemitas y con el nombre de Santa Catalina Virgen y Mártir fue destinado a la atención de los “enfermos incurables, locos y contagiosos”. También funcionó allí un Convento y un Cementerio.

A partir de 1822 se instalaron en el lugar las primeras oficinas de la Municipalidad de Buenos Aires y más tarde fue el “Cuartel de los Restauradores”, de ROSAS. Por fin se ordenó la construcción de la Casa de Moneda, que terminó de edificarse en 1881. El antiguo edificio es por sus características, un modelo del estilo arquitectónico del siglo XIX con sus líneas simétricas y horizontales, ventanas rectangulares y la gran escalinata central. Durante un tiempo funcionó en el edificio el Ministerio de Trabajo y finalmente fue declarado monumento histórico

(1).-Otros historiadores afirman que se instaló en un viejo edificio perteneciente a la orden de los Bethlemitas, ubicado en la esquina sudeste de Méjico y Defensa, donde funcionó el Hospital de Belem y que al pasar esta finca al poder del Estado, se convirtió en el Cuartel de Restauradores.

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