CABILDO ABIERTO DEL 22 DE MAYO (22/05/1810)

En los Altos del Cabildo tuvo lugar le Asamblea popular que por pedido de los revolucionarios, fuera convocada el día anterior, por el virrey CISNEROS.  Los cabildantes comenzaron a llegar a partir de las nueve de la mañana y rápidamente estuvieron reunidos allí alrededor de 251 personas invitadas (1), sin contar los Regidores que no tenían voz ni voto. Se habían imprimido 600 tarjetas,  pero a la tarde del día 21, el Cabildo repartió solamente 450 invitaciones intransferibles y a nombre personal, después de haber hecho una cuidadosa selección entre aquellas, personas que según los funcionarios convocantes, constituían «la principal y más sana parte del vecindario» (2).

Los presentes y los ausentes
En aquella reunión estaba en mayoría, el elemento criollo, sucediendo lo mismo abajo, en la plaza, donde los Patricios y los Arribeños, ubicados en las bocacalles, sólo dejaban entrar a los elementos populares y adversos a la continuación del virrey, multitud que, soliviantada por la juventud patriota, atronaba los aires con los gritos de ¡Abajo Cisneros! ¡Mueran los godos! ¡Gobierno propio!!!

Dieciséis funcionarios públicos, que revistaban en el Tribunal de Cuentas, la Renta del Tabaco y la Aduana asistieron al Cabildo. A ellos se les debe agregar cuatro miembros del Consulado de Comercio, cuyo secretario era el doctor MANUEL BELGRANO, siete integrantes de la Real Audiencia de Buenos Aires, incluido su relator interino, el doctor MARIANO MORENO, trece Alcaldes de Barrio de la ciudad y dos Alcaldes de Hermandad. Veintisiete eclesiásticos (frailes betlemitas, domínicos, mercedarios y franciscanos), que encabezadsos por el Obispo de Buenos Aires, acudieron en representación de la Iglesia porteña; el Rector del  Colegio San Carlos, canónigos y miembros del Cabildo Eclesiástico, los curas párrocos de las Iglesias de La Concepción, San Nicolás, Monserrat, quienes junto a varios simples presbíteros, testimoniaron el interés de este gremio por los asuntos públicos.

Los diecisiete abogados autorizados a ejercer su profesión en el virreinato, cuyos voceros fueron los doctores JUAN JOSÉ CASTELLI y JUAN JOSÉ PASO. Tres escribanos, el licenciado VICENTE LÓPEZ Y PLANES y cuatro médicos representaron a los profesionales porteños. En cuanto a los comerciantes, actividad predominante y respetada, se sabe que estuvieron presentes 59 de ellos a los que deben sumarse 21 que acudieron como simples vecinos y 15 que debido a lo avanzado de la hora, no especificaron su actividad ante el Ecribano que constató las presencias, entre los que se hallaban el doctor HIPÓLITO VIEYTES, ANTONIO LUIS BERUTI y DOMINGO FRENCH.

Algunos peninsulares, que calificaban de “chusma ignorante” a todo aquel que no había nacido en la “Madre Patria”, criticaron la admisión de artesanos y pulperos —registrados como pequeños comerciantes— en las deliberaciones. Ignoraban quizás, que en Buenos Aires las diferencias sociales no eran tan estrictas como en otros países de Europa.

Otro grupo nutrido fue el de los militares. Revistaron en él, viejos veteranos de las campañas del virrey CEVALLOS contra los portugueses, como el teniente coronel ALONSO DE QUESADA y jóvenes que se distinguieron en las recientes invasiones de los ingleses. La gran mayoría adhirió a los novedosos conceptos de CORNELIO DE SAAVEDRA, quien con tres oficiales de la Marina, completaban la representación de las fuerzas armadas.  Es conveniente recordar que ni MARTÍN DE ÁLZAGA ni FELIPE SENTENACH pudieron asistir porque aún estaba en proceso el juicio que se les iniciara por el alzamiento que protagonizaran el 1 de enero de 1809. Fueron entonces  quizás algo más de 250 los Cabildantes que el 22 de mayo de 1810, por mérito de sus trayectorias, actividades, cultura y sensiblidad social, representaron a los 50.000 habitantes de Buenos Aires y su campaña (extraído de un ejemplar de la Gaceta de la Historia sin fecha).

El debate
En esta histórica Asamblea se enfrentaban por una parte los residentes españoles de la colonia, que pretendían que siguiera gobernando el régimen colonial, aunque cambiando las formas y por otra parte, los criollos e independistas que sostenían, que habiendo caducado gobierno de España, era necesario imponer un cambio completo en el orden político de estos territorios, instalando un gobierno propio que surgiera del pueblo, que reasumía así, desde ese momento su soberanía.

La sesión inicial del Cabildo Abierto fue abierta por el Escribano del Cabildo de Buenos Aires, JUSTO NUÑEZ, quien leyó una proclama notoriamente pro-realista, que  aconsejaba a los presentes “evitar toda innovación o mudanza,  que generalmente son peligrosas y expuestas a división” (ver El 25 de mayo de 1810). Este discurso, que  repetía conceptos ya enunciados en la proclama del 18 de mayo, es prueba evidente del acuerdo previo existente entre el virrey, los miembros del Cabildo y de la Audiencia. Estaba claro  que CISNEROS había aceptado la reunión de un Congreso general, con la esperanza de obtener un triunfo y consolidarse en el poder.

Al escribano NUÑEZ lo siguió en el uso de la palabra,  el obispo de Buenos Aires, BENITO LUÉ Y RIEGA, quien se mostró contrario a toda innovación y manifestó: que los españoles habían descubierto, conquistado y poblado el país y que en consecuencia, mientras hubiera en España, una ciudad o un pueblo libre del yugo francés, en aquella ciudad o pueblo residía la facultad de gobernar las Américas, sosteniendo finalmente que, aun en el caso de una pérdida total de la Península, los españoles debían continuar mandando en América, y sólo los hijos del país podían llegar al poder cuando no quedara ningún español en estas tierras”.

Oponiéndose a esta manera de razonar y en defensa de los ideales de los revolucionarios, habló a continuación el doctor JUAN JOSÉ CASTELLI, quien alegando que los españoles que habían descubierto, conquistado y poblado estas regiones, no eran los que se quedaron en la península, sino los que vinieron a América formando familias en ella, que sus hijos eran los que se llamaban hijos del país y que eran ellos y no los vecinos de Cádiz, los que podían y debían determinar la suerte de América. Sostuvo la caducidad del poder en España, debido al cautiverio de Fernando VII y a la disolución de la Junta Central de Sevilla y sobre estos principios, argumentó los derechos del pueblo de Buenos Aires para ejercer su soberanía e instalar un nuevo gobierno. Luego hizo uso de la palabra PASCUAL RUIZ HUIDOBRO para destacar que Cisneros debía cesar en el mando —por haber caducado en España la autoridad que lo nombró— y reasumirlo el Cabildo para luego entregarlo a otra persona.

Opinó seguidamente el Fiscal de la Audiencia MANUEL GENARO VILLOTA, un hombre de muy claro juicio y profunda ciencia jurídica. Sacó la cuestión del antipático terreno en que la colocara el obispo, cuyas razones, por otra parte, había destruido CASTELLI y estableció que nadie podría negar que Buenos Aires era una parte, no todo el virreinato y que habiendo muchas otras ciudades y pueblos con igual derecho que Buenos Aires a ser oídas y a opinar, la justicia reclamaba que nada se resolviese sin consultarlas previamente, conservándose entretanto el gobierno en manos del virrey. Negó a continuación que Buenos Aires tuviera el derecho de decidir sobre la legalidad del Consejo de Regencia y, menos aún, en erigirse como gobierno soberano. Su argumentación trataba de demostrar que el virrey debía continuar en el mando, pues las resoluciones de los vecinos porteños carecían de validez.

Esta argumentación muy hábil y no desprovista de un fondo de razón, tenía un alcance muy peligroso. Tendía a aplazar los sucesos dando lugar a que de Montevideo y de los centros adictos al gobierno colonial, vinieran grandes fuerzas capaces de sofocar a los patriotas y acabar con sus propósitos. El discurso de VILLOTA alentó al elemento español y dejó algo perplejos a los patriotas. Es probable que después de VILLOTA hayan intervenido en el debate otros oradores, entre ellos el presbítero NEPOMUCENO SOLÁ, partidario de entregar el poder al Cabildo —con voto decisivo del Síndico— hasta la reunión de una Junta Gubernativa integrada por diputados de todo el virreinato.

Se afirma que entonces, que para desvanecer esta atmósfera, se levantó para hablar el doctor JUAN JOSÉ PASO, auxiliar del Fiscal del rey, y, como VILLOTA, hombre de mucho talento y vasto saber. Rebatió los conceptos de los oradores anteriores al sostener la urgente necesidad de establecer en Buenos Aires una Junta Gubernativa y que realmente, como había dicho VILLOTA, los pueblos del virreinato eran miembros de una misma familia y que esto daba razón y legitimaba las aspiraciones de Buenos Aires, porque admitiéndose en derecho que en casos urgentes los hermanos presentes obraran a favor de los ausentes y tomasen su nombre para salvar de la ruina los intereses comunes, en este caso de extrema gravedad y de importancia decisiva, Buenos Aires, la hermana mayor, podía y debía obrar en nombre de todas sus hermanas para asegurar la felicidad, la libertad y el bien común”

El cambio de ideas había provocado una gran ansiedad en los cabildantes  y la admirable réplica de PASO decidió el ánimo de los presentes, quienes esperanzados en lograr un voto positivo para sus aspiraciones, exigieron dar por terminado el debate y proceder de inmediato a la votación de una moción concreta (3).

La votación
Acalladas las voces de protesta de unos y de aliento para que así se haga, se dispuso que los cabildantes debían votar sobre  “si había cesado la autoridad del virrey y en tal caso, quién debía reemplazarlo”. Iniciando  el acto de la votación, expuso su voto el comandante español PASCUAL RUIZ HUIDOBRO y luego,  el resto de los presentes, comenzó  a votar de viva voz o por escrito de acuerdo al orden sucesivo de asientos, mientras el escribano transcribía los votos en el Acta.

En seguida se puso en evidencia la gran diferencia de opiniones que existía acerca de esta cuestión. El obispo LUÉ, intransigente en sus ideas, dio su voto rotundo a favor de la continuación del virrey en el mando, siendo apoyado con los votos, del Oidor MANUEL VELAZCO y del Regente de la Audiencia. El comandante RUIZ HUIDOBRO, dio su voto por la cesación inmediata de CISNEROS y su reemplazo por el Cabildo, actitud que también tomaron muchos de los patriotas presentes, entre ellos  JUAN JOSÉ VIAMONTE, FELICIANO ANTONIO CHICLANA, NICOLÁS RODRÍGUEZ PEÑA, MANUEL BELGRANO, JUAN JOSÉ PASO.

La oposición de los españoles, pretendiendo revertir la situación y tras un encendido discurso, el Oidor JOSÉ DE REYES, votó a favor de la continuidad del virrey, asociado con el Alcalde de primer voto y el Síndico procurador. El coronel CORNELIO SAAVEDRA, tomó entonces la palabra y haciéndose eco del deseo de independencia de la mayoría de los asistentes a ese Congreso,  votó por la cesación del virrey y la delegación interina del mando en el Cabildo hasta la formación de una Junta que lo ejerciera en base a la participación popular expresando. «No queda duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando»

La reunión se había prolongado en exceso debido a la lentitud del procedimiento utilizado para la votación y a que la mayoría de los votos fueron precedidos por largos discursos y consideraciones,  por lo que se dejó para el día siguiente la verificación del escrutinio. En el acta consta que debió levantarse la sesión «por ser ya pasada la hora de las doce de la noche y no ser posible de continuar el trabajo después del incesante que se ha tenido en todo el día».

El escrutinio
Al día siguiente del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, en la mañana del 23 de mayo, el Cabildo ordinario efectuó el recuento de sufragios emitidos el día anterior, lo que arrojó las siguientes cifras: 155 votos por la destitución del virrey; 69 votos por su continuación en el mando (solo o asociado). De los 155 votos que se expresaron por la cesantía de CISNEROS, 87 disponían que el Cabildo asumiera interinamente el mando —con voto del Síndico Leiva— hasta que se constituyera una Junta, “no quedando duda de que el pueblo confería la autoridad o mando”. Si recordamos que los asistentes registrados fueron 251, puede deducirse que 27 personas no votaron, lo que quizás pueda interpretarse como que probablemente se retiraron antes de hacerlo, para no comprometerse.

La resolución
Finalizado el escrutinio se resolvió: 1º Deponer al virrey del Río de la Plata BALTASAR HIDALGO DE CISNEROS del mando y del título de virrey, 2º Hacer pasar al mismo tiempo, la autoridad que éste ejercía al Cabildo de la ciudad de Buenos Aires, para que a la mayor brevedad nombrase una Junta de Gobierno que se colocase al frente de los destinos del país, hasta la reunión de los Diputados de las demás ciudades y villas. Después de tomadas estas resoluciones se suspendió la Asamblea, que había empezado a las nueve de la mañana y terminaba en el momento de dar la campana del Cabildo las doce de la noche, quedando acordado que el día siguiente continuaría la sesión.

Según el historiador BARTOLOMÉ MITRE, “el reloj del Cabildo daba las doce de la noche al tiempo de terminarse le votación. Y al sonar la última hora del día, la campana que debía tocar más adelante las alarmas de la Revolución, resonaba en aquel momento lenta y pausada sobre la primera Asamblea soberana que inauguró la libertad y proclamó los derechos del hombre en la patria de los argentinos, señalando la última hora del dominio español en el Río de la Plata”.

Y pa ra finalizar diremos que esta Asamblea realizada el 22 de mayo de 1810, se diferencia fundamentalmente de los típicos Cabildos Abiertos, pues surgió y fue impuesta por el curso de los acontecimientos, contra el parecer de los regidores y aun del propio virrey. Ya no fue un simple y cordial cambio de opiniones entre las autoridades españolas y unos pocos vecinos, sino la expresión inicial de un verdadero movimiento revolucionario, que mediante el ejercicio de una libre votación, había puesto en marcha la decisión de un pueblo que había elegido ser libre y soberano.

(1).-Algunos historiadores afirman que el número de asistentes era de 244. La divergencia de opiniones, se ha producido por imperfecciones contenidas en el Acta que se labró durante esa sesión y en el hecho de que algunos «se escabulleron en una u otra forma para no figurar en ella». PAUL GROUSSAC da doscientos cuarenta y cuatro asistentes representados así: 60 militares, 39 empleados civiles, 25 religiosos, 26 profesionales (especialmente abogados) y 94 hacendados y vecinos en general. Pero según  referencias de la época, parece difícil que el Cabildo hubiera podido albergar a tantos ciudadanos, como fueron los que a partir del 23 de mayo de 1810, aseguraron haber estado en el famoso Cabildo Abierto del 22 de mayo. Porque ya instalada la Primera Junta de Gobierno, muchos declaraban enfáticamente haber sido agraciados con una de las famosas esquelas de invitación, preparadas el 20 de mayo en la imprenta de los Niños Expósitos, la única imprenta, por otra parte, de la ciudad.

(2).-No todos los invitados asistieron al Cabildo y algunas de las excusas que se dieron, después de los históricos acontecimientos vividos, resultan un poco  absurdas. Hubo quienes, como el señor DÍAZ DE VIVAR, que temerosos del frío y la humedad, se quedaron en sus casas y si bien concurrieron al día siguiente para solidarizarse con lo actuado, ya era tarde. Otros, como el escribano de la Curia don GERVASIO ANTONIO DE POSADAS, alegaron estar muy ocupados. En cuanto al doctor BENITO GONZÁLEZ RIVADAVIA, se excuso dando un argumento más comprensible, pues explicó que, por prescripción médica debía ingerir a las ocho de la mañana cierta bebida purgan­te cuyos efectos duran hasta el mediodía y que sólo le permitía salir por la tarde, razón, por demás  enojosa, que le impidió asistir. Se escucharon además en Buenos Aires, argumentos menos inocentes. Vecinos peninsulares aseguraban que como habían visto gente armada circulaba por los alrededores de la plaza el 22 de mayo, capitaneados por los jóvenes FRENCH y BERUTI, temiendo agresiones (que no se concretaron), aunque estaban invitados no asistieron. Excusa que después les permitió impugnar lo resuelto en esa reunión, aduciendo que el Cabildo así convocado, había carecido de representatividad , que los Patricios tenían esquelas que repartían sólo entre sus amigos y que, considerando que en Buenos Aires, viven “3.000 vecinos de distinción”, 450 invitaciones eran muy pocas.

(3).-Aunque algunos  historiadores han podido reconstruir documentalmente la opinión de los principales oradores del Congreso general del 22 de mayo, es imposible pretender transcribir los diálogos pues no hay constancias valederas de ellos. Las referencias más detalladas se encuentran en los informes del virrey y de la Audiencia, en algunas Memorias —como la de SAAVEDRA— y otras fuentes tradicionales que adolecen de serias contradicciones. El historia­dor PAUL GROUSSAC afirma que «los discursos e incidentes analizados o comentados en las obras de BARTOLOMÉ MITRE y VICENTE FIDEL LÓPEZ son meras inducciones de sus autores y carecen de autenticidad».

Última jugada de los españoles (23/05/1810)
La mayoría de los sufragios emitidos el 22 de mayo, demandaban la cesantía del virrey y la entrega del gobierno —provisoriamente al Cabildo de Buenos Aires— hasta constituirse una Junta elegida por el pueblo. El Cabildo Abierto había demostrado el pensamiento de los patriotas y la solidaridad de algunos grupos, pero era evidente la diversidad de opiniones debido a la falta de unidad de la masa revolucionaria. Sus vacilaciones fueron aprovechadas por el Cabildo ordinario para elaborar un audaz plan que burlaba la voluntad popular. En efecto: los Regidores se creyeron con facultades suficientes como para nombrar por sí solos —sin consultar al pueblo— una Junta provisional, que tomaría el mando «mientras se congregaran los diputados que se han de convocar de las provincias interiores, para establecer la forma de gobierno que corresponda». La audacia culminó con la designación del propio virrey como Presidente de la Junta. Sólo 25 votos —de los 155 que disponían la cesantía del virrey— conferían al Cabildo Ordinario atribuciones para constituir una Junta en la forma que creyere más conveniente. Estos sufragios minoritarios respondían a la fórmula de RUÍZ HUIDOBRO, que fue apoyada, entre otros, por CHICLANA.

Un insólita decisión burla la voluntad del pueblo
En la mañana del 24 de mayo de 1810, se reunió el Cabildo de Buenos Aires y dispuso “que continúe en el mando el Excmo. señor Virrey don Baltasar Hidalgo de Cisneros”, presidiendo una Junta de Gobierno integrada por JUAN NEPOMUCENO SOLKÁ, cura párroco de Montserrat, el comerciante JOSÉ SANTOS INCHÁURREGUI (ambos españoles), y los criollos JUAN JOSÉ CASTELLI, abogado de la Real Audiencia, y CORNELIO SAAVEDRA, comandante del cuerpo de Patricios.

Pero la reacción de los revolucionarios no se hizo esperar y esta jugada desesperada de los adictos al virrey CISNEROS, quedórápidamente desbaratada (ver La histórica Semana de Mayo de1810)

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