SAN MARTIN Y  RIVADAVIA A TRAVÉS DE SU CORRESPONDENCIA

Uno fue el Libertador,  partícipe fundamental en la Independencia Argentina y absoluto vencedor de la dominación española en Chile y Perú; el otro fue el primer Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Uno,  excepcional hombre de armas, otro, hábil político y hombre de leyes.

Enfrentados  por razones políticas, pero fundamentalmente por la divergencia de criterios y de valores que los caracterizaba, protagonizaron uno de los tantos enfrentamientos  que fueron rémoras durante los primeros años de nuestra existencia como pueblo libre y soberano.

La posición rotundamente unitaria de RIVADAVIA con su aspiración del ejercicio hegemónico del poder desde Buenos Aires, la actitud de su gobierno en la guerra con Brasil, la desastrosa negociación de un préstamo con la casa Baring Brothers de Inglaterra, fueron quizás algunas de las razones del rechazo de SAN MARTÍN hacia RIVADAVIA, quien por su parte, ocupado en dotar de ochavas a la ciudad de Buenos Aires,  negó todo recurso a San Martín, que libraba la guerra de independencia y que  temiendo que éste, apoyado en su gran prestigio, intentara apoderarse del poder, haciéndose nombrar Jefe Supremo, perjudicando así sus aspiraciones políticas, . lo boicoteó por todo los medios y hasta bloquéo su intención de convocar a la  reunión de un Congreso Constituyente en Córdoba.

En la correspondencia que ambos mantuvieron con distintos destinatarios, surge claramente esta enemistad, que ninguno de los dos trató de ocultar, sino más bien, que intentaron dejar en claro las diferencias que los separaban. Para RIVADAVIA y sus seguidores,  San Martín era un motivo de desconfianza. Permanentemente trataron de  desacreditarlo y crearon una red de espías que cubría todos sus pasos mientras se hallaba en Europa. Para  SAN MARTÍN, RIVADAVIA era responsable de una “administración desastrosa y causante de más división entre los argentinos.

El 20 de septiembre de 1824, Rivadavia le escribe al Ministro de Hacienda de la provincia de Buenos Aires, doctor MANUEL J. GARCÍA y refiriéndose al general SAN MARTÍN le dice: “Es mi deber decir a ustedes,  para su gobierno, que es un gran bien para este país que dicho general esté lejos de él” (“Seamos libres”, Norberto Galasso, Editorial Coligüe, Buenos Aires, 2003.

El 2 de octubre de 1827 SAN MARTÍN le escribe a O’HIGGINS diciéndole: “…Mi separación voluntaria del Perú parecía me ponía al cubierto de toda sospecha de ambicionar nada sobre las desunidas Provincias del Plata. Confinado en mi hacienda de Mendoza, y sin más relaciones que algunos vecinos que venían a visitarme, nada de esto bastó para tranquilizar la desconfiada administración de Buenos Aires; ella me cercó de espías; mi correspondencia era abierta con grosería…”(“San Martín. Sus relaciones con don Bernardino Rivadavia”,  Luis Roberto Altamira, Editado por “Impresiones Pellegrini”, Buenos Aires,  1950.

El 20 de octubre de 1827 SAN MARTÍN le eescribe nuevamente a su amigo BERNARDO DE O’HIGGINS diciéndole:“La desconfiada administración de Buenos Aires […] me cercó de espías, mi correspondencia era abierta con grosería, los papeles ministeriales hablaban de un plan para formar un gobierno militar bajo la dirección de un soldado afortunado; yo vi que me era imposible vivir tranquilo en mi patria y esta certidumbre fue la que me decidió pasar a Europa. Mi admiración no es poca al ver que me dice usted no haber recibido más cartas mías que una desde El Havre y otra de Bruselas del 3 de febrero de 1825, es decir, que se han extraviado o, por mejor decir, han escamoteado 8 o 10 cartas más. Rivadavia me ha hecho una guerra sin otro objeto que minar mi opinión”.

Agregando más tarde: “Ya habrá usted sabido la renuncia de Rivadavia; su administración ha sido desastrosa y sólo ha contribuido a dividir los ánimos. Con un hombre como este al frente de la administración, no creí necesario ofrecer mis servicios en la actual guerra contra el Brasil; con el cambio de administración he creído mi deber hacerlo.” (“Seamos libres”, de Roberto Galasso, Editorial Coligüe, Buenos Aires, 2003).

El 16  de agosto de 1828, en su contestación a SAN MARTÍN,  el general O’HIGGINS le dice: “…ejerzan enhorabuena su rabia inquisitorial en nuestra comunicaciones privadas que ellos no encontrarán otra materia más que la misma firmeza y honradez que no han podido contradecir de nuestra vida pública. Hasta la evidencia se podría asegurar que las ocho o diez cartas que veo por su apreciable del 29 de septiembre del año pasado se han escamoteado como las que he escrito a Ud. paran en poder del hombre más criminal que ha producido el pueblo argentino. Un enemigo tan feroz de los patriotas como Don Bernardino Rivadavia estaba preparado por arcanos más oscuros que el carbón para humillarlos y para degradación que su desastrosa administración ha dejado a un pueblo generoso, que fue la admiración y baliza de las repúblicas de América Sudeste. Hombre despreciable que no solo ha ejercido su envidia y encono contra Ud. no queda satisfecha su rabia, y acudiendo a la guerra de zapa, quiso minarme en el retiro de este desierto, donde por huir de ingratos busco mi subsistencia y la de mi familia con el sudor de mi frente…” (“San Martín. Sus relaciones con don Bernardino Rivadavia”,  Luis Roberto Altamira, Editado por “Impresiones Pellegrini”, Buenos Aires,  1950.

El 6 de febrero de 1829, luego de su frustrado viaje a Buenos Aires (ver Frustrado regreso de San Martín a su Patria), desde Montevideo, SAN MARTÍN, triste y decepcionado escribió  “A los cinco años justos de mi separación del país he regresado a él con el firme propósito de concluir mis días en el retiro de una vida privada, mas para esto contaba con la tranquilidad completa que suponía debía gozar nuestro país. Así es que he resuelto pasar a Montevideo, desde cuyo punto dirigiré mis votos por el pronto restablecimiento de la concordia” (“Archivo del General San Martín”, Editado por la Comisión Nacional del Centenario, Imprenta Coni Hnos., Buenos Aires, 1910).

El 10 de febrero de 1829, a poco de viajar de regreso a Europa, SAN MARTÍN le escribió al líder oriental FRUCTUOSO RIVERA diciéndole: “Dos son las principales causas que me han decidido a privarme del consuelo de por ahora estar en mi patria: la primera, no mandar; la segunda, la convicción de no poder habitar mi país, como particular, en tiempos de convulsión, sin mezclarme en divisiones […]. Mi carácter no es para el desempeño de ningún mando político […] y habiendo figurado en nuestra revolución, siempre seré un foco en que los partidos creerán encontrar un apoyo […]. Firme e inalterable en mi resolución de no mandar jamás, mi presencia en el país es embarazosa. Si éste cree, algún día, que como soldado le puedo ser útil en una guerra extranjera (nunca contra mis compatriotas), le serviré con la lealtad que siempre lo he hecho” (“El pensamiento de San Martín”, Arturo Capdevila, Editorial Losada, Buenos Aires, 1945).

Cuando el 10 de diciembre de 1825, el imperio de Brasil le declara la guerra a las Provincias Unidas, SAN MARTÍN, desde su exilio en Francia, le escribe al general TOMÁS GUIDO diciéndole: “ …cuando se declaró la guerra no me pareció regular ofrecer mis servicios por temor de exponerme a un nuevo insulto…por otra parte, yo estoy seguro que si diese este paso se creería sospechoso, tanto más, cuanto el empeño que se ha puesto en hacer creer que el General San Martín no ha tenido otro objeto en su viaje a Europa que el de intrigar a fin de establecer monarquías en América. Los miserables que han hecho circular tan indignas imposturas (Rivadavia y su grupo), no conocen que los sentimientos que francamente he manifestado sobre el particular, nada tienen que ver con los respetos que se deben a la mayoridad de la nación por la cual me sacrificaría gustoso..

En junio de 1827, el negociador MANUEL JOSÉ GARCÍA, encargado por RIVADAVIA para definir la paz con Brasil, expresará textualmente: “Inglaterra no permitiría que una sola nación dominase ambas márgenes del Río de la Plata. Rivadavia, empleado a sueldo ingles, hace la paz “a cualquier precio”, y aun habiendo triunfado en la guerra, aepta el dominio brasilero sobre la banda Oriental, con el nombre de “Provincia Cisplatinja”.

1 Comentario

  1. Natalia

    Buen día. Necesitaría saber quién es el autor de este artículo. Muchas gracias

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