CABILDO ABIERTO DEL 22 DE MAYO (22/05/1810)

CABILDO ABIERTO DEL 22 DE MAYO. En los Altos del Cabildo tuvo lugar le Asamblea popular convocada el día anterior, empezando a reunirse desde las nueve de la mañana. Se reúnen allí alrededor de 450 personas, entre las que se contaban los altos empleados, los miembros de la Audiencia, el Cabildo Eclesiástico con el obispo a la cabeza y los vecinos de más arraigo. En aquella reunión estaba en mayoría el elemento criollo, sucediendo lo mismo abajo, en la plaza, donde los Patricios y los Arribeños, ubicados en las bocacalles, sólo dejaban entrar a los elementos populares y adversos a la continuación del virrey, multitud que, soliviantada por la juventud patriota, atronaba los aires con los gritos de ¡Abajo Cisneros! ¡Mueran los godos! ¡Gobierno propio!!!.

En esta histórica Asamblea se enfrentaban por una parte los residentes españoles de la colonia, que pretendían que siguiera gobernando el régimen colonial, aunque cambiando las formas y por otra parte, los criollos e independistas que sostenían, que habiendo caducado gobierno de España, era necesario imponer un cambio completo en el orden político de estos territorios, instalando un gobierno propio que surgiera del pueblo, que reasumía así, desde ese momento su soberanía.

Abierta la sesión, el obispo BENITO LUÉ Y RIEGA manifestó: que los españoles habían descubierto, conquistado y poblado el país y que, en consecuencia, mientras hubiera en España una ciudad o un pueblo libre del yugo francés, en aquella ciudad o pueblo residía la facultad de gobernar las Américas. Oponiéndose a esta manera de razonar, alegó JUAN JOSÉ CASTELLI que los españoles que habían descubierto, conquistado y poblado estas regiones, no eran los que se quedaron en la península, sino los que vinieron a América formando familias en ella, que sus hijos eran los que se llamaban hijos del país y que eran ellos y no los vecinos de Cádiz, los que podían y debían determinar la suerte de América. El fiscal de la Audiencia, MANUEL GENARO DE VILLOTA, hombre de muy claro juicio y profunda ciencia jurídica, sacó la cuestión del antipático terreno en que la colocara el obispo, cuyas razones, por otra parte, había destruido Castelli. Estableció que nadie podría negar que Buenos Aires era una parte, no todo el virreinato y que habiendo muchas otras ciudades y pueblos con igual derecho que Buenos Aires a ser oídas y a opinar, la justicia reclamaba que nada se resolviese sin consultarlas previamente, conservándose entretanto el gobierno en manos del virrey.

Esta argumentación muy hábil y no desprovista de un fondo de razón, tenía un alcance muy peligroso. Tendía a aplazar los sucesos dando lugar a que de Montevideo y de los centros adictos al gobierno colonial, vinieran grandes fuerzas capaces de sofocar a los patriotas y acabar con sus propósitos. El discurso de Villota alentó al elemento español y dejó algo perplejos a los patriotas. Para desvanecer esta atmósfera, se levantó para hablar el doctor JUAN JOSÉ PASO, auxiliar del Fiscal del rey, y, como Villota, hombre de mucho talento y vasto saber. Paso manifestó que realmente, como había dicho Villota, los pueblos del virreinato eran miembros de una misma familia y que esto daba razón y legitimaba las aspiraciones de Buenos Aires, porque admitiéndose en derecho que en casos urgentes los hermanos presentes obraran a favor de los ausentes y tomasen su nombre para salvar de la ruina los intereses comunes, en este caso de extrema gravedad y de importancia decisiva, Buenos Aires, la hermana mayor, podía y debía obrar en nombre de todas sus hermanas para asegurar la felicidad, la libertad y el bien común.

La admirable réplica de Paso decidió el ánimo de los presentes. Iniciándose el acto con el voto del General español PASCUAL RUIZ HUIDOBRO, se realiza la votación que tales diferencias de opinión exigía y por amplia mayoría de votos, se impuso la postura que exigía darle al pueblo lo que al pueblo le correspondía de hecho y de derecho. Por consiguiente, se resolvió: 1º Deponer al virrey del Río de la Plata Baltasar Hidalgo de Cisneros del mando y del título de virrey, 2º Hacer pasar al mismo tiempo, la autoridad que éste ejercía al Cabildo de la ciudad de Buenos Aires, para que a la mayor brevedad nombrase una Junta de Gobierno que se colocase al frente de los destinos del país, hasta la reunión de los Diputados de las demás ciudades y villas. Después de tomadas estas resoluciones se suspendió la Asamblea, que había empezado a las nueve de la mañana y terminaba en el momento de dar la campana del Cabildo las doce de la noche, quedando acordado que el día siguiente continuaría la sesión. Según el historiador Bartolomé Mitre: “el reloj del Cabildo daba las doce de la noche al tiempo de terminarse le votación. Y al sonar la última hora del día, la campana que debía tocar más adelante las alarmas de la Revolución, resonaba en aquel momento lenta y pausada sobre la primera Asamblea soberana que inauguró la libertad y proclamó los derechos del hombre en la patria de los argentinos, señalando la última hora del dominio español en el Río de la Plata” (ver Presentes y ausentes en el Cabildo del 22 de mayo).

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