BATALLA DE MAIPÚ (05/04/1818)

BATALLA DE MAIPÚ. El general San Martín derrota decisivamente en los llanos de Maipú al ejército del general español Osorio y así desaparece de Chile, el último reducto del poder español en esos territorios. Después de la sorpresa de Cancha Rayada producida el 19 de marzo, el general SAN MARTÍN, lejos de amilanarse por el contraste sufrido, hizo pie firme en Santiago, donde procedió, con celeridad y energía, a reorganizar el ejército sobre la base de la división Las Heras, salvada del desastre y acampa en los llanos de Maypo, donde el ejército realista mandado por el general MARIANO DE OSORIO llega en su búsqueda. Pero la tardanza y descuido de los realistas en perseguirlo después de vencerlo en Huaqui, favorecieron tanto al jefe patriota, que el 4 de abril, cuando los españoles llegaron a los llanos de Maipú, San Martín estaba de nuevo en disposición de combatir. Al amanecer del 5 de abril los dos ejércitos se hallaban frente a frente y SAN MARTÍN, luego de reconocer las posiciones enemigas exclamó, dirigiéndose a sus ayudantes: “el triunfo de este día es nuestro. El sol por testigo”. A las doce del mediodía se rompió el fuego y se dió una de las más reñidas e importantes batallas de la guerra de la independencia americana, peleando encarnizadamente ambas partes, al principio con resultados parejos. Cañoneados por la artillería que mandaban BORGOÑO y BLANCO ENCALADA, los efectivos realistas fueron materialmente deshechos, y cargados a la bayoneta por los regimientos 2 y 8, auxiliados por piquetes del 7 y por las milicias del Aconcagua. En lo más fuerte del combate, impresionados por la resistencia de los españoles, que luchaban enloquecidos por el furor y la desesperación, algunas secciones de granaderos a caballo retrocedieron, pero una impetuosa carga de los cazadores de ALVARADO y la decidida acción del general Las Heras que cargó a la bayoneta al mando de los Regimientos 2 y 8, auxiliados por piquetes del 7 y por las milicias del Aconcagua, no obstante el mortífero fuego con que lo recibió Ordóñez, logra finalmente hace vacilar al aguerrido regimiento de Burgos que, según Mitre, “peleaba como un león” y define así el combate obligándolo a a retirarse de sus posiciones. A las tres de la tarde, el general en jefe realista, Ossorio, huye del campo de batalla, pero el brigadier JOSÉ ORDÓÑEZ, el mejor y más sereno de los jefes españoles, reúne los restos del ejército y se atrincheró en la Hacienda de Espejo, donde intenta un último esfuerzo para cambiar la suerte de las armas hasta el último extremo, pero allí es intensamente cañoneado por la artillería que mandaban Borgoño y Blanco Encalada y son materialmente deshechos, pero decididos a no rendirse.. Allí fue reciamente atacado por el batallón Nº 11 mandado por el general Juan Gregorio de Las Heras, secundado por otros cuerpos, no obstante el mortífero fuego con que lo recibió Ordóñez. La terrible lucha que allí se desarrolló fue fatal para el glorioso defensor de Talcahuano, que quedó también prisionero. Sólo el coronel RAMÓN RODIL, con su batallón Arequipa, pudo retirarse casi indemne, perseguido por el comandante RAMÓN FREIRE, logrando refugiarse en Talcahuano. Finalmente, a las seis de la tarde, luego de seis horas de un sangriento combate sostenido bravamente por ambas fuerzas, se define el triunfo de las armas de la Patria. Los realistas dejaron más de 2000 cadáveres y las pérdidas del Ejército patriota fueron estimadas en un millar, entre muertos y heridos. Todos los generales (excepto Osorio, que había huído) con 190 oficiales y 3.000 hombres de tropa, cayeron prisioneros en poder de los patriotas, quienes tomaron también toda la artillería, parque, caja militar y demás pertrechos de guerra del ejército realista. Esta victoria, la más reñida de la Independencia sudamericana, además de quebrar para siempre el poder militar de los realistas en territorio chileno y dejar definitivamente asegurada la independencia de Chile, abrió el camino para la emancipación del Perú y tiene de notable además, el haber sino ganada a los 19 días de una gran derrota sufrida en Cancha Rayada por el mismo ejército triunfador. BERNARDO DE O’HIGGINS, Director Supremo de Chile, que estaba herido, se presentó en el campo de batalla y lleno de emoción y de entusiasmo, abrazó a San Martín, diciendo: “¡Gloria al salvador de Chile!”. El vencedor comunicó al Director Supremo JUAN MNARTÍN DE PUEYRREDÓN tan decisiva victoria, en los siguientes, breves y modestos términos, que dictó desde a caballo al cirujano DIEGO PAROISSIENS: “Acabamos de ganar completamente la acción. Un pequeño resto huye, y nuestra caballería lo persigue hasta concluirlo. La patria chilena es libre”. En lo más fuerte del combate, subyugados por la resistencia de los españoles, que luchaban enloquecidos por el furor y la desesperación, algunas secciones de granaderos a caballo retrocedieron. Al notarlo, el coronel ZAPIOLA, alzó la espada, y les gritó con voz atronadora: ¡Miserables! ¡Apártense, miserables!. Los bravos soldados, heridos por el apóstrofe, reaccionaron, para mostrarse aquel día, heroicos e irresistibles como siempre. Diego Paroissiens, a quien tocó en suerte como se ha dicho, escribir el parte de tan gran victoria, nació en Londres en 1783. Vinculado a MIRANDA y juramentado en la Logia Lautaro, vino a Buenos Aires en 1811 a ofrecer sus servicios. Enviado como cirujano al ejército del Alto Perú, se encontró en Huaqui. Naturalizado en 1811, se le nombró, un año después director de la fábrica de armas y pólvora de Córdoba. En calidad de cirujano mayor, hizo las campañas de Chile y del Perú. En 1821 fue nombrado ministro de la República Peruana ante las cortes europeas. Falleció en 1827.

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