ARANA, FELIPE de (1786-1865)

Abogado, Jurisconsulto y diplomático. Nació en Buenos Aires el 23 de agosto de 1786 en el seno de una noble familia vizcaína de comerciantes y terrateniente. Se recibió de bachiller en la Real Academia de San Carlos, Santiago, Chile y regresó a Buenos Aires a tiempo, para unirse al grupo patriota en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, abrazando con entusiasmo la causa emancipadora.

Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, ocupó diversos cargos en la magistratura y fue ministro de Relaciones Exteriores desde 1835 hasta la caída de éste, en 1852, función en que demostró grandes condiciones en la defensa de los intereses de su país, frente a la intervención armada francesa en 1840 e inglesa  en 1845.

En 1840, puso en evidencia una gran capacidad negociadora en el acuerdo logrado ese año, luego de que los Estados Unidos y la Argentina, firmaron el “Tratado Arana-Mackau”, que puso fin a la primera intervención francesa en el Río de la Plata. Con este Tratado, redactado en términos considerados favorables para la Argentina y luego con el “Acuerdo Arana-Le Predour”, terminó con el segundo bloqueo francés juntamente con la cuestión de la intervención de Rosas en el Uruguay.

Con resultados desafortunados en sus iniciales reclamos por reparaciones relativas a las actividades y los incidentes norteamericanos en las islas Malvinas, Arana finalmente obtuvo éxito en el establecimiento de relaciones amistosas con los Estados Unidos, incluyendo un acuerdo respecto de la apertura de la Cuenca del Plata después de que el Paraguay cayó bajo el control más liberal de CARLOS ANTONIO LÓPEZ.

Debido al hecho de que las preocupaciones internas habían repercutido en las relaciones exteriores, a veces descuidadas durante las dos décadas que precedieron a la designación de Arana, su trabajo es considerado muy importante y su colección de papeles sirve como valiosa fuente para el estudio de esa época.

Por delegación de Rosas ejerció brevemente la gobernación de Buenos Aires en varias ocasiones y tras la caída de éste, en 1852, se retiró de la función pública y se dedicó a escribir sus memorias, hasta que falleció, en Buenos Aires el 11 de julio de 1865.

Alguien ha dicho que Arana fue un abogado de inteligencia superior que sirvió a su país eficazmente por su inquebrantable insistencia en la defensa de la soberanía argentina, combinándola con su destreza para negociar acuerdos y que desempeñó sus cargos con capacidad evidente, pese a los errores de esa época luctuosa.

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