Al pelo

Toda la vida del gaucho estuvo vinculada con el cuero y éste fue el elemento capital para su existencia y su trabajo, pues el cuero, transformado en piezas para su apero y en otras herramientas como ser lazos, boleadoras, mates, hijares,  puertas y ventanas para su rancho, etc. etc., le permitió procurarse el alimento de cada día y desenvolverse con solvencia en el duro escenario que le tocó vivir.  En la construcción de ranchos y corrales, el cuero reemplazaba a la madera, escasa y cara para su menguado bolsillo, a los clavos y al alambre; en la vestimenta se empleaba para hacer las botas y cualquier otro calzado, el cinto y hasta el sombrero. Para hacer los “noques” (recipientes de cuero), camas y hasta para hacer muchas partes de las carretas y otros vehículos. La necesidad hizo que el trabajo del cuero y su adaptación los diversos usos que comenzaron a dársele,  se convirtiese  en una verdadera industria, que superándose llegó a constituirse en arte. Con procedimientos rudimentarios, empíricos por lo general, el campesino  obtuvo del cuero, todo lo que se propuso y desde los comienzos de esta actividad manual, adquirió una experiencia que luego le permitió ampliar su vocabulario, como por ejemplo, lo hizo al decir “al pelo”, usándolo como sinónimo de fácil, pues el cuero, ya en el proceso del corte, ya en el del “sobeo” (sobarlo para darle flexibilidad), merced a un procedimiento especial de frotación que se facilita si se hace a favor del pelo, es decir, en la misma dirección en la que éste crece. Decir “al pelo” es decir sin inconvenientes, fácilmente y por extensión que algo “quedó bien hecho”.

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