LAS FUGAS DEL CORONEL IRIARTE (1814)

Son famosas las historias sobre la asombrosa habilidad del Brigadier General Tomás de Iriarte para evadir el cautiverio y su veracidad está debidamente certificada en registros históricos que tratan el tema y en sus propias “Memorias”, donde Iriarte plasmó con una pluma ácida, egocéntrica y sumamente descriptiva, los pormenores de sus capturas y cómo su agilidad mental le permitió sobrevivir a prisiones en dos continentes.

En 1814, durante la Durante la Guerra de la Independencia Española (1808-1814), luchó activamente contra la invasión de Napoleón Bonaparte y luego de la caída de Segovia, fue capturado por las tropas francesas, logrando huir de su cautiverio apelando a su astucia y a su habilidad para reconocer las debilidades de sus captores.

En 1816, regresó a América bajo las órdenes del general realista José de la Serna, sirviendo como jefe de artillería en el Alto Perú. Sin embargo, sus convicciones criollas y sus ideas de libertad lo llevaron a conspirar desde adentro y su unió a los patriotas. En 1820, se vio involucrado en el movimiento revolucionario que CARLOS MARÍA DE ALVEAR había iniciado contra Sarratea y Soler y fue encarcelado.

Estando en prisión y haciendo uso de los conocimientos que como artillero tenía sobre la fundición de metales, fundió en su calabozo, un plato de estaño y derramó el metal líquido sobre un molde que había preparado. El resultado fue la confección de dos llaves toscas pero proporcionadas, que cabían a la perfección en los huecos de las cerraduras de su prisión.

Posteriormente marcó las llaves con hollín de una vela e introduciéndolas en las cerraduras, logró que se marcaran sobre sus bordes imperfectos las partes que debía pulir. Aprovechando una de las visitas que periódicamente recibía, encomendó la confección de un nuevo juego de llaves utilizando como molde las blandas de estaño que él había confeccionado. Pocos días después, dentro de un pan que sus familiares le enviaron, ingresaron a su calabozo las llaves salvadoras con las que escapó ante el asombro de sus captores.

Pero fue en 1821 su famosa «fuga» política del Alto Perú, la que dejo claramente establecidas sus “dotes”: Utilizando como fachada un supuesto «reconocimiento militar» de rutina en el frente de batalla, Iriarte engañó por completo al comando realista y se pasó deliberadamente al bando patriota en Humahuaca. Logró unirse a los gauchos de Martín Miguel de Güemes y, posteriormente, Manuel Belgrano lo nombraría director de la escuela de artillería.

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