BATALLA DE RANCAGUA (1/10/1814)

BATALLA DE RANCAGUA. A pocos kilómetros de Santiago de Chile, las tropas del General chileno BERNARDO DE O’HIGGINS secundado por el General GREGORIO DE LAS HERAS al mando de efectivos de los “Auxiliares de Buenos Aires” enviados por SAN MARTÍN en auxilio del Jefe chileno, son derrotadas por el General realista MANUEL OSORIO. La guerra de la Independencia se había extendido ya por casi todo el continente y en tales circunstancias, los generales chilenos BERNARDO O’HIGGINS Y JOSÉ MIGUEL CARRERA, que se hallaban enemistados por cuestiones políticas, decidieron ponerse de acuerdo ya que se trataba de la salvación de la patria. Entonces marcharon a campaña y en la orilla del río Cachapoal fueron totalmente batidos por los realistas, causa por lo cual se retiraron a Rancagua. El día 1º de octubre de 1814, el General español Osorio al frente de numerosas tropas atacó nuevamente al General O’Higgins. La resistencia fue tenaz y la lucha sangrienta. Patriotas y realistas no se dieron tregua y lucharon hasta que vino la noche a imponerles un alto el fuego forzado. A la madrugada del día 2 el combate se renovó con mayor ímpetu y si la defensa fue heroica, el ataque a la vez fue titánico, pues los españoles por medio del hacha y del fuego se abrían camino derribándolo todo, logrando así penetrar por las paredes de las casas y palmo a palmo, fueron adelantando hasta la plaza, en el centro de la ciudad. Allí, el General O’Higgins hizo su última defensa con los pocos hombres que le quedaban. Rendido de cansancio, atormentado por una sed tremenda y rodeado de numerosos cadáveres permaneció resistiendo hasta que viéndolo todo perdido y a pesar de estar herido en una pierna, se puso a la cabeza de los restos de su tropa y sable en mano se abrió paso por entre medio de los realistas. Tal fue la impresión que este acto de valor desesperado causó al enemigo, que no hubo ninguno que se aventurara a perseguirlo. Mientras, la división del General Carrera, compuesta de casi una mitad de los independientes que formaban las fuerzas atacadas, había permanecido inmóvil espectadora de este cuadro de desolación, retirándose al fin sin descargar sus armas. En ese día memorable, 2 de octubre de 1814, los patriotas que mandaba el General Bernardo O’Higgins tuvieron que sucumbir aplastados por el número de sus enemigos. Los vencedores de Rancagua mancharon su triunfo entregando la ciudad al saqueo y las llamas y fusilando a los prisioneros.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.